Respuesta

Por Laura Pasquali

La experiencia del Aislamiento Social Obligatorio (ASO), quedará –entre otras cosas- sellado en la subjetividad de las y los trabajadores con la problemática de la organización.

¿Qué más, que encontrarnos cuerpo a cuerpo con nuestrxs compañerxs de trabajo, define al colectivo obrero? El aislamiento nos ha obligado, sin querer, desde el primer día a pergeñar cómo nos encontraríamos y a poco andar, a mirar con melancolía el calendario sindical de asambleas, reuniones de comisión interna y cronograma electoral.

Algunas, desde la virtualidad –vía plataformas de videoconferencias- y a sabiendas que la conectividad tiene muchas limitaciones fuimos construyendo un espacio, un lugar de encuentro para que el aislamiento social obligatorio no nos conmine al silencio.

La experiencia de las nuevas formas de organización será una novedad, un aprendizaje… y una carga para la clase obrera (consideración ampliada de clase obrera, tal como propone Antunes). Parafraseando a los movimientos antiglobalización, diremos: “que la organización sea tan virtual como la ofensiva patronal”, aunque ella lleve la delantera: el trabajo remoto no es primicia, como tampoco lo es la habilidad de las clases dominantes para incrementar la productividad del trabajo.

Para lxs activistas sindicales, el ASO traerá otras formas de militancia, otras estrategias para conquistar la voluntad de lxs compañerxs, pues la construcción colectiva es más necesaria que nunca: pasa frente a nosotrxs el tratamiento express de una ley que regule el “tele trabajo”. Mientras dirigentes políticxs y burócratas sindicales celebran a puertas cerradas la ausencia de miles de personas movilizadas en las calles, nosotras y nosotros, trabajadorxs “esenciales”, del Estado y del ámbito privado; docentes, migrantes, trabajadorxs de la economía social, de la salud, campesinxs y jornalerxs buscamos otras, nuevas, formas de organizarnos para resistir.

Finalmente, en caso de que ocurra alguna desmemoria, el aislamiento también viene a recordarnos que existe una dialéctica entre lo público y lo privado, lo personal y lo político…entre lo laboral y lo doméstico. Con toda brutalidad, el espacio del trabajo irrumpió en nuestros hogares y atender eso implica también otras estrategias de organización que en muchos casos sigue apelando a las redes de solidaridad.

Difícil escenario para pensar una prospectiva, pero no más que cada uno de los desafíos que históricamente afrontó la clase obrera.

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