Acerca de Pablo Suárez

Lic. Pablo Ernesto Suárez, (1968) Licenciado en Historia por la Universidad Nacional de Rosario, Santa Fe, Argentina.

El mundo en tiempos del Covid-19. Lecciones de un año de pandemia.

Destacado

                                                         Carlos Antonio AGUIRRE ROJAS*

Hoy, a más de un año de haberse declarado oficialmente que la enfermedad del COVID-19 era una verdadera pandemia, es decir, una epidemia de impacto y alcance mundiales, está cada día más claro que el causante principal de esta terrible pandemia, que azota actualmente a la humanidad entera, no es otro que el sistema mundial capitalista, todavía vigente en escala planetaria. Ya que lejos de las tramposas pseudoexplicaciones naturalistas o biologicistas, que querrían como se ha dicho con ironía, “culpar a los murciélagos”, y presentar al COVID-19 como una azarosa e infortunada mutación “natural” de un virus animal que migra, también de modo desafortunado y casual, hacia los seres humanos, se impone cada día más claramente la evidente realidad de que es más bien el capitalismo, con su profunda e ineludible lógica depredadora y destructora de la naturaleza y de la ecología, el que al arrasar implacablemente con los ecosistemas, y al destruir todos los ciclos y los equilibrios ecológicos y biológicos del mundo natural, termina por provocar estas mutaciones y migraciones de las enfermedades animales hacia la cada vez más frágil y precaria especie humana. (1)

Porque además de desencadenar esa eliminación brutal, súbita y descontrolada de las fronteras naturales y transhistóricas entre el reino animal y el reino humano, es también el capitalismo el que ha ido creando, durante varios siglos, la indefensión y la debilidad de los cuerpos humanos frente a esas nuevas e inéditas enfermedades provenientes de los animales. Y esto por varias vías simultáneas. En primer lugar, al deformar y pervertir sistemáticamente los hábitos alimenticios de las vastas mayorías de todos los pueblos del planeta, privilegiando su alimentación a partir de carbohidratos y azúcares, en lugar de los vegetales y las frutas. Azúcares y carbohidratos que si bien son fuentes de mucha energía inmediata, para hacer posible que los cuerpos soporten largas y pesadas jornadas de trabajo, y para que mantengan vivo y en aumento constante el acendrado productivismo capitalista, también son la receta segura para que al paso del tiempo y en el mediano plazo, los seres humanos terminen enfermando de obesidad e hipertensión, las que curiosamente son ahora dos de las comorbilidades más comunes, que complican y dificultan la efectividad del combate de esos cuerpos humanos en contra de la enfermedad del COVID-19. (2)

En segundo lugar, al extender y difundir entre todas las personas esa excitación morbosa y desequilibrada que es el stress moderno, el que al sobreactivar a los individuos y mantenerlos en una alerta artificial constante, permite los constantes incrementos de la productividad del trabajo, aunque siempre al precio de ir minando, otra vez en el mediano plazo, las fuerzas generales y la capacidad de resistencia global de esos organismos humanos, los que fatalmente, más tarde o más temprano, terminan somatizando ese stress y convirtiéndolo en gastritis, en úlcera y en descompensaciones orgánicas que muchas veces conducen a la diabetes, pero también y por otro camino, a los falsos e igualmente destructivos procesos del tabaquismo y hoy del vapeo, cuando no al consumo descontrolado de calmantes, antidepresivos, somníferos o antiansiolíticos, entre muchos otros, enfermedades todas estas que una vez más, son obstáculos significativos para poder enfrentar con éxito al virus del COVID-19.

Además, y con lo que parecería ser un complemento macabro de este debilitamiento, precarización y deformación negativa de los cuerpos humanos, por medio de la alimentación cotidiana y de la difusión generalizada del stress, el capitalismo destruye y paraliza también al principal instrumento oficial colectivo que podría servir de posible paliativo a estos procesos destructivos y degeneradores de la buena salud integral de los seres humanos, el sistema de la salud pública. Ya que al privatizar los servicios de salud en todas las naciones del globo, degradando a la par los servicios públicos sanitarios, el capitalismo mundial convierte a la salud en una mercancía que se compra y que se vende, y por ende, que está sometida a las leyes de la oferta y la demanda, y también a la lógica de la mayor obtención posible de la ganancia capitalista. Lo que provoca, como lo hemos visto ya tantas veces en el último año transcurrido, que también la enfermedad del COVID-19 sea vista y manejada con fines de lucro, y que en su manejo por parte de todos los Estados del planeta, aparezcan constantemente y de manera predominante, criterios de rentabilidad económica, mucho más que de genuina salud pública y de salvaguarda efectiva de la vida humana. (3)

Y puesto que el capitalismo ha transformado a los cuerpos humanos en una fuente potencialmente rentable de más y más ganancias, aunque a condición de que ellos se enfermen cada vez peor y cada vez con más frecuencia, entonces es lógico que la actual pandemia replique nuevamente y reproduzca de manera amplificada las jerarquías sociales y de clase que también se hacen presentes en este ámbito de la salud. Así, los ricos, los políticos y los poderosos, tienen todas las condiciones para establecer y respetar las medidas preventivas prescritas para enfrentar con éxito la pandemia, pudiendo quedarse tranquilamente en sus casas sin trabajar durante meses, y confinándose socialmente, al mismo tiempo en que guardan la sana distancia, y que se protegen con adecuados cubrebocas, y con  buenos lentes, guantes, caretas y geles eficaces y de buena calidad, cuando se ven obligados a salir de sus confortables y bien equipadas residencias.

En cambio, y en el otro extremo de la pirámide social, para los vastos sectores subalternos es muchas veces imposible, incluso en términos materiales, respetar esas medidas sanitarias preventivas de la enfermedad, al vivir muchas veces hacinados en pequeños departamentos, o en cuartos, o en espacios minúsculos de habitación, y al estar obligados frecuentemente a dormir varias personas en una misma cama, además de verse realmente forzados a continuar trabajando, bajo la amenaza de carecer de los medios mínimos indispensables para la propia sobrevivencia física si suspenden su actividad laboral, y estando obligados a usar cubrebocas baratos y de muy mala calidad, junto a geles diluidos y deficientes, y a salir sin caretas, guantes, etc., debido a sus precarios y limitados ingresos económicos habituales. (4)

Terrible cuadro de la desigualdad social extrema de las condiciones para prevenir eficazmente la pandemia, que se complementa con el hecho de que, en caso de caer enfermas, las elites dominantes de todo tipo, cuentan una vez más con las mejores medicinas, y con los médicos y enfermeras especializados necesarios para poder curarlos, dentro de caros y bien equipados hospitales privados siempre a su servicio, para que sean capaces de enfrentar en las mejores condiciones a dicha enfermedad, mientras que en cambio, y en las antípodas de todo esto, los pobres y desposeídos de todo el planeta se mueren en las sillas o en las bancas de los pasillos de los hospitales públicos, sin alcanzar siquiera lugar en una cama, cuando no terminan refugiándose en sus humildes casas, para agonizar y morirse sin atención médica alguna, aunque no sin antes contagiar, en muchas ocasiones, a su familia entera.

Frente a este crudo y brutal panorama mundial, todos los Estados y todas las clases políticas del orbe, sin excepción alguna, hacen gala de indiferencia, de hipocresía y de extrema torpeza, en el manejo político y social de la pandemia. Pues atrapados todos ellos entre de un lado su real y permanente función de servir al capitalismo y a los capitalistas, que es su principal objetivo y tarea, y de otro lado su necesidad de gestionar de algún modo los efectos múltiples de la pandemia, para evitar el descontento popular y los posibles estallidos sociales, terminan siempre privilegiando a aquellos a los que realmente obedecen, a los capitalistas, aunque al mismo tiempo y de modo puramente retórico e hipócrita, proclamen a los cuatro vientos el preocuparse y el ocuparse de las clases y grupos subalternos de sus respectivos países. Y si como dice la sabia sentencia popular, ‘no es posible servir bien a dos amos, al mismo tiempo’, ha sido claro durante más de un año que el verdadero amo al que sirven todos los políticos y todos los Estados de todos los países, no es otro que el sistema capitalista mundial y sus correspondientes encarnaciones nacionales. Situación que demuestra la enorme sabiduría de los indígenas neozapatistas, cuando para caracterizar a esos políticos que hoy mal gobiernan en todas las naciones del planeta, utilizan la ingeniosa metáfora de que ellos son sólo los ‘capataces’, los ‘mayordomos’ y los ‘caporales’ del verdadero patrón o dueño de las fincas, que son los capitalistas nacionales e internacionales de todo el sistema capitalista a nivel mundial. (5)

Por eso, y en virtud de ese sometimiento estructural de los Estados, los gobiernos y los políticos de todo tipo hoy en el poder, a los grupos y a las clases capitalistas del planeta entero, es que ellos sólo han sido capaces, a lo largo de toda la pandemia, de proponer y concretar las siempre tibias, contradictorias, parciales y fallidas políticas implementadas por esos mismos Estados, en la lucha en contra del COVID-19. Políticas que se justifican todo el tiempo con el absurdo e insostenible discurso de que “es necesario combatir la enfermedad, pero sin descuidar la continuidad del funcionamiento regular de la economía”, al mismo tiempo en que, en los hechos, se apuesta cínicamente al previsible resultado de que el nuevo darwinismo social así promovido e instaurado, afectará sobre todo y en primer lugar a las poblaciones subalternas de todo el mundo, a los “peatones de la historia”, causando sólo en ellos las muertes y todos los efectos negativos de esta pandemia, mientras deja prácticamente intactos a los ricos, a los poderosos y a todos aquellos que ocupan los puestos altos de todas las diversas y múltiples figuras de la jerarquía social.

Mientras tanto, y repitiendo en otro escenario la sabida verdad de que las guerras modernas las organizan y las ganan los ricos, mientras los pobres las pelean y las sufren, poniendo solo ellos la correspondiente cuota de heridos y de muertos, esta moderna guerra de la humanidad contra el coronavirus sigue produciendo cada día más y más enfermos y más y más muertos, pasando de la primera a la segunda ola y de la segunda ola a la tercera, mientras las compañías farmacéuticas más grandes y ricas del planeta controlan y manipulan a sus respectivos Estados, para competir indiscriminadamente por el potencial mercado de la que sin duda será la vacuna más vendida en toda la historia del capitalismo, al mismo ritmo en que los Estados-Nación más poderosos del globo mezquinan y administran a su conveniencia la dotación o suministro de dichas vacunas a todo el tercer mundo, vulnerable, desprotegido y precarizado durante siglos, por la propia explotación económica y por el dominio político y geopolítico de dichas naciones ricas y privilegiadas. (6)

Por todo esto, como dicen los sabios compañeros neozapatistas, la tarea hoy prioritaria para todos los movimientos, las clases, los grupos y los individuos que luchamos en contra del sistema mundial capitalista, que hoy muestra de manera descarnada su generalmente oculto rostro depredador, destructivo y genocida de la humanidad, es la tarea de salvar la vida, para salvándola poder seguir ahora mismo y mañana luchando en contra de este mismo sistema capitalista planetario.(7) Pues más allá de las terribles y realmente catastróficas consecuencias que esta pandemia mundial está teniendo para los pueblos y los sectores oprimidos de todo el planeta, ella tiene también, a pesar de todo, algunos efectos positivos y potencialmente promisorios hacia el futuro cercano y también de mediano plazo.

Porque los hechos son testarudos. Y esos hechos están despertando y enriqueciendo a pasos acelerados la conciencia crítica de todos los subalternos del mundo. Ya que al observar la evidente y descarada hipocresía de sus clases políticas y de sus gobiernos, junto a la pésima gestión de la pandemia y a la cínica subordinación de esos malos gobiernos y esos políticos a los intereses económicos capitalistas, a los que despiadadamente y sin contemplación alguna se sacrifica a la gente, al bienestar público, a la defensa de la salud general y al combate realmente efectivo de la enfermedad, todas las personas en todos los países, terminan por esclarecerse y convencerse de que los políticos en general, se digan de derecha, de centro o de izquierda, no sirven para nada bueno, y que solo están enamorados del poder por el poder mismo, y entregados sin tapujos a sus respectivos sectores y clases capitalistas, cumpliendo la función ya mencionada de simples capataces, mayordomos y caporales.

También y al desnudar como todos los Estados del mundo eligen proteger al capital en detrimento de las mayorías sociales, al costo que sea en términos de víctimas fatales, los ciudadanos de a pie terminan por comprender que el Estado en sí mismo es el problema y no la solución, y que no hay ni puede haber Estados “buenos”, o “progresistas”, o “populares”, o “proletarios”, o “socialistas”, sino que el Estado es en su esencia misma enemigo de los pueblos, y que debe ser destruido completamente y hecho añicos, para en su lugar instaurar estructuras del “buen gobierno”, como las Juntas de Buen Gobierno Neozapatistas, es decir, en general, las diversas formas posibles del verdadero autogobierno popular. (8)

Al mismo tiempo, la verdadera situación-límite que esta pandemia mundial ha creado, ha obligado a los capitalistas de todo el planeta a renunciar a sus falsos discursos paternalistas, de conciliación de las clases sociales y de supuesta preocupación por sus trabajadores, para mostrarlos en su real naturaleza y esencia, la que se hace evidente cuando ellos, con el pretexto de la pandemia, corren a sus trabajadores sin indemnización ni compensación alguna, o cuando recortan personal y obligan a los pocos trabajadores que siguen en activo a realizar el trabajo de sus compañeros despedidos, sobreexplotándolos sin aumento alguno de salario, o cuando reducen los salarios, o las prestaciones, o deterioran las condiciones generales de trabajo, siempre con la justificación de “salvar la fuente de empleo” y de “sobrevivir a la pandemia”. Y esto, cuando no llegan al extremo, para nada infrecuente, de forzar literalmente a sus asalariados a continuar trabajando bajo condiciones que implican un alto riesgo real de contagio, a partir de la amenaza explícita de que de no hacerlo pueden ser inmediatamente despedidos.

Medidas draconianas del capital contra el trabajo, que además de ilustrar y confirmar por enésima vez la sabia tesis de Marx, de que el capitalista es solamente el “capital personificado”, y que su única brújula de comportamiento es la búsqueda insaciable e infinita de la mayor ganancia, le abren los ojos progresivamente a todas las clases trabajadoras del planeta, llevándolas a la necesaria conclusión de que, bajo el actual sistema capitalista mundial, es imposible enfrentar eficazmente todos los colosales problemas que hoy padece y confronta la humanidad: hoy mismo, el de la pandemia planetaria del COVID-19, pero mañana e incluso también ahora, el del cambio climático que amenaza cada vez más con provocar una catástrofe ecológica de proporciones inimaginables, con efectos devastadores que podrían terminar la vida misma de la especie humana, o también la salvaje y desenfrenada destrucción creciente de la naturaleza, con sus múltiples efectos de tsunamis, temblores, terremotos y también de otras pandemias similares al COVID-19 posibles, junto a la polarización social creciente, con sus múltiples y diversas consecuencias de multiplicación de las jerarquías, y de ahondamiento del ya inmenso desfase entre los grupos más privilegiados, más poderosos y más ricos, y los grupos más precarizados, más pobres y más desprotegidos, e igualmente el terrible desbordamiento y florecimiento sin límite de las más extrañas y enfermas formas de la violencia destructiva y caótica que se esparce como reguero de pólvora a todo lo largo y ancho del tejido de todas las sociedades actuales del mundo. (9)

Problemas sociales de magnitud realmente planetaria, igual que la pandemia actual, que son imposibles de enfrentar adecuadamente y de ser resueltos inteligentemente mientras sigamos aprisionados en la lógica capitalista aun hoy dominante. Lo que por ende nos conduce a todos a la obligada deducción de que es necesario terminar de una buena vez con este sistema capitalista mundial, antes de que él termine con la humanidad entera, en la medida en que dicho capitalismo mundial se revela cada día, de manera más patética y escandalosamente evidente, como la verdadera fuente de todos nuestros males actuales.

Abolición total del capitalismo en todo el planeta Tierra, cuyo proceso ha comenzado ya a desarrollarse de manera germinal y embrionaria pero muy clara y explícita, desde hace algunos lustros. Pues como bien lo dijo Marx, el problema sólo aparece cuando ya existen las condiciones de su propia solución. Y la pandemia mundial del COVID-19 nos confirma también la profunda corrección de este inteligente aserto. Pues al desnudar completamente el egoísmo, la mezquindad, la miopía y la inutilidad de los Estados, de los gobiernos, de los políticos, de los capitalistas, de los ricos y de los poderosos de este mundo, esta pandemia potencia y acelera la conciencia crítica de que la humanidad ha llegado a tal grado de madurez social y cultural, que ya no son necesarios, para el adecuado funcionamiento global de las sociedades modernas, ni los Estados, ni los patronos, ni tampoco los políticos o los ricos, igual que son totalmente prescindibles y superfluos, los poderosos, los que ocupan los altos puestos de la jerarquía social en todas sus figuras posibles, y todos aquellos que los sirven y los protegen, como los policías, los carabineros, los ejércitos y los soldados, junto a las guardias blancas, o los pistoleros y guardaespaldas de cualquier tipo, entre muchos otros. (10)

Y es esta creciente y cada vez más aguda conciencia crítica de la inutilidad e innecesariedad de la sobrevivencia actual de la explotación económica, de las clases sociales, de la discriminación social, del racismo, del patriarcado y el machismo, de los poderes antagónicos y excluyentes y de las jerarquías sociales diversas, la que desde hace varias décadas se expresa en la múltiples revueltas anticapitalistas y antisistémicas contemporáneas que son llevadas a cabo por los distintos movimientos sociales, y por los sectores, y los grupos, y las clases subalternas de todo el globo terráqueo. Y son estas revueltas radicales, hoy vivas y actuantes, las que a través de sus demandas y exigencias fundamentales, nos muestran sin duda la verdadera salida del laberinto que hoy representa la pandemia mundial del COVID-19.

Porque habiendo crecido y madurado mucho antes de esta pandemia, y al haber detectado y asimilado también hace años, esa miseria y mezquindad de los políticos, los capitalistas y los poderosos, que hoy es desnudada y mostrada de forma evidente por los efectos del COVID-19, esos movimientos y las múltiples revueltas anticapitalistas y antisistémicas que ellos llevan a cabo en todas partes, nos habían ya propuesto e indicado la estrategia y la solución posible frente a los vastos problemas antes mencionados que hoy confronta la humanidad entera: la auto-organización popular.

Pues si el Estado y los políticos solo saben mal gobernar o no gobernar, entonces la alternativa es la de aprender a autogobernarse. Y si los capitalistas y los ricos solo explotan a todo el mundo, y viven del trabajo de los otros, la opción posible y lógica frente a esto es la de expropiarles los medios de producción sociales, como las tierras y las fábricas, y hacerlas producir para nosotros, para los que realmente las movemos y las hacemos trabajar, instituyendo en los hechos la sabia consigna de los movimientos populares de que el que no trabaja no come. Y si los poderosos y los jerarcas de todo tipo, sólo saben excluir, dominar, someter y discriminar, la salida natural es entonces la de abolir todo tipo de jerarquías y de poderes antagónicos, e instaurar entre todos los seres humanos relaciones horizontales, dialógicas, fraternas e igualitarias. Y todo esto es posible si nos organizamos entre nosotros mismos, es decir, si nos auto-organizamos.

Lo que ya ha comenzado a suceder en todo el mundo, como una respuesta espontánea a los terribles y destructores efectos de la pandemia, y frente a la torpeza y mezquindad de todos los gobiernos y los capitalistas. Pues frente a esta torpeza y mezquindad, lo que los subalternos han hecho es auto-organizarse para crear todo tipo de redes de solidaridad popular, regalando por ejemplo comida a quien la necesita, o también, organizando intercambios de productos sin la mediación del dinero, o compensando con trabajos y servicios el apoyo de los otros. Pero también creando fondos populares de ayuda y auxilio a los más diversos sectores sociales, por ejemplo a los artistas y creadores de cultura, o a los nuevos y viejos desempleados, o a los jóvenes en situación cada vez más precaria, o al número cada vez más creciente de madres solteras cabezas de familia, o un muy largo etcétera, entre muchas de las distintas iniciativas surgidas desde abajo, en todos los sectores populares y subalternos de los miles y miles de pequeños rincones del planeta en su conjunto.

Iniciativas de autoorganizaciòn popular, a veces nuevas y a veces derivadas de las experiencias previas realizadas por los movimientos antisistémicos, que también se hacen presentes al organizar las revueltas populares y subalternas que ellos impulsan, y que en las difíciles condiciones actuales, ayudan a madurar de manera subterránea, las condiciones generales de las cercanas y masivas protestas populares por venir. Porque el ‘viejo topo de la historia’ trabaja muchas veces de manera soterrada y encubierta, esperando con paciencia las condiciones de su saludable irrupción pública. Tal y como lo ilustran y demuestran el neozapatismo mexicano, o el movimiento mapuche chileno, igual que los piqueteros autonomistas argentinos, los Sin Tierra brasileños, o los indígenas ecuatorianos, peruanos, bolivianos o colombianos, realmente anticapitalistas y antisistémicos, entre muchos otros.

Porque es claro que en la geografía universal de las revueltas antisistémicas, que como lo demostró el año de 2011 tiene dimensiones realmente planetarias, le ha tocado sin embargo a América Latina, el papel de ser hoy el frente de vanguardia mundial de esas luchas y revueltas antisistémicas en curso. Papel de vanguardia que, desde México hasta Chile, y pasando por Ecuador, Perú, Colombia y Bolivia, se hizo otra vez clamorosamente evidente en las vastas movilizaciones y revueltas del año de 2019, que antecedieron a la irrupción de la pandemia del COVID-19.

Hoy los pueblos y los movimientos antisistémicos de toda América Latina, y también del mundo entero, maduran con paciencia y de modo soterrado las muy cercanas y futuras revueltas radicales que habrán de manifestarse e irrumpir en todas partes, en cuanto termine esta terrible pandemia actual. Mientras tanto, e igual que alguna vez lo hizo Don Quijote de la Mancha, esos movimientos “velan sus armas”, es decir, las distintas herramientas de la compleja lucha anticapitalista y antisistémica que habrá de escenificarse el día de mañana, cuando con el fin del COVID-19, dichos movimientos estén nuevamente en condiciones de utilizar hábil e inteligentemente esas herramientas, en sus cercanos combates futuros. Con lo cual, será posible por fin derrotar eficazmente, y borrar de la entera faz de la tierra, al cada día más atroz y destructivo sistema capitalista mundial.

                                                                                          Abril de 2021.

Notas:

(1) Esta esencia depredadora y destructora de la ecología y de la naturaleza en general, caracteriza al capitalismo desde su propio nacimiento, y lo acompañará hasta su cercano final, que ya se perfila claramente en el horizonte. Al respecto, cfr. Alfred W. Crosby, Imperialismo ecológico. La expansión biológica de Europa, 900 – 1900, Ed. Crítica, Barcelona, 1988.

(2) Sobre los esquemas alimenticios de la humanidad, y cómo son transformados completamente por la irrupción del capitalismo, siempre es útil regresar a Fernand Braudel, “Capítulo 2. El pan de cada día”, en el tomo I, de Civilización material, economía y capitalismo. Siglos XV-XVIII, Ed. Alianza Editorial, Madrid, 1984, pp. 75 – 146. Véase también, Azucena Silvestre, “La alimentación capitalista que hay que superar”, en revista Mingako, núm. 2, 2015.

(3)  Sobre la precarización de los servicios de salud pública por causa del neoliberalismo, y sus efectos directos en el número de víctimas causadas por el COVID-19, véase el ensayo de Barrera-Algarín E, Estepa-Maestre F, Sarasola-Sánchez-Serrano JL, y Vallejo Andrada A, “COVID-19, neoliberalismo y sistemas sanitarios en 30 países de Europa: repercusiones en el número de fallecidos”, en Revista española de Salud Pública, vol. 94, octubre de 2020.

(4) Sobre este punto, y sólo como un ejemplo posible, véase la situación que al respecto prevalece hoy en México, retratada con cifras terribles y contundentes, en el artículo de Julio Boltvinik, “Economía moral. Contar bien los contagiados. Cuarentena y hacinamiento en  transporte y casa”, en La Jornada, del 3 de abril de 2020.

(5)  Sobre esta sabia e inteligente metáfora, que desnuda la esencia misma de todos los gobiernos y de todos los políticos contemporáneos hoy en el poder, cfr. Subcomandante Insurgente Moisés, “El mundo capitalista es una finca amurallada”, del 12 de abril de 2017, en el sitio de Enlace Zapatista, en https://www.ezln.org.mx.

(6)  Para mencionar sólo uno entre los muchos ejemplos posibles, de esa manipulación de los gobiernos por parte de las grandes empresas farmacéuticas transnacionales, cfr. John McEvoy, “Exclusive: Washington pressured Brazil not to buy ‘malign’ Russian vaccine”, del 14 de marzo de 2021, en el sitio: https://www.brasilwire.com. Y sobre el proceso histórico de siglos de la ‘periferialización’ de todo el tercer mundo por parte de Europa y Estados Unidos, que a través del mecanismo del ‘intercambio desigual’, crea simultáneamente la pobreza y precariedad crecientes de las periferias del capitalismo, y la riqueza y fortaleza concomitantes de los centros hegemónicos del sistema, cfr. Immanuel Wallerstein, El moderno sistema mundial, 4 volúmenes, Ed. Siglo XXI, México, 2011 – 2014.

(7) Sobre esta postura neozapatista cfr. el Comunicado del Comité Clandestino Revolucionario Indígena – Comandancia General del Ejército Zapatista de Liberación Nacional, “Por coronavirus, el EZLN cierra Caracoles y llama a no abandonar las luchas actuales”, del 16 de marzo de 2020, en Enlace Zapatista, https://www.ezln.org.mx.

(8)  Sobre este punto, que nos sea permitido remitir al lector a nuestros libros, Carlos Antonio Aguirre Rojas, Teoría del Poder. Marx, Foucault, Neozapatismo, Ed. Prohistoria, Rosario, 2020 y Mandar Obedeciendo. Las lecciones políticas del neozapatismo mexicano, Ed. Contrahistorias, México, 14a edición, 2018.

(9)  Sobre estos complejos problemas, de magnitud realmente planetaria y de indudable escala histórico-universal, véanse las distintas posiciones de Immanuel Wallerstein, La crisis estructural del capitalismo, Ed. Quimantú, Santiago de Chile, 2016, Carlos Taibo, Colapso. Capitalismo terminal, transición ecosocial, ecofascismo, Ed. Los libros de la Catarata, Madrid, 2016, y Carlos Antonio Aguirre Rojas, Para comprender el mundo actual. Una gramática de larga duración, Ed. Instituto Politécnico Nacional, México, 2010.  

(10)  Por eso, no es para nada casual que todas esas figuras de los patrones, los terratenientes, los políticos, los jerarcas, o los ‘mandones’ de todo tipo, no existan dentro de los territorios neozapatistas de Chiapas, pero tampoco en las fabricas recuperadas o en los barrios piqueteros argentinos, o en los Acampamentos y Asentamentos de los Sin Tierra brasileños, o en las selvas amazónicas ocupadas por la CONAIE ecuatoriana, o en las montañas de Bolivia donde está asentado el Movimiento Pachakutik, o un largo etcétera. Sobre estas experiencias, cfr. Raúl Zibechi, Autonomías y emancipaciones. América Latina en movimiento, Ed. Bajo Tierra Ediciones, México, 2008, y Carlos Antonio Aguirre Rojas, Antimanual del Buen Rebelde, Ed. Universidad de San Carlos, Guatemala, 2017, y La tierna furia. Nuevos ensayos sobre el neozapatismo mexicano, Ed. Contrahistorias, México, 2019.  

Carlos Antonio Aguirre Rojas ha publicado en la Argentina su libro Teoría del poder. Marx, Foucault, Neozapatismo, Prohistoria Ediciones, Rosario, 2020, 172 pp (colección Historia de la Historiografía, 7), colección en la que también se encuentran Microhistoria italiana. Modo de empleo Retratos para la historia.

Un largo adiós

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Por Mónica Billoni

Es profesora honoraria en la Facultad de Humanidades y Artes y en la de Ciencia Politica y Relaciones Internacionales de la UNR y Prof Titular en la Facultad de Humanidades y Ciencias de la UNL. Su área de especializacion es la Teoria Politica. Le pedimos una opinión sobre La Favorita y su significación en la cultura cotidiana de les rosarines y nos ha concedido el gusto de escribir unas líneas. Mientras prepara un artículo sobre la importancia de la novela policial para los cientistas sociales, nos ofreció esta pequeña semblanza

La Chicago argentina le decían, ciudad fenicia, también; genovesa y, muchos años después, catalana. Hacia las décadas del  50 y el 60, el pasado mafioso y prostibulario ya era un recuerdo. El presente, en cambio, era comercial, laborioso y pujante. Una esquina del centro era especialmente representativa: Córdoba y Corrientes: cuatro cúpulas magníficas como remate a  los edificios de sus ochavas  y el inicio del recorrido cuando se salía de tiendas. 

 Pero el corazón del centro habitaba en otra esquina, un poco más allá. Frente a la joyería Escasany, con sus relojes que daban la hora en simultáneo de las principales ciudades del mundo, se alzaba el imponente palacio de La Favorita, coronado también por una espléndida cúpula y adornado por unas vidrieras (escaparates , dirían en otras latitudes) enormes como casas que se abrían a la vista del público en ele y mostraban , de acuerdo al buen gusto y la inteligencia de quien las armaba,  las mercancías más apetecibles. Salir a “mirar vidrieras” era todo un paseo para quienes no disponían de demasiados recursos económicos pero se conformaban con estar al día de la moda y el buen vestir gracias a esos – y algunos otros- escaparates  que se ofrecían a la vista de cualquier paseante.

 Una familia de origen español y de apellido tan común que se hacía chistes con él, los García, eran los dueños. Los inventores y sostenes de  tan lucrativo como atractivo negocio. Los snobs, que nunca faltan, al referirse a alguien importante de apellido García, aclaraban: “de los García de La Favorita”.

 Célebres eran, en esas décadas, los famosos días de “restos”, durante los cuales las mujeres rosarinas podían llegar a pelear a brazo partido por un corte de tela y a apretujarse y pisotearse sin miramientos en la entrada o ya adentro de la tienda. La calidad de lo que allí se vendía y la importante rebaja en aquellos apreciados artículos merecían la pena. 

En los 70 y en los 80, La Favorita fue agregando rubros y convirtiéndose en una verdadera tienda de departamentos. Una galería comercial con su mismo nombre se abrió en sus adyacencias. Frente a ella, el cine Radar ofrecía aún su amplio hall de entrada para que los rosarinos realizasen las espontáneas tertulias que los sábados a la mañana tenían lugar en la zona entre amigos que se encontraban sin cita previa.  El ritual de los sábados a la mañana, cerca de mediodía, era cumplido por la clase media rosarina con puntualidad casi religiosa. 

Los 90 trajeron la decadencia y el traspaso a la firma chilena Falabella. ¡Nada menos que chilenos!¡ Esos carteristas! Así exclamó la xenofobia local. Algunas rosarinas se negaron terminantemente  a llamar a su querida tienda  con otro nombre. Para ellas, siguió siendo por siempre “La Favorita”. Otras, más extremas aún, se negaron a entrar a Falabella, lo consideraban una profanación. Y a muchas, sinceramente, el nuevo negocio no les gustaba.

A diferencia de entonces, lamentamos hoy el  cierre del establecimiento chileno no porque haya calado hondo como el que lo precedió sino por el desempleo y el  testimonio de decadencia que supone. Pero hay otra razón que sí tiene que ver con los afectos ciudadanos: la esquina, el hermoso edificio, las persianas bajas. La escasa perspectiva de inversiones, el triste ejemplo del  Harrods porteño. Todo eso entristece, hiere la identidad rosarina, asesta una puñalada simbólica a la ciudad junto al río marrón.

Entrevista: Paulo Menotti

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En ocasión del lanzamiento de su último libro, llamado “Un faro de luces y sombras” por la Editorial Último Recurso, dialogamos con Paulo Menotti

¿Cómo llegaste al tema? ¿lo encontraste vos? ¿o el tema “apareció”?

Llegué al tema de la militancia comunista y sindical en el frigorífico Swift porque me invitó Jaskel Shapiro a escribir la historia de Ramón Zarza y del triunfo de la Lista Marrón. Hice una investigación para el Seminario de historia general de la carrera de profesor de Historia y después, muy entusiasmado con la historia oral, intenté darle un giro más a esa cuestión. Desde un comienzo, mi idea era hacer una larga lista de entrevistadas y entrevistados pero no conseguí a mucha gente dispuesta a darme su testimonio. Mientras tanto, tenía los testimonios de Shapiro, Zarza, Pedro Covalcid y unas memorias escritas de Santiago Simón. Tras leer el libro Doña María, de Daniel James, me pareció oportuno hacer un estudio, una lectura profunda de estos testimonios. Sin embargo, no quería que fuera únicamente un estudio de historia en clave cultural, de análisis del discurso solamente y por eso decidí inscribir sus relatos en la historia del frigorífico Swift, de los barrios Saladillo (Rosario) y Pueblo Nuevo (Villa Gobernador Gálvez), de la militancia comunista, de las organizaciones sindicales y de la política local, provincial y nacional.  

¿Llegaste por la historia oral, o tenías la idea y la historia oral te dio las herramientas para armar el trabajo?

La historia oral me dio herramientas para analizar y comprender mejor muchas cosas. Por ejemplo, una investigación a partir de la historia social me podría haber nutrido de datos y los documentos periodísticos o de otra fuente, me brindaron información como el reclamo de la “garantía horaria”, es decir un sueldo mínimo para trabajadores y trabajadoras del frigorífico Swift. Esto es que, en el frigorífico a veces entran más o menos animales para faenar. Si no había muchos, la empresa tomaba menos gente y por menos horas. Hasta ahí es un dato. Sin embargo, Covalcid contó lo que le pasaba a su madre cuando iba al frigorífico y no había trabajo o se empleaba por poco tiempo. Lloraba en silencio porque no tenía con qué alimentar a sus hijos. La historia oral me permitió conocer eso que podría haber pasado como un dato más pero me costaba pensar la importancia del reclamo que hacía la Lista Marrón. 

¿Podrías hacer una breve descripción de la importancia del Swift en la zona sur / Saladillo?

El frigorífico Swift es muy importante para la zona sur de Rosario y para Villa Gobernador Gálvez. Cuando se instaló y generó trabajo para entre mil y tres mil trabajadores en la década de 1920, fue el centro productor de empleo más importante de estas ciudades. Claramente, su instalación cambió la fisonomía del barrio Saladillo que había sido pensado para la clase alta y terminó alojando a obreras y obreros. Diego Roldán lo definió muy bien y yo tomé esa idea con la frase que también siguen repitiendo algunos de sus pobladores cuando expresan “con el olor se fueron los ricos”. Lo cierto es que se empezó a poblar por inmigrantes de Europa del Este, griegos, italianos, correntinos, etc., de la clase obrera. Haber trabajado en el Swift –o que algún pariente haya trabajado allí- y ser descendiente de inmigrantes, son marcas identitarias que marcaron a esos barrios y que se están perdiendo. 

¿Esa importancia “tracciona” las posibilidades explicativas de tu trabajo para dar cuenta de un proceso más general?

Algunas de estas características de la identidad obrera y barrial explican o están presentes en este libro pero más que nada la memoria de sus pobladores que recuerdan las décadas de 1940 a 1970 como periodos de esplendor de la empresa y del movimiento comercial y social que generaba en el barrio. “No hacía falta ir al centro”, es la frase que sintetiza ese recuerdo pero también el orgullo de ser trabajadora o trabajador del Swift, de las posibilidades que eso les generaba. Eso está implicado en un proceso más general que tiene que ver con la industria de la carne en nuestro país. Podríamos periodizar que desde sus comienzos, que llegaron con mucho retraso a Rosario, en 1875 a 1940 se vivió un esplendor de exportación con destino a Inglaterra. Entre 1940 y 1960 predominó el mercado interno y la empresa se ocupó de eso ampliando sus productos, por ejemplo los más recordados son el aceite La Patrona o las barras de hielo. Desde los 60 en adelante se inició un declive del capital extranjero y su retirada. El Swift de Rosario hizo un último intento en los 60 ampliando la producción a productos enlatados o cerrados al vacío pero en los 70 fue protagonista de una gran crisis del caso Deltec, cuando la empresa fue vendida a financieras que la llevaron a la quiebra. A pesar de todo, el Swift Rosario sobrevivió y fue reorganizado en los 90, su estructura de producción que se hizo más automatizada. Eso se traduce a que la empresa, mejor dicho las obreras y obreros del Swift dejaron de tener incidencia en los barrios. 

¿Creés que ese trabajo puede replicarse a otras zonas de la ciudad y a otras unidades productivas?

Este trabajo de investigación podría ser pensado para otros lugares, otras fábricas de la ciudad que tuvieron una relación con la comunidad que los rodeó y con las memorias de sus barrios. Barrio Acindar, por ejemplo. O en la ciudad de Pérez y el taller ferroviario. Lo que me motiva y me gustaría que incitara a historiadoras e historiadores es indagar en la conciencia de la clase trabajadora, en sus marcas identitarias. ¿Por qué las nuevas generaciones no se ven como trabajadores o trabajadoras?

¿Qué cosas te sorprendieron a vos mientras escribías el libro?

Lo que más me sorprendió al investigar este tema y al tratar de recabar testimonios fue el vacío con el que me encontré. Los comunistas si quisieron hablar pero la dirigencia sindical de la carne no tanto. Los que menos quisieron contar algo fueron los habitantes de esos barrios. Tal vez pensaron que sus relatos no eran importantes pero a mi se me ocurrió que había situaciones traumáticas que produjeron silencios. Me cuesta determinar cuál fue ese proceso histórico y las pistas que tengo apuntan hacia la actividad terrorista de la dictadura militar, o los periodos de crisis de la empresa en los que aparecía el fantasma de la desocupación. 

El “mendoexit” y la historia

En función de los delirantes dichos de un diputado mendocino le hicimos algunas preguntas a Eugenia Molina, que gentilmente se prestó a contestarlas. Y aquí están

Eugenia Molina es Doctora en Historia por la Universidad Nacional de La Plata, es investigadora de CONICET y docente en la Universidad Nacional de Cuyo. Sus investigaciones abordan las configuraciones del orden político en el Río de la Plata durante la primera mitad del siglo XIX.

¿Podrías hacer una pequeña reseña de la relación entre Mendoza y el colectivo Provincias Unidas / Confederación?

Mendoza fue ciudad cabecera del Corregimiento de Cuyo (es decir que San Juan y San Luis eran ciudades subordinadas en ese marco), primero dependiente de la gobernación de Santiago de Chile y luego de Buenos Aires cuando se creó el Virreinato del Río de la Plata en 1776. Un tiempo después, entre 1784 y 1785 comienza a aplicarse la Real Ordenanza de Intendentes por la cual la ciudad de Mendoza pasaba a formar parte de la gobernación intendencia de Córdoba como ciudad subalterna, es decir, igual que San Juan y San Luis. Desde ese momento la élite reclama por está situar subordinación que de alguna manera rebajaba su liderazgo cuyano. De hecho, la adhesión a la opción de la Junta Revolucionaria estuvo atravesada por esto, en tanto significaba romper con la inmediata subordinación a Córdoba (que durante un tiempo reaccionó contra la Junta y su rol revolucionario). Los reclamos de la élite ante el gobierno porteño, sumado al rol estratégico de Mendoza debido a los pasos cordilleranos que articulaban la causa patriota rioplatense con la chilena, tuvieron sus frutos: a fines de 1813 se creaba la gobernación intendencia de Cuyo con sede cabecera en Mendoza. Pronto la estrategia política revolucionaria demostró ser buena porque a fines de 1814 la causa patriota chilena fue derrotada en Rancagua y la amenaza de una invasión realista desde el oeste apareció con fuerza. Por entonces ya San Martín era gobernador y logró armar la ciudad y la provincia primero para enfrentar una posible invasión (que no se produjo), y luego como base de la formación del Ejército de Los Andes. En 1820, no obstante se desintegró Cuyo y más allá de los intentos de tratados de alianza y colaboración cada una de las tres ciudades cuyanas se convirtió en provincia. La élite de Mendoza, con fuertes lazos letrados con la élite porteña pero también chilena, introdujo una serie de reformas políticas y culturales que la ponían a tono con la reforma rivadaviana en Buenos Aires. Esta tendencia a construir un orden propio siguió con los años, de hecho, en plena época de Rosas la provincia firmó un tratado de comercio Chile más allá de las restricciones que el gobernador de Buenos Aires imponía a las provincias de la Confederación. Luego la incorporación de Mendoza al estado nacional y la integración de su élite política en una dirigencia nacional fue un hecho fortalecido por alianzas políticas, partidarias y familiares, que hicieron que los vínculos se consolidaran  y reprodujeran.

¿Qué opinas de la situación generada por el llamado “mendoexit?

La actual propuesta de separación me parece más un discurso  de provocación politico-partidaria que una propuesta con algún tipo de fundamento jurídico-institucional o histórico. Respecto de lo primero, no soy especialista en derecho constitucional pero me parece que la constitución es bien clara respecto de la forma de gobierno. Somos un estado federal por tanto no habría procedimiento previsto para una secesión. Respecto del fundamento histórico, Mendoza es parte de una experiencia histórica regional y nacional indiscutible, es decir, nunca fuimos un marco administrativo separado/aislado, y aún durante el periodo 1820-1831 que podría considerarse el más desarticulado en cuanto a un orden “nacional “estable, no existió una situación de “independencia “ ya que no sólo Mendoza intentó restablecer los lazos con las otras dos provincias cuyanas a través de pactos, sino que desde 1824 a 1827 formó parte del intento de organización de un orden nacional.  De hecho, el pacto federal de 1831 organizó de forma sui generis un tipo de entramado confederal/federal que tejió y retejió los vínculos interprovinciales, aún cuando Mendoza como las otras provincias fueran ordenando sus instituciones o tratarán de establecer tratados comerciales favorables a su economía, como el fallido intento de hacerlo con Chile. No veo en la historia mendocina elementos de tradición autonómica o independentista que sustenten una separación.

¿Sobre qué pilares simbólicos se construye cotidianamente la identidad histórica mendocina?

Quizá la mendocinidad encuentre su elemento identitario más fuerte en lo sanmartiniano, es la impronta fuerte de lo local, pero eso es también un elemento fuerte de la historia de San Juan y de San Luis, porque también formaron parte del esfuerzo de formar y sostener el ejército de Los Andes. Otro elemento que suele destacarse en los relatos locales es el de la tradición ilustrada-letrada que habría hecho que Mendoza lograra un orden político estable entre 1820 y 1852, esta idea que un poco recupera la noción sarmientina de la ciudad agrícola , en la que el arduo cultivo de la vid y otros habría “civilizado “ a su élite. Sin embargo, ese también es un elemento compartido con San Juan, pues sus élites pero también la sociedad en general mantuvo y mantiene  muy estrechos vínculos desde las fundaciones de las ciudades mismas (de hecho, yo soy mendocina pero mi papá era sanjuanino…). En resumen, más allá de los aires de superioridad que ha solido tener la élite mendocina a veces, no se puede entender su historia sin su relación más que estrecha con las otras provincias  de la región y, desde 1776, claramente vinculada al espacio rioplatense, luego argentino.

Los años muertos de la historia

Cuando se construye una periodización es inevitable fijar algunos hitos en los cuales apoyarse para señalar puntos álgidos, de especial intensidad. Donde el desarrollo anterior parece tomar otro rumbo respecto de lo que venía pasando antes. En general se trata de acontecimientos que, probablemente exagerados en función de lo que se desea contar, condensan los elementos que caracterizaban a una etapa y abren paso a una nueva.

En algunos casos es difícil que una sociedad o un grupo humano (un país, una clase social, un partido político, etc), cambie radicalmente de un día para otro. Las grandes transformaciones sociales -acá somos hinchas de los procesos- difícilmente se puedan registrar en un año, o en un día, aunque sí podemos decir que el resultado de una batalla, la caída de un gobierno, la muerte de un persona puede alterar el equilibrio o las condiciones en que ese conglomerado social venía funcionando. 

Es hora de asumir que los procesos son una guarnición saludable con que los historiadores acompañan todas sus comidas, relegando a los acontecimientos al rol del snack como placer culposo. 

De todos modos, los historiadores seguimos construyendo cronologías y a veces los gestos de provocación consisten en bajar del pedestal a un año y condecorar a su año posterior o anterior con el mojón de la notabilidad. Quizás entre algunos historiadores de especialidades de larga duración -medievalistas o historiadores de la antigüedad, quizás colonialistas- esta operación se realice con los siglos, o quizás todo esto sea una idea mía. En tal caso, es momento de dejar de leer..

Hay algunos años que comparten su cucarda con el vecino. El año 1930, por ejemplo. “La crisis del 30”, puede aparecer como “la crisis del 29”, pero también puede leerse como “la crisis de la década del 30”.

Si no fuera suficiente con su monumental obra, Eric Hobsbawm invistió a los historiadores con el poder especial de hacer que un siglo dure lo que nosotros queramos. Humildemente, precursores como lo fuimos con el dulce de leche, el colectivo y la birome, los argentinos ya habíamos patentado que 13 años bien podían constituir una década. Y repetimos con los “noventa” argentinos, que comienzan en 1989 y terminan en 2001.

Pero no vengo a hablar hoy de esos años famosos, en los que todos más o menos coincidimos. 1810, Mayo; 1820, la anarquía; Caseros, 1852; Pavón, 1861; el 45, el 76, el 2001.

Vengo a hablar de esos años muertos, que tuvieron la desgracia de estar muy cerca de los años clave de las periodizaciones pero sin ocupar el sitial de privilegio. Sin ser recordados en las plaquetas conmemorativas, sin verse en letras de oro en las medallas o en las monedas. Incluso algunos con especial rencor. 1851, por ejemplo, que fue el año en que Urquiza lanzó su pronunciamiento, en el mes de mayo. Nadie lo recuerda. Si Urquiza se hubiera apurado un poco, teníamos batalla en diciembre ponele. No cambiaba nada, pero ¡ah, qué futuro distinto para el 51! Tengo para mí que la venganza de 1851 se dio cuando la constitución de 1853 se quedó con el protagonismo de la periodización, dejando a al año 1852 en una dualidad: para algunos duró sólo un día, ese 3 de febrero de la batalla de Caseros; para otros, comenzó ese día para terminar el 1 de mayo del año siguiente en que se proclamó la constitución. Como sea 1851, un año muerto.

1910, año del centenario, la Argentina oligárquica se luce ante el mundo, vino la infanta, Radowitzky puso la bomba, etc. 1912, El grito de Alcorta, la Ley Sáenz Peña, Menchaca Caballero y el radicalismo ganando su primera elección. ¿y qué pasó en 1911? nada.

1943 el golpe de estado de junio. Fin de la década infame, ascenso al poder del Perón y el grupo de oficiales. 1945, fin de la guerra, 17 de octubre, alto año. Más que una bisagra una tranquera que divide el mundo y el país en dos. ¿1944? Nada. Arrancó con un terremoto en San Juan que generó el encuentro entre Eva Duarte y Juan Perón. Durísimo. El 45 ni siquiera se perdió protagonismo con el hecho de que Perón ganó las elecciones en febrero de 1946.

El año 1975 -al que este blog le dedicó un artículo especial, en lo que prometía ser una serie de artículos- ha renacido ahora con la recomendable película sobre Isabel Perón, pero más allá del Operativo Independencia, su ubicación entre el 74, signado por la muerte del General y el 76 con su marca indeleble de tragedia, lo han relegado a un injusto olvido.

Es más: podríamos aventurar que en algunas periodizaciones construidas sobre tramos cortos, como por ejemplo la década del 60 argentina (que estaremos de acuerdo en decir que comienza en el 58) la secuencia de los golpes de 62 y 66 ha hecho pasar al olvido no a uno, ¡sino a dos años!, el 64 -con sus épicas tomas de fábricas- y el 65 con ningún acontecimiento -no familiar- que yo recuerde en este momento y la idea -ya te diste cuenta, lector- es prescindir de google. 

Difícilmente la historia encuentre en esos años perdidos las claves de una nueva periodización, una reescritura de la historia en la cual ganen protagonismo en desmedro de los consagrados. Quizás en alguna historia parcial, algún historiador pueda decir “la vuelta de Perón en el 72 es más importante que la del 73” y ahí está el “Día del militante” peleándole en inferioridad de condiciones el protagonismo a la jornada de Ezeiza.

Años relegados de la cronología, condenados a estigmas aburridos y repetidos como “la antesala de…” o “la paz que precede a la tormenta” o a la triste función de “incubadora”, casi como un vientre subrogado, donde crece y se forma el hecho histórico determinante (el que queda en los libros), para llevar alegrías a otros hogares.

Seguramente allí están esperando los detalles, las iluminaciones y prefiguraciones de lo que ocurrió después, o quizás también en esos otros años muertos, los siguientes, los que vienen después de los años fuertes de la cronología, (1811, 1891, 1946, etc) que es cuando “las cosas tienen movimiento” y comenzamos a conocer mejor las características del proceso que tuvo su punto clímax en ese año anterior.

Quizás recuperarlos sea algo más que una provocación a lo estatuido y en esos meses hasta hoy menospreciados puedan encontrarse nuevas texturas históricas para contar, sin la magnificencia de los grandes años, pero con la certeza de que allí también late uno de los pulsos de la historia.

Apuntes para pensar la historia del trabajo doméstico

Por Inés Pérez (CONICET-UNMdP)

Si hubiera escrito este texto hace algunos años, probablemente hubiera empezado con una pregunta acerca de qué es el trabajo doméstico. La fuerza que ganó el feminismo en el último tiempo hace que hoy esta categoría circule en distintos ámbitos y que, entonces, ese inicio ya no sea necesario. Actualmente es poco frecuente que alguien ponga en duda que cocinar, limpiar o cuidar a otrxs sea “trabajo”, aún si quien realiza esas tareas no recibe una remuneración a cambio, porque demandan tiempo y esfuerzo, y porque son necesarias para sostener la vida. Sin embargo, sí es habitual que se lo piense a partir de dos imágenes que lo deshistorizan. En la primera, se lo presenta como una actividad siempre igual a sí misma. En la segunda, se supone que, gracias al desarrollo tecnológico, progresivamente nos acercamos a un mundo sin trabajo doméstico. ¿Qué limitaciones traen estas miradas? ¿Qué implica pensar el trabajo doméstico desde una perspectiva histórica?

En la primera imagen, las mujeres siempre nos ocupamos del trabajo reproductivo, desde las sociedades preindustriales al capitalismo postindustrial, permitiendo así que los varones pudieran realizar otras actividades socialmente consideradas más valiosas. La acentuación de las continuidades redunda en que perdamos de vista cambios sustantivos que hacen tanto a la noción de trabajo como a la de domesticidad. Aquello que consideramos “doméstico” no estuvo separado del resto de las actividades hasta los tiempos modernos. Tanto en términos físicos como conceptuales, la división de las esferas “productiva” y “reproductiva” solo se produjo con el capitalismo. También fue solo en ese marco que el trabajo -realizado en el mercado- ganó una valoración positiva, y el salario se volvió el canal central de acceso a los bienes necesarios para subsistir y, aún más, a los derechos vinculados a la seguridad social. Cuando hacia fines de la década de 1960 distintas feministas comenzaron a problematizar la división sexual del trabajo y a difundir consignas como la de “salarios para las amas de casa”, lo que estaban cuestionando era la exclusión de una gran masa de mujeres del mercado laboral y, por tanto, de los derechos reconocidos a “los trabajadores”. Pensar el trabajo doméstico en clave histórica requiere situarlo en contextos específicos, en relación a actividades realizadas contemporáneamente por distintos actores sociales y a las desigualdades estructuradas en torno de su categorización.

La segunda imagen presenta una evolución lineal del trabajo doméstico que también le quita historicidad. De acuerdo a esa lectura, gracias a la incorporación de electrodomésticos, productos de limpieza y alimentos precocidos, estamos recorriendo un camino que llevará a la liberación de la pesada carga del trabajo del hogar. Sin dudas, las condiciones materiales en las que se realiza el trabajo doméstico han cambiado sustancialmente a lo largo de los últimos dos siglos, aunque esos cambios hayan tenido menos que ver con la incorporación de esos productos que con las transformaciones en los modos de habitar y la provisión de servicios como la electricidad o el agua corriente. Ahora bien, si la historia del trabajo doméstico es la de sus condiciones materiales, se trata de una historia de profundas desigualdades. La provisión de servicios disminuyó el esfuerzo requerido por estas tareas, pero su extensión estuvo atravesada por fuertes asimetrías sociales y regionales, que aún se observan en el presente. En Argentina, la red de electricidad se extendió más rápidamente que la de otros servicios, como el gas natural o el agua corriente, alcanzando al 69% de los hogares para 1960. Sin embargo, casi veinte años después, en 1979, mientras aproximadamente el 32% de la población de la provincia de Buenos Aires contaba con agua corriente, solo el 17% de la de la provincia del Chaco estaba cubierta por este servicio (1). 

De todos modos, las tecnologías domésticas solo afectaron los tiempos de trabajo de manera marginal. El acceso masivo a los electrodomésticos se produjo entre mediados de los años cincuenta y mediados de los setenta, de la mano de discursos que, al tiempo que prometían que los nuevos bienes aliviarían a las amas de casa, les demandaban una mayor dedicación al hogar. Un manual de instrucciones para el uso de un secarropas publicado en 1974 resulta ilustrativo. Allí se prometía a la flamante compradora que gracias a este producto “durante mucho, mucho tiempo solo tendr[ía] satisfacciones… y mucho, mucho más tiempo libre para dedicarlo a los suyos”(2). El tiempo “liberado” debía ser utilizado en el hogar, en buena medida, porque la incorporación de los nuevos artefactos fue de la mano de un aumento en los estándares a partir de los que se evaluaba el trabajo doméstico y de los que, en buena medida, dependía la respetabilidad del hogar y el estatus social de sus integrantes. La difusión de los lavarropas, por ejemplo, conllevó la expectativa de que la ropa se lavara con mayor frecuencia. Muchas veces, además, las tareas que los electrodomésticos evitaban eran relativamente pocas: hasta la aparición de los automáticos, usar un lavarropas requería cargar y desagotar el agua, tanto para lavar como para enjuagar la ropa, y luego escurrirla manualmente. Finalmente, hay tareas que requieren una fuerte implicancia personal de quien lo realiza, como el cuidado, y por tanto son difícilmente mecanizables(3).

Si hay algo que permitió reducir el tiempo dedicado al trabajo doméstico fue la posibilidad de compartirlo o delegarlo en otras mujeres, y eso, las más de las veces, a costa de una fuerte desigualdad no solo entre varones y mujeres, sino también entre mujeres. Como ha mostrado Dolores Hayden, hacia fines del siglo XIX y comienzos del XX, distintas mujeres diseñaron espacios domésticos que permitían una mayor socialización del trabajo doméstico, con cocinas colectivas en las que las mujeres se turnaban para preparar los alimentos de varias familias, aumentando así la productividad del trabajo realizado(4). Esos diseños domésticos, sin embargo, no llegaron a concretarse y, en cambio, triunfó un modelo de vivienda unifamiliar que limitó la posibilidad de socializar el trabajo doméstico y disminuir, así, el tiempo individualmente empleado por cada mujer en esa actividad. 

Por otro lado, la provisión pública de cuidado aún hoy es muy insuficiente. La Ley de Contrato de Trabajo, sancionada en 1974, preveía la creación de salas maternales en aquellos establecimientos que emplearan a más de cincuenta trabajadoras. Sin embargo, esa disposición nunca fue reglamentada. En los últimos años, el feminismo logró instalar el cuidado en la agenda pública, pero esto, al menos por ahora, no se ha traducido en políticas integrales de cuidado. En ese contexto, la posibilidad de reducir el tiempo dedicado al trabajo doméstico estuvo -y está- fuertemente marcada por la clase social: quienes pueden pagarlo, recurren a servicios privados de cuidado; quienes no, recurren a sus redes familiares y personales sostenidas, por lo general, por adultas mayores o a niñas y jóvenes(5). Solo quienes pueden el tiempo dedicado al trabajo doméstico y los cuidados a un costo razonable tienen una posibilidad real de participar en el mercado de trabajo que, además, no es el mismo para todas. Para aquellas que, por cuestiones de clase, origen migratorio, edad, solo pueden acceder a empleos que pagan lo mismo que cuesta el cuidado que realizan de modo no remunerado, la ausencia de opciones públicas de cuidado por lo general redunda en un razonamiento -el de que están “cambiando la plata”- que las aleja de la posibilidad de un salario y de los derechos a los que -cada vez menos- da lugar. En 2017, las mujeres participaban del mercado de trabajo un 31% menos que los varones y, en cambio, un 54% más que ellos en el trabajo no remunerado(6).

Ahora bien, ¿quiénes son las mujeres en las que se delega el trabajo doméstico y los cuidados? Se trata, centralmente, de trabajadoras del hogar. El concepto de “trabajo doméstico” fue clave para subrayar el aporte de las mujeres a la economía, explicar que su menor participación en la esfera pública no respondía a elecciones individuales sino a limitaciones estructurales, y mostrar el sustento material de las desigualdades de género(7). El hecho de que actualmente el uso de esta noción sea más corriente, sin embargo, no se ha traducido en un reparto más igualitario del trabajo, ni en un reconocimiento de derechos para las personas que lo realizan. Nos acostumbramos a llamar “trabajo” a esas tareas pero sin pensar en las implicancias de esa denominación. 

La historia del trabajo doméstico es también la historia de los derechos y las condiciones de trabajo de quienes lo realizan a cambio de un salario. En Argentina, la Ley de Accidentes de Trabajo en 1915 fue la primera que reconoció la desigualdad de las partes que contratan cuando el objeto de la negociación es la fuerza de trabajo. A partir de entonces, se legislaron diferentes normativas que incorporaron distintos derechos laborales al ordenamiento legal. Las trabajadoras de casas particulares fueron tardía y limitadamente incluidas en buena parte de ellos. La sanción en 1956 del Estatuto que reguló esta actividad hasta hace pocos años no hizo sino cristalizar esas limitaciones, justificadas en una definición del trabajo doméstico que lo caracterizaba como no productivo, no calificado y realizado en el mundo privado, una suerte de “no trabajo”. Solo en 2013 se aprobó una nueva ley para el sector que buscó equiparar sus derechos con los de los demás trabajadores. Sin embargo, las altas tasas de informalidad aún siguen restringiendo fuertemente el acceso de las trabajadoras a esos derechos(8).

Hay múltiples aristas que hacen a la historia del trabajo doméstico: la de su conceptualización, su relación con otras actividades, las condiciones materiales en las que era realizado, los derechos a los que daba o no lugar, las desigualdades que lo atravesaban. Su análisis permite alejarse de imágenes simplificadas que, al sacarlo de la historia, nos impiden identificar la especificidad de las desigualdades que lo estructuran en la actualidad y pensar los modos de desarticularlas.

Notas

(1) Estos porcentajes son aproximados. Surgen del cruce de la población cubierta por el servicio de agua corriente indicado en el Anuario Estadístico de la República Argentina 1979-1980 y el Censo Nacional de Población y Vivienda de 1980.

(2) Manual de instrucciones para el buen uso de la secadora Koh-I-Noor, 1974.

(3) Inés Pérez, El hogar tecnificado. Familias, género y vida cotidiana (1940-1970). Buenos Aires: Biblos, 2012.

(4) Dolores Hayden, The Grand Domestic Revolution. A History of Feminist Designs for American Homes, Neighborhoods, and Cities. Cambridge and London: MIT Press, 1981.

(5) Una problematización de las desigualdades que surgen de esa distribución del trabajo puede verse en Hilda Habichayn, “Género, edad avanzada y pobreza”, Zona Franca, Año XIII, No. 14, 2005.

(6) “Mujeres en el mercado de trabajo argentino”, Equipo de Mercado de Trabajo. Dirección General de Estudios Macroeconómicos y Estadísticas Laborales, Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social de la Nación, 2018.

(7) Susan Himmelweit, ““El descubrimiento del trabajo no pagado. Las consecuencias de la expansión del trabajo”, en Dinah Rodríguez y Jennifer Cooper (comps.), El debate sobre el trabajo doméstico. Antología. México, UNAM, 2005.

(8)  Inés Pérez, Romina Cutuli y Débora Garazi, Senderos que se bifurcan. Servicio doméstico y derechos laborales en la Argentina del siglo XX. Mar del Plata: Eudem, 2018.

8M. La potencia feminista en clave histórica

Gisela Figueroa, Tania Corsetti y Luisina Agostini (Docentes de la UNR / Proyecto “Género y Trabajo. Abordajes feministas a estudios de caso en la historia reciente santafesina”)

Si bien la conmemoración del 8M viene desarrollándose de manera sistemática desde hace tiempo, y en los últimos años ha tomado un ritmo más intenso, los orígenes de esta celebración obedecen a una multiplicidad de hechos que deben articularse y leerse en contexto.

Yendo para atrás en el tiempo, el 8 de marzo de 1908 murieron 129 obreras de la fábrica textil Cotton de Nueva York. Sobre este hecho existen versiones contrapuestas, por un lado que fue resultado de un incendio provocado por el dueño de la misma en represalia a la huelga que habían iniciado, y por otro que el fuego fue producto de un accidente laboral cuya extinción fue muy dificultosa debido a que las puertas de la fábrica permanecieron cerrada como modo de prevenir robos. Más allá de cuáles fueron las causas reales, dicho acontecimiento constituyó un suceso trascendental en la historia del trabajo y de la lucha sindical y desató toda una serie de acciones que culminaron con la decisión de celebrar el Día Nacional de la Mujer el 28 de febrero de 1909 en Nueva York.

Al año siguiente, se celebró la Conferencia internacional de Mujeres en Copenhague. Allí la socialista alemana Clara Zetkin, líder del movimiento socialista de mujeres, propuso establecer un día de conmemoración, probablemente tomando como referencia las acciones que ya venían desarrollando las socialistas estadounidenses quiénes festejaban el “Women’s Day” como forma de reivindicar el voto femenino.

Si bien la decisión de establecer un día para conmemorar el Día Internacional de la Mujer era inobjetable, las fechas elegidas por cada país no coincidieron en un principio. La confluencia de dos factores hizo que el 8 de marzo pasara a constituir la fecha elegida a nivel internacional para la celebración. Por un lado, la decisión de las socialistas alemanas de tomar dicha fecha, y por otro el levantamiento de las mujeres rusas que tuvo lugar el 23 de febrero de 1917 según el calendario revolucionario, siendo el 8 de marzo en el calendario occidental. Más cerca en el tiempo, la ONU declaró oficialmente el Día Internacional de la Mujer en 1977, dándole un carácter oficial a una conmemoración que ya venía ocurriendo desde hacía tiempo en muchos países del mundo.

La consigna “Ni una menos” apareció por primera vez en Argentina a mediados del 2015 como forma de repudio a los femicidios, la forma más extrema de la violencia machista, y se materializó en una movilización masiva que inundó las calles, para luego extenderse a otros países de Latinoamérica y del mundo.

La fuerza del movimiento feminista fue penetrando cada vez más hondo en los partidos políticos y en las organizaciones sociales y sindicales, sacando a la luz las desigualdades ocultas durante años resultado de los acuerdos históricos que sus miembros varones venían sosteniendo. Como resultado, en 2017 se creó un Frente sindical que llevó a cabo el primer Paro Internacional de Mujeres donde participaron 55 países, interpelando todas las formas de explotación, racismo y crueldad, reivindicando la vida y demostrando que podían lograrse acciones coordinadas a escala global.

Las demandas que nutrieron las diferentes acciones desplegadas en el marco de la lucha feminista fueron diversas en función del contexto social y epocal en el que se expresaron, y en consonancia con la experiencia vital de quiénes encabezaban esas luchas. Mientras que en sus inicios el derecho al voto, a ocupar cargos de gobierno, a la educación y al trabajo productivo formaron parte de la agenda feminista, en los últimos años se sumaron otras demandas vinculadas a terminar con la violencia machista, como la lucha por la aplicación real de la Ley de Educación Sexual Integral para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra las mujeres, y además se libró una batalla incansable para garantizar condiciones de aborto seguro, legal y gratuito.

Los tiempos neoliberales tienen la particularidad de levantar banderas individualistas, meritocráticas y sexistas. En contrapartida, las tramas sociales tejidas por las mujeres en diferentes espacios barriales, laborales, públicos, privados, virtuales y presenciales para sostener y sostenerse en contextos de vulneración de derechos, de violencia machista y clasista agudizados por la pandemia, son las que batallan cotidianamente por el cumplimiento de los derechos adquiridos y por los nuevos a conseguir mediante la lucha colectiva. Resultado de esa agencia feminista es que las demandas cotidianas se organizan, se militan y se transforman en políticas públicas y agitan el tiempo neoliberal instalando discursos y agendas diferentes. Por ejemplo, la marea verde en Argentina resultado de la lucha constante durante 15 años de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito reclamó el tratamiento de la ley y festejó la concreción del derecho. 

No decimos que siempre los problemas cotidianos de las mujeres se traducen en legislación protectora ni en políticas públicas, decimos que es posible que eso suceda, no porque formulemos una propuesta esperanzadora y romántica de la militancia sino porque se han multiplicado las redes femeninas, las voces que ya no se silencian y los cuerpos que ocupan las calles, visibilizando que ya no es posible seguir reproduciendo el patriarcado. Como expresa nuestra canción “Ahora que somos muchas, ahora que sí nos ven, abajo el patriarcado se va a caer, se va a caer”

Entre gallinas y Congreso-zoom: será ley!! (?)

Destacado

Valeria Venticinque
Doctora en Ciencia Política. Docente e Investigadora (UNL-UNR/CIEHMGE)

Nos proponemos un breve recorrido histórico-reciente para repensar algunas instancias de agenciamiento y reconocimiento de los derechos reproductivos en Argentina. En principio, debemos pensar, el lugar que ocupó la procreación para las argentinas en las primeras décadas del siglo XX, es imprescindible comprender que tanto la represión sexual femenina como la obligatoriedad de parir la “raza” fueron elementos fundacionales en la construcción de la subjetividad femenina. Contraer matrimonio y tener hijos era visto como un mandato imperativo que de acuerdo al imaginario de la época dignificaba el “ser mujer”. En este sentido la virginidad actuaba como un elemento que incluía “a las buenas” y excluía a las “malas mujeres” de las posibilidades de lograr un buen matrimonio. De esta manera, los hoy denominados derechos sexuales y reproductivos en las primeras décadas del siglo XX, representaban luchas y voces de los feminismos que recorrían las calles de los principales centros urbanos del país.

Así, la maternidad como hecho y proceso biológico-cultural, era una diferencia que homogenizaba a las mujeres y reclamaba igualdad en relación a los varones, intentando reformular la maternidad tradicional dentro de la ideología de la complementariedad y la equivalencia. En este marco, instituciones como el divorcio vincular, tratado en la Cámara de Diputados en el año 1932, eran pensadas como flagelos sumamente nocivos, siendo equivalente, a facultar a las mujeres a ser sujetas activas de la volatilidad sexual. Por este motivo los matrimonios en crisis deberán aguardar algunas décadas más. En este sentido el debate sobre el divorcio que llega a su fin en el extremadamente conservador Senado de la Nación, fue pensado como un elemento normalizador del amor y los intercambios sexuales, particularmente en el caso de las mujeres. Así, las separaciones legales se proponían como un elemento que vendría a moralizar la sexualidad de aquellos que se encontraban presxs de un matrimonio que en los hechos había finalizado. En algunos casos también se agregó la posibilidad de continuar con la vida reproductora de aquellas mujeres, que en el marco de una unión fácticamente terminada difícilmente se daría, sin embargo los anti-divorcio triunfaron, apagándose para algunxs la posibilidad de cambiar la sensibilidad del clima de sus vidas con otros colores y perfumes.

Y así, que las desigualdades sufridas por las mujeres con respecto a los varones y la consecuente discriminación legislativa habilitaba una forma de pensar las primeras políticas públicas, que fueron estructuradas para aquellas en tanto madres y no ciudadanas. En este sentido, esto permitió que estos años se caracterizaran como momentos de opresión femenina, imperando los miedos, los silencios. Muy a pesar de quienes se encubren bajo el lema del “supuesto derecho a la vida”, los escritos, las investigaciones y la práctica revelan que el aborto forma parte de nuestra normativa desde la década del ’20 del siglo pasado. Así, los métodos contracepcionales eran públicos y conocidos, en todas sus variantes: químicos, fisiológicos, y mecánicos, pero, como ninguno de ellos era seguro en su totalidad, interrumpir embarazos mediantes abortos era moneda corriente en los primeros años del siglo pasado. Se debe reconocer también, como señala Barrancos (1991), la quinina, que era un espermicida en forma de sustancia que se preparaba en algunas y selectas farmacias y colaboraba en la precaria posibilidad que tenían las mujeres de entonces para decidir cuantos hijxs tener y cuando. Aunque con la misma vaguedad y neblina de Arlt, de manera imprecisa existían ciertas libertades sexuales.

Aunque la legalidad del aborto en Argentina se ignoró durante décadas, fue a inicios del año 2012 que la Justicia aclaró en un fallo histórico, más conocido como “F.A.L.”, los alcances de la penalización del aborto en Argentina. Hoy, en nuestro país, se encuentra vigente la Interrupción Legal del embarazo (ILE), que deja asentada la inimputabilidad de quienes realizan un aborto en ciertas circunstancias, a decir, cuando está en riesgo la salud física y/o mental de las personas gestantes, y en caso de violación o incesto, en las demás circunstancias es considerado ilegal y consecuentemente sancionado con la cárcel efectiva. En el caso de la ILE, es necesario señalar, que suele verse afectada en la práctica por el posicionamiento respecto a la objeción de conciencia, que pueden tener algunos equipos de salud pública, efectores de salud o incluso provincias que se autoproclaman “celestes”, estos con palabras viejas, que se tornan nuevas, niegan y mienten una verdad.

El año 2012 que marca un significativo paso hacia adelante en relación a derechos reproductivos, tubo antecedentes que marcaron ciertas miradas cómplices en el contexto de la transición democrática, así, a fines de 1986, se derogaron los decretos que prohibían las actividades destinadas al control de la natalidad dictados en la década del ’70. Y en el año 1985, el Congreso Nacional había ratificado la Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación Contra la Mujer, que fue posteriormente incorporada a la Constitución Nacional en 1994. Los años previos a la renovación de la carta magna, se inició un proceso de tratamiento de las cuestiones de género en todas las áreas del Estado. Se fue generando un clima de incidencia de políticas a favor de las mujeres durante los años ‘90; desde la ley de cupos, la inclusión de normas de acción positiva en la constitución reformada, los programas de igualdad de oportunidades en la educación y el empleo, el decreto de acoso sexual, la primera ley de protección contra la violencia familiar, las campañas por la democratización de las responsabilidades familiares, hasta la apertura del debate sobre el aborto, entre otros logros, destacando la importancia del movimientismo feminista como constructor de un saber-poder.

Como consecuencia de los cambios sociales y culturales de la última década, la Argentina avanzó en materia legislativa en el ámbito latinoamericano con la sanción de leyes que han redistribuido los derechos a muchxs. En este sentido, en el año 2003 se inaugura una nueva tradición de políticas que presentarán una forma innovadora de pensar a las mujeres, el Programa Nacional de Salud Sexual y Procreación Responsable (en adelante PNSSyPR), vigente desde el mes de mayo de 2003, se propone mejorar la satisfacción de la demanda y adopta un enfoque preventivo y de riesgo; instrumentando acciones tendientes a ampliar y perfeccionar la red asistencial. La 25.673 se aprobó casi veinte años después del retorno a la democracia, el debate en torno a la ley nacional se había iniciado con motivo de la media sanción en Diputados en 1995, continuó con la pérdida de estado parlamentario en 1997, terminó con la aprobación definitiva por el Senado en el año 2002.Si bien el cambio de siglo trajo cambios normativos disruptivos en los distintos niveles de políticas y prácticas públicas que atienden las sexualidades y reproducciones de las mujeres, fue quedando por afuera y demandante la Interrupción Voluntaria del Embarazo (IVE). De esta manera, en los primeros años del siglo XXI se aprobaron leyes de Educación Sexual Integral (ESI), acceso a la anticoncepción quirúrgica, y otras normas que promueven el acceso a la regulación de la fecundidad. El grado de implementación de cada una de estas disposiciones es muy disímil debido a que en muchos casos los programas enfrentan situaciones de obstaculización, de orden presupuestario, así como también obstáculos institucionales para poder llevar a la práctica esas políticas. Así una nueva tradición en estilos de gestión invade las políticas y prácticas públicas funcionando como germen de innovación que lentamente se incorpora en determinadas áreas posibilitando lograr cierta igualdad de oportunidades y buscando hablar de mujeres en términos concretos. Como señalaba Dora Barrancos (2015), las mujeres argentinas, en gran medida, se han construido como resilientes, ampliando la experiencia de comunidad de sentido en la enorme diversidad del colectivo y los desafíos que cuentan para las nuevas prerrogativas, es el acicate mayor para defender lo conquistado y avanzar en materia hacia el horizonte de la igualdad. En el año 2018 se vuelve a buscar despenalizar el aborto con la pujante Campaña por la Despenalización que integra el Movimiento Feminista argentino acampando para interpelar a un Congreso que luego de meses de espera le dirá que no a los pañuelos verdes que se agitaron en los cielos de un agosto. Los motivos por la negativa fueron pobres, escasos. Puede que la aceptación de legalizar la IVE implicaba cuestionar uno de los pilares en los que se asentó la sociedad argentina históricamente: el natalismo, en tanto emblema de una época que aún continúa en cierta forma vigente impulsado por las fuerzas conservadoras que con argumentos desteñidos defienden sus posturas que atentan contra el derecho a decidir de los cuerpos gestantes.

La ilegalidad de los abortos no impide que los mismos se lleven a cabo de manera clandestina, multiplicándose los riesgos de las personas gestantes. Así, la oposición al reconocimiento de las DD.SS. y (no) RR. no ancla, como fuimos mostrando, en un discurso religioso, sino secular, científico, médico, legal, que asume la denominación de objeción o bien está invisibilizado en la multiplicidad de motivos que se suelen enumerar en los efectores públicos para negar derechos. El principio de autonomía que exige el respeto de las decisiones de las personas en el marco de su proyecto de vida, se institucionaliza en el reconocimiento del derecho de todxs a elegir según sus propias convicciones el método anticonceptivo que desean utilizar, y la posibilidad de decidir experimentar o no físicamente la maternidad o la paternidad. Por lo tanto, tenemos que pensar en los DD. (no) RR. como en la oportunidad de lxs seres humanos de regular su propia sexualidad y capacidad reproductiva, así como a exigir que todxs asuman sus propias responsabilidades por las consecuencias del ejercicio de su sexualidad. En el 2020, internalizando la idea de que es importante hacer lo que cada unx siente, la Campaña verde vuelve a gritar “Es Urgente”, queremos legal, seguro y gratuito y el gobierno responde con un proyecto de ley con distintas aristas presentado hace algunos días para ser tratado en el Congreso.

El Frente de Todos (xs?) buscará traer armonía con la propuesta de los 1000 días para acompañar las maternidades deseadas en los primeros años de lxs recién nacidxs, estrategia que intenta armonizar las negativas que impiden que el aborto sea ley, en el marco de una emergencia sanitaria mundial que trajo situaciones de precariedad extrema como hacía décadas no se vivían a nivel nacional. La IVE representará, definitivamente, un cambio profundo en el sistema sanitario, en la legislación sobre familias, y en las prácticas y experiencias reproductivas de las personas gestantes, banderas celestes y verdes se reencontrarán bajo el cálido cielo de un verano bonaerense.

Entrevista a Ariel Mamani

Destacado

Nos habíamos propuesto una serie de entrevistas con “especialistas en países”. En su momento dialogamos con Magui López sobre su trabajo sobre Paraguay. Hoy publicamos esta entrevista casi con el mismo cuestionario con las respuestas de Ariel Mamani, que se ha dedicado a trabajar sobre historia de Chile.

PH: – Chile tiene fama de país “aislado”. ¿Cómo se construyó esa imagen?

Durante mucho tiempo se pensó en el Cono Sud como “fin del mundo”, es decir como un sitios muy alejado y periférico. Hay en ello resabios de la configuración eurocéntrica del mundo, materializada en planisferio de Mercator. En esa concepción el sur de América aparece en los confines.

Todavía, a pesar de los cambios tecnológicos y comunicacionales, hay un imaginario muy fuerte en relación a ello. En el caso de Chile específicamente, la cordillera de los Andes por un lado, el océano Pacífico con el otro, sumado al Norte desértico, aparecen como elementos que en algún punto aíslan. En cierto punto, se presentó una noción vinculada a la insularidad, es decir una separación de las otras naciones americanas y del mundo. Si bien esta idea tiene raíces coloniales pudo mantenerse durante bastante tiempo, a pesar de que Chile ha estado siempre vinculado a sus vecinos y al mundo.

Ese supuesto aislamiento se ha esgrimido en diversos sentidos, para bien o para mal. Ha servido para justificar determinadas acciones, también para victimizarse, o en el mejor de los casos para presentarse con rasgos distintivos y particulares en relación a sus vecinos.

PH: – A veces un tema nos impacta y nos ata a la historia de un país. Por ejemplo, la esclavitud en Brasil o la Guerra Guasú para Paraguay. Me imagino que para muchos no argentinos ese tema es el peronismo. ¿Hubo un tema que despertó tu interés por Chile?

AM: No seré innovador en mi respuesta. Justamente mi interés surgió por uno de los temas que más atrae o llama la atención a quienes no son chilenxs. El proceso de la Unidad Popular de principios de la década de 1970 es lo que generó interés, aún antes de dedicarme a la historia. No puedo precisar bien de donde proviene ese interés. Tal vez de mi padre y mi madre, que por una cuestión generacional habían visto a la UP como una experiencia importante en América Latina.

La UP, con ese carácter experimental y osado de proponer una transformación revolucionaria, generó una expectativa muy significativa. Esa curiosidad por la experiencia de la “vía chilena” no sólo fue en Argentina, pero aquí tuvo fuertes repercusiones porque se estaba en un momento muy particular también, con una dictadura, con el peronismo proscripto y una juventud muy participativa.

Tal vez hay una especie de memoria generacional transmitida, eso llegó a mí y pude canalizarlo en mi rol como historiador. Estoy conjeturando, pero algo de ello puede haber ocurrido y la experiencia de la UP se fue asomando como punto central de mis intereses como historiador. Luego el interés comenzó a abrirse hacia otras perspectivas que tenían que ver con el momento posterior a la UP, como la dictadura y el exilio, pero también con el momento que más he estudiado que es la década del ’60, sobre todo en el aspecto cultural.

Esa centralidad de la UP quizás tenga algo de injusto con la historia de Chile. La UP y sus temas adyacentes generó una fuerza centrífuga que, en ocasiones, no permite visualizar a quienes no son chilenxs, lo rico de su historia. La historia de Chile tiene muchos otros procesos interesantes, como la Guerra del Salitre, la conformación de una potente clase obrera (con la enorme figura de Recabarren), el ibañismo, los gobiernos del Frente Popular. Y sólo estoy mencionando temas del siglo XX.

PH: – Teniendo en cuenta que hay mucha migración de chilenos hacia Argentina, ¿hay muchos “chilenistas” en Argentina?

AM: La migración de chilenxs hacia Argentina tiene raíces históricas de larga data. Argentina fue muchas veces visto como un país que brindaba posibilidades y al ser vecinxs, eso se potenciaba. Está claro que debe atenderse a las diferentes coyunturas y procesos históricos en particular. Entendiendo un poco esas particularidades de cada instante, hubo flujos y movimientos migratorios importantes desde Chile hacia Argentina, en especial en la zona fronteriza. Obviamente que la dictadura de Pinochet generó un importante flujo en los años ‘70 y ’80. Por ello no es de extrañar que existan vínculos entre investigadorxs de ambos lados de la cordillera y temas en común. Sin embargo, creo que la relación debería ser más habitual y dinámica. Muchas veces prima cierta mirada “aldeana” a ambos lados de la cordillera y por supuesto, el carácter nacionalista de algunas posturas historiográficas no permite un intercambio más fluido. Pienso que podría haber mucha más investigación que abordara problemáticas comunes y permitiera miradas regionales. Pero tratando de responder a la pregunta, si existen personas en Argentina dedicadas al estudio de Chile o sobre temas que se vinculan, aunque no sé si todxs pueden (o quieren) denominarse “chilenistas”.

PH: – ¿Quienes desde Argentina se dedican al estudio de la historia de Chile, son considerados en ese país? ¿Participan de redes transnacionales? ¿Hay interacción y colaboración?

Por lo que conozco, por ejemplo Ernesto Bohoslavsky es un investigador que conoce muchísimo de la historia de Chile, en especial del recorrido ideológico y político de las derechas, lo que no es un tema menor. Sus trabajos son reconocidos y citados allende la cordillera. También puedo citar el caso de Soledad Lastra, quien ha dedicado una parte de sus trabajos al exilio chileno.

Asimismo, hay investigadorxs que se dedican al estudio de algún caso que se vincula con la historia de Chile, y allí se producen cruces o colaboraciones. Se trata de colegas que trabajan elementos que pueden vincularse con la historia de Chile, como por ejemplo Gabriela Águila, quien ha estudiado mucho a las dictaduras latinoamericanas y ha establecido vínculos y colaboraciones con historiadorxs chilenxs.

Por su parte, Hernán Camarero es bastante considerado en Chile. Si bien sus trabajos están más que nada vinculados con Argentina, amplían el estudio sobre el movimiento obrero y las organizaciones partidarias. Por ello sus trabajos son conocidos en Chile y se vinculan con la labor de historiadores importantes del movimiento obrero y la izquierda como Manuel Loyola o Rolando Álvarez. Algo similar ocurre con Pablo Pozzi, que ha podido trabajar en colaboración con colegas trasandinos, como por ejemplo Claudio Pérez, para el estudio de la violencia política en América Latina.

En otro orden, desde la historia del Derecho, y más específicamente desde el ámbito de la historia social de la justicia Darío Barriera y su equipo han podido establecer redes donde interactúan historiadorxs chilenos y argentinxs, estableciendo colaboraciones promisorias.

A título personal puedo mencionar que tengo relación con colegas del ámbito chileno. A raíz de mis viajes a Chile para trabajar en archivos y de mis trabajos publicados he podido interactuar y colaborar con muchxs investigadorxs de distintas áreas.

PH: ¿En qué estás trabajando ahora?

El tema que estoy investigando en los últimos tiempos tiene que ver con la relación entre militancia política y cultura, en concreto con la práctica musical. Me encuentro trabajando las relaciones entre militancia política, ya sea explícita o implícita, y los proyectos musicales, indagando en diferentes estudios de caso de Chile y de Argentina. A veces estas relaciones operaron en forma bastante inorgánica, y en otras los vínculos entre la práctica musical y la militancia se exteriorizaron de forma muy precisa y visible. Todo ello presenta una dificultad extra: la necesidad de reconstruir de forma minuciosa trayectorias artísticas para poder dar cuenta de la trama política en la cual se insertaron. Al reconstruir las presentaciones musicales, las publicaciones, los circuitos y demás aspectos de la práctica musical de lxs compositorxs e intérpretes se puede ir elaborando una perspectiva que pueda dar cuenta del panorama muy rico en materia cultural y muy complejo en términos políticos de los años 60 y 70.