¿Repliegue? Ideas sobre algunas militancias en 1975

Laura Pasquali (UNR; ISHIR; AAIHMEG)

Hay años que admiten una periodización en sí mismos: 1945, 1973, 1975, 1989… detengámonos en 1975.

Un sentido común acerca de 1975 es que marca el fin del ascenso obrero y la movilización los sectores populares especialmente ante la intensificación de la represión y el despliegue de la violencia militar y paramilitar con las intervenciones del Ejército en la represión interior; en suma, un repliegue general del movimiento social después de las movilizaciones de junio de 1975. Aquí pensamos que las cosas fueron algo diferentes; no seríamos originales si dijésemos que conflicto es un eje clave a través del cual pensar ese año, cuyos meses finales anudan los ataques al Regimiento de Infantería de Monte Nº 29 (Formosa) por Montoneros y al Batallón de Arsenales Domingo Viejobueno (Monte Chingolo) por el PRT-ERP. Mientras tanto, las coordinadoras interfabriles eran el escenario de una intensa militancia que reunía al sindicalismo peronista combativo con militantes de la izquierda revolucionaria, armada y no armada. Y esa y otra parte de la sociedad se agrupaba en organismos de Derechos Humanos. Todo ello en el marco de un embate contra la clase obrera organizada cuyo paradigma fue la ocupación de la ciudad de Villa Constitución luego de la intervención de la filial metalúrgica, arremetiendo contra uno de los últimos enclaves del sindicalismo combativo. Y contra las organizaciones armadas con fuerte inserción territorial, con el Operativo Independencia como máximo exponente (ver publicación en esta página).

Pensamos que el declive de la movilización social no fue un fenómeno repentino ni homogéneo, sino que pueden reconocerse especificidades de acuerdo a la forma que adoptó la conflictividad.

La clase obrera organizada

El Pacto social entre la Confederación General del Trabajo y la Confederación General Económica impulsado por Perón, que prometía congelamiento de precios y salarios, fue erosionado desde su misma firma y desde entonces sorteó muchos tiros de gracia. Pero no fue sino hasta febrero de 1975 que empresarios y trabajadores retiraron sus promesas y poco después trascendió que el propósito del gobierno era lanzar unplan de estabilización que dejara al dólar y los precios alcanzar el nivel del mercado con la consecuencia lógica del aumento de tarifas, limitando los aumentos salariales para reducir el consumo. En el momento en que gobierno y CGT tomaban la lapicera para firmar el último acuerdo, el representante del gobierno fue reemplazado por Celestino Rodrigo. Impresionados por las drásticas decisiones, los líderes sindicales sintieron sus posiciones amenazadas… Y con razón: el efecto esperado por el gobierno era el disciplinamiento peronista y la consecuente debilitación de la resistencia obrera, pues se esperaba que la agobiante situación económica atenuara los conflictos fabriles … pero la clase obrera comenzó a agitarse nuevamente con demostraciones de protesta fuera del control de las dirigencias sindicales e incluso ampliaron su alcance a sectores de las clases medias, se volvieron más largos y más difíciles de resolver.

Los anuncios del gobierno provocaron la paralización de todo el país: otra vez las bases sobrepasaron a las dirigencias; y Rodrigo renunció. López Rega también, pero si bien con Rodrigo cayó también el plan de ajuste de un gobierno peronista, López Rega no se llevó consigo la actividad paramilitar; por el contrario, en la segunda mitad de 1975 el número de activistas y militantes asesinados y desaparecidos fue en alza. Casi como un gesto desafiante, las corrientes sindicales opositoras eligieron Tucumán para reunirse constituir una coordinadora nacional; era septiembre y muchos de ellos tenían los días contados.

UFA ¡Las mujeres!

En un lustro signado por la fagocitosis de la política, la Unión Feminista Argentina se constituyó como un grupo de reflexión autónomo de los partidos; similar opción fue el Movimiento de Liberación Femenina. Fueron experiencias cortas e intensas… casi una constante en militancias de la década de los setenta argentinos. 1975 las encontró reunidas en el Frente de Lucha de la Mujer, a propósito del Año Internacional de la Mujer.

El evento que concitó todos los esfuerzos fue el Congreso de la Mujer Argentina, realizado en agosto en el Centro Cultural San Martín de Buenos Aires. Mientras las balas pasaban sobre muchas de sus compañeras de militancia, estas mujeres que habían elegido otras trincheras, tozudamente seguían movilizadas por eliminar definitivamente toda discriminación en relación a la mujer y en todos los ámbitos: económico, político, social y cultural.

Frente a un discurso de la presidenta Isabel Perón, que anudaba el sentir cristiano a la doctrina nacional peronista (que meses antes había decretado la regulación de la comercialización y la venta de anticonceptivos) y dedicaba los festejos a las madres y a las esposas reforzando todo estereotipo, las feministas organizadas demandaban el fehaciente control contra la trata de personas, el cumplimiento de reglamentaciones sobre cuidados infantiles y protección de la maternidad, un salario para las amas de casa; la potestad y tenencia de hijos e hijas compartida por madre y padre; la protección y no discriminación para las madres solteras; el divorcio absoluto; y el aborto legal y gratuito. Huelga decir que el gobierno estaba en las antípodas de esos principios, mientras estrechaba cada vez más los lazos con las posiciones conservadoras de la iglesia. A pesar de eso, siguieron trabajando en la organización de un congreso que se realizaría en marzo de 1976.

Las organizaciones armadas

Quienes más seriamente han estudiado a la guerrilla en Argentina, coinciden en que 1975 fue el año de mayor crecimiento. Las dos organizaciones armadas más importantes de Argentina, PRT-ERP y Montonero, vieron incrementar sus filas militantes con nuevos integrantes en las fábricas, las universidades y en los barrios. Esa voluntad militante estaba conformada por “pases” desde otras organizaciones de izquierda (armada o no) pero especialmente por los más jóvenes que recién se asomaban a la vida militante.

La organización político-militar Montoneros creció sostenidamente en 1975 e incluso se desarrolló con la evolución de sus organizaciones de superficie (UES, JUP). Ese mismo año, el Movimiento Sindical de Base del PRT-ERP logró tener importantes niveles de presencia en las luchas obreras y en las coordinadoras interfabriles; otro de sus frentes de masa, la Juventud Guevarista, también tuvo su mayor desarrollo en 1975, aunque había sido creada dos años antes.

Las acciones armadas de la guerrilla se incrementaron ostensiblemente en 1975. Una particularidad de este año es que desde los primeros meses fueron frecuentes los atentados coordinados y/o secuenciados a empresas de capitales extranjeros y a edificios de las Fuerzas Armadas; también se produjeron ingresos, arengas y reparto de prensa en talleres ferroviarios y entraron en escena con más protagonismo que en los años anteriores los atentados a comisarías, a automóviles policiales y los enfrentamientos callejeros con aquellos.

En febrero Montoneros llevó adelante un ataque Batallón Infantería Marina Nº 3, de La Plata. En abril, el PRT-ERP logró uno de sus últimos éxitos militares al asaltar el Batallón de Arsenales 121, ubicado en la localidad de Fray Luis Beltrán.

La segunda mitad del año requirió más voluntad que expectativas de triunfo. En octubre, Montoneros fracasó en el intento de copamiento al Regimiento 29 de Infantería de Formosa; la acción incluía la toma del aeropuerto internacional y de un avión de Aerolíneas Argentinas. Dos meses después, el PRT-ERP lanzó un gran ataque al Batallón de Arsenales Domingo Viejobueno (Monte Chingolo, partido de Lanús, sur del Gran Buenos Aires).

Las consecuencias de esas derrotas militares fueron irremontables.

1975 y la imposibilidad de un relato

Una constante en el año fueron los llamados “decretos de aniquilamiento” cuyo destino era el combatir a la guerrilla, pero sobre todo fueron instrumento eficaz para la represión a la clase obrera y a los sectores populares organizdos. No era aleatorio: la guerrilla se constituía en un núcleo alternativo de poder precisamente al articularse cada vez más con la clase obrera. Pero la combatividad, no necesariamente es conciencia (Pozzi, 2001).

La pregunta o más bien la respuesta sobre el “repliegue” invita a reconstruir parte del entorno subjetivo del momento y eso es bien difícil. Nicolás Casullo (2006) sostenía que la Argentina tiene una imposibilidad política e intelectual, de llamar por su nombre a una gran parte de su pasado violento y trastocador.

Otros momentos, otras experiencias históricas se han ganado una explicación que diera cuenta de sus revoluciones derrotadas, de la disolución de proyectos que se instituyeron como portadores de un cambio social radical, como alumbradores de una nueva era.

La pregunta es si persisten voces y voluntades dispuestas para construir ese relato en Argentina. Veamos

Un amigo me preguntaba si 1975 fue la consecución lógica de 1974 o bien prefiguró un 1976 inevitable. Bueno, no tributo a la idea de lo inevitable en la Historia…. pero… si pensamos en la fuerza arrolladora del capitalismo con toda su capacidad represiva, más aún con la nueva etapa de acumulación iniciada en los ‘70, entonces hay que prestar atención a esas preguntas.

Era esperable que se pusieran en marcha todos los mecanismos que liquidaran el intento de la clase obrera y popular de disputar poder a la burguesía. Una línea de interpretación para “los setenta” (supongamos 1966-1976) es precisamente que un ascendente porcentaje de la sociedad comenzó a cuestionar las relaciones sociales que imponía el capitalismo, y sus luchas amenazaron la capacidad de acumulación de la burguesía. En esa clave, entonces sí decimos que “pasó lo que tenía que pasar”. El aparato represivo en su conjunto se fortaleció ostensiblemente en esa década y concomitante con eso, la izquierda revolucionaria y el sindicalismo clasista y combativo fueron obligados a la clandestinidad. Y la clandestinidad conlleva la adopción de estrategias que están lejos de lo asambleario; este sí es un punto clave para discutir el “repliegue”.

¿Qué recibió y que legó 1975? Recibió un proyecto (heterogéneo, discutible, incompleto, etc. etc.) de sociedad socialista, unas fuerzas armadas cada vez más entrenadas y resueltas a la represión y miles, miles de voluntades militantes; legó Monte Chingolo, las Coordinadoras Interfabriles y la APDH. Y decenas de proyectos que tenían a 1976 como horizonte de realización.

Entonces no, no era inevitable.

Historizar a Moyano. Respuesta de Enzo Casá.

Enzo Casá*

Respuesta 1
No estaría demás aclarar que si nos remontamos a la década del 90, Moyano era un dirigente de un sindicato que en cantidad de afiliados era mediano. En el terreno sindical es el gran “beneficiado” con la privatización y destrucción de los Ferrocarriles Argentinos. Dirigentes como José Pedraza de la Unión Ferroviaria aceptaron esa desmantelación llevada adelante por el menemismo a cambio de suculentas prevendas para toda la dirigencia de los cuatro sindicatos ferroviarios. En ese escenario arrasado el 70% del transporte de cargas, se comienza a hacer por transporte automotor. El antiguo dirigente de la MTA comienza a construir su poderío a partir de 1987, el transporte en el sistema capitalista tiene un rol destacado en la circulación de mercancías y creo que no escatimaría ninguna táctica que pueda poner en riesgo su poder. También hay que recordar que tiene representantes en el directorio de la empresa ferroviaria Belgrano Cargas S.A.. Todo “lobby” que pueda hacer en contra de la recuperación del transporte ferroviario estatal lo va hacer sin dudarlo.

Respuesta 2
“Hugo Moyano ha sido Secretario General del Sindicato CABA – Bs. As. desde 1987; mientras que en la FEDCAM, “fue elegido Secretario General en […] 1992, [y] reelecto en los años subsiguientes”. En relación a esto, un representante de una cámara empresaria de transporte y logística, e incluso el propio Hugo Moyano manifestaron lo siguiente:

Ricardo Pérez me decía que yo era el futuro del gremio, y me trajo a Buenos Aires en el ‘83, y vine a colaborar […] tenía llegada a la gente. [Después] hicimos un proyecto de gremio, [con] ideas mías. [Desde] el congreso de Rosario del ‘92, soy dirigente provincial y nacional (Tcherkaski 2001, p. 90).

Moyano, gana en el Sindicato Bs. As. en el ‘87-‘89, yo calculo que en el ‘92, ‘93, cuando se viene la renovación de la Federación, y tras un compromiso que había asumido Ricardo Pérez, [quien] da un paso al costado y, obviamente [teniendo en cuenta que] el sindicato de Buenos Aires debe [representar] más del 50% de la Federación -en cuanto a delegados congresales-, Moyano logró imponerse como secretario general de la Federación. A partir de ahí ya tuvo todo el manejo de Camioneros (Representante Cámara empresaria Transporte y Logística, 2011)”.Gabriela A. Pontoni (2015).

La cita anterior toma palabras del mismo Hugo Moyano intentando legitimarse como ya en sus comienzos lo “veían”, en este caso, un empresario del transporte como un futuro dirigente. Supo construir su poder aplicando la antigua táctica sindicalista peronista “golpear y negociar”. Exigió dentro de las filas del Partido Justicialista su porción de poder (le concedieron diputados y algún senador, de hecho uno de sus hijos es diputado.). También “desembarco” en el terreno de la dirigencia del fútbol argentino: dirige el club atlético independiente, su yerno el “Chiqui” Tapia es el presidente de la AFA, Tiene a su hijo mayor en la comisión directiva de independiente y un cargo en la AFA, aparte dirige la seccional Bs. As. de Camioneros. Otro de sus hijos mas chicos dirige el sindicato del personal de peajes seccional Buenos Aires.

“En el caso de Camioneros, la extensión de su ámbito de representación personal responde a la convergencia de distintos factores. En primer lugar, a las transformaciones del contexto productivo del transporte de cargas automotor en Argentina. Esa reconfiguración sectorial favoreció la incorporación de otras sub-ramas económicas como Logística, Recolección, Correos o Caudales, las cuales alentaron la expansión del sindicato hacia otros colectivos de trabajadores (Delfino & Martín 2008, pp. 85-86).”

Otro tema a destacar sobre el poder de Hugo Moyano es como “agremió” por la fuerza a trabajadores que por su actividad no eran o no tenían que ver con camioneros.

“si sólo se toma como referencia el valor de 1989 (150.000) y se lo contrasta con el actual 2011 (187.000), el incremento alcanza un 25%.” (op. Cit.)

El cuadro anterior nos da una idea del crecimiento de la cantidad de afiliados de la FEDCAM durante el período de la gestión de Hugo Moyano.

En definitiva, lo señalado muestra que la expansión del gremio no ha sido sólo respecto a su alcance personal sino también en lo que refiere a sus recursos económicos. Sin embargo, el deterioro en las prestaciones de salud, producto del incremento de sus afiliados, reveló un fenómeno poco visibilizado y que remite al reclamo directo de los trabajadores hacia la conducción de Camioneros.

La FEDCAM moyanista es una de las organizaciones sindicales que ha sabido “adaptarse” a los vaivenes económicos y políticos que tuvo y tiene el país desde la década del noventa. Supo construir un grupo de dirigentes que siguen los mandatos del “Hugo”. Salvo cambios estructurales en los sindicatos que en el horizonte gremial no se divisan, creo que es muy difícil lograr su desplazamiento.

Respuesta 3

Creo que deberían agudizarse las condiciones que lo llevaron a ser un interlocutor válido entre los trabajadores y la patronal. Digo por ejemplo que los trabajadores se cansen de aceptar los privilegios de estos tipos de dirigentes como Moyano, o sea que se agoten del “roban pero hacen”. Y que la situación política y sindical permita la aparición de dirigentes que representen los intereses de sus compañeros y tengan una vida similar a la de cualquiera de ellos. Que puedan justificar sus bienes económicos con lo producido por su trabajo. Demás esta decir que la fortuna de la familia Moyano es imposible de justificar con el sueldo de un camionero, por más que tengan buenos salarios (SIC)…

La aparición de una nueva generación de dirigentes honestos y luchadores no implica un derrumbe del sistema capitalista, durante la toda la historia del movimiento obrero hubo renovación de dirigentes y a veces dejaron huellas que son un ejemplo y me refiero a Agustín Tosco y otros dirigentes clasistas.

  • Profesor de Ciencias Sociales (Instituto de Educación Superior N° 29 “Galileo Galilei”)
    Actualmente se desempeña en EESO N° 434 “Gral. Las Heras”, en la EETP N°473 “Rodolfo Rivarola” y en la EEMPA N°1147 de la ciudad de Rosario.

Historizar a Moyano.

Destacado

Días atrás nos encontrábamos hablando con unos amigos y conté esta historia. En el siglo XIX, algunas empresas ferroviarias inglesas adquirían los famosos “canales” por los cuales se trasladaba la producción (sobre todo minera). Los adquirían porque eran considerados una competencia para la nueva forma de transporte. Los adquirían para tapiarlos y clausurarlos. Uno del grupo dijo “como hace Moyano”.

Cuál es la delirante razón por la que alguien con la información que brindan los medios de comunicación, puede suponer que el poder de Moyano es idéntico al de las empresas ferroviarias inglesas en el siglo XIX?

Para comenzar a pensar este tema, convocamos a un historiador y a un profesor de Historia. y le realizamos las siguientes preguntas

Pregunta Número 1
¿A nivel mediático y también en la consideración de amplios sectores de la sociedad, es muy común adjudicarle a Hugo Moyano, mucho poder (o poderes). Vulgarmente se ha dicho que “puede parar el país”; que, de acuerdo a sus intereses personales logra “frenar negocios que atentarían contra el uso de camiones en las rutas” ¿Cuál consideras que es el poder real de Moyano?

Pregunta Número 2
¿Como considerás que se ha construido ese poder? ¿tenes una explicación de por qué no ha sido desplazado?

Pregunta Número 3
Pensando que ese poder está enmarcado en determinadas condiciones históricas. Cuáles serían las transformaciones (sistémicas, generales, no su muerte) que lo harían decaer?

Respuesta de César Mónaco

Respuesta de Enzo Casá

Historizar a Moyano. Respuesta de César Mónaco.

César Mónaco*

Respuesta 1
Desde una mirada general y rápida, el poder de Hugo Moyano es muy importante en tanto es uno de los líderes sindicato de camioneros (lo digo por su hijo), y este gremio posee una “posición estratégica” sobre el funcionamiento de la economía del país. Si solo nos remitimos a la distribución de alimentos, en todos sus niveles, (sin considerar otros bienes y servicios esenciales), su capacidad de negociación y presión es mucho mayor que otras organizaciones. Claro que a nivel mediático esto está algo exagerado. Sobre todo por la imagen que, durante décadas, se ha construido de los liderazgos sindicales ortodoxos (y del sindicalismo en general). ¿Una imagen falsa? No, necesariamente; pero sí muy útil a los intereses del poder económico y también del poder político (el conflicto con Cristina Kirchner es un ejemplo de esto último). La recurrente idea, por otro lado, de los sindicatos como “ahuyenta” negocios no expresa más que una falacia reduccionista en la que se toma un aspecto (la “presión”) y se lo exacerba. Mientras tanto, es un hecho la flexibilización laboral por medio de ajustes en los convenios de ramas destacadas de la producción (ejemplo: petroleros). En todo caso, lo importante de las actitudes de avance sobre otros sectores por parte de Camioneros es el conflicto intersindical que genera.

Respuesta 2
Creo que para entender la construcción de ese poder hay que tomar una serie de factores: 1) El primero y estructural está relacionado con los cambios en el modelo económico producido en los últimos cuarenta y cinco años. Estos propiciaron el reposicionamiento del sector servicios dentro del mundo sindical (que durante décadas tuvo un innegable dominio de sindicatos industriales); e implicó a su vez el predominio, prácticamente absoluto, de las distribución de mercaderías por parte del transporte automotor (me refiero a la larga y mediana distancia. Si se quiere, como el ferrocarril bajo el modelos agroexportador). 2) Del anterior punto se desprende la ya citada posición estratégica, que no es única, por supuesto, pero se destaca y pone en uso. 3) La relación histórica del sindicalismo peronista y el sistema político: pertenecen al principal partido pero con una pretensión de autonomía y acción muy notables. Es parte de una singular identidad político-gremial, de origen antaño, que muchos de sus líderes saben recrear y explotar, entre ellos Moyano. Desde mi punto de vista, este plus de autonomía es clave 4) El sindicalismo de negocios emprendido en los noventa tampoco puede desconocerse. El poder económico es muy importante y proviene de múltiples fuentes 6) El liderazgo del propio Moyano: su papel en el MTA bajo el menemismo y la Alianza, y su capacidad de negociación.       

Respuesta 3
Tal vez un cambio en la política de transporte podría mermar en el largo plazo su incidencia. Si te referís a su persona/heredero, quizás la modificación de la ley sindical en busca de una efectiva democracia sindical podría generar condiciones para el fortalecimiento de las oposiciones internas y, por lo tanto, un eventual recambio. Pero estamos muy lejos de eso. El movimiento obrero argentino tiende a esos liderazgos (por diversos factores, sobre todo políticos y culturales).

  • César Mónaco es investigador y docente del área de Historia del Instituto del Desarrollo Humano de la Universidad Nacional de General Sarmiento. Sus indagaciones se centran en la historia social argentina de la segunda mitad del siglo XX, con particular interés en la historia de los trabajadores durante los años sesenta y setenta. Es autor de artículos y ensayos vinculados a la temática, entre ellos: “Sindicalismo y política. El lugar de la UOM en el escenario político nicoleño, 1972-1973” (2020); “Un sindicato siderúrgico: desarrollo y declive de una propuesta gremial para los trabajadores de SOMISA (Argentina, 1965-1973)” (2013); y compilador de Historia y Política. Seis ensayos sobre Eric Hobsbawm, UNGS 2017.

Respuesta

Por Ernesto Bohoslavsky 

Siempre es temerario hacer futurología, especialmente cuando estamos ante una situación sobre la cual parece haber bastante unanimidad de que tiene rasgos tan novedosos como globales, al punto de que las experiencias y los saberes acumulados parecen perder bastante de su capacidad para alimentar la imaginación sobre lo que vendrá.

En todo caso, me figuro que el impacto será eminentemente negativo sobre lxs trabajadorxs, por cuanto la salida de la cuarentena primero y de la pandemia finalmente, lxs dejará en peores condiciones en varias dimensiones. La primera y más evidente es que lxs trabajadrxs están viviendo y seguirán viviendo un proceso de empobrecimiento material a causa de que la recesión, el desempleo y la inflación se siguen descargando de manera especialmente duras sobre ellxs: y esto ocurre no luego de transitar unos años de vacas –relativamente- gordas sino el tiempo de la economía policía macrista, que les resultó crudamente lesiva. 

La segunda y quizás más relevante consecuencia que adivino tiene que ver con un incremento de la fragmentación y de los factores de diferenciación de la clase trabajadora, en desmedro de aquellos elementos –organizativos, identitarios, políticos, de consumo- que estimulaban, siquiera en el horizonte de lo imaginario, alguna forma de unidad. La pandemia reforzó la relevancia que para la vida de los trabajadorxs tiene su pertenencia a alguna rama específica de la actividad económica: alguien empleado en las tareas “esenciales” debía seguir asistiendo a sus ámbitos laborales, mientras que los que no pertenecían a esas tareas quedaron eximidos de desplazarse y de cumplir horarios. Lxs que tenían una relación formalizada de dependencia laboral siempre tuvieron –y ahora tienen comparativamente muchos más- derechos, ingresos y protección que quienes están en la intemperie regulatoria. Quienes cumplen con horarios fijados por la patronal (o al menos negociados con ella) no tienen las mismas condiciones que quienes descansan su supervivencia en la auto-explotación hasta el límite de las fuerzas. Las “nuevas oportunidades” laborales que  abrió la crisis muestran la peor cara de la flexibilización laboral (horaria, contractual, salarial, etc.) y es difícil de creer que sobrevendrá una rápida, y sobre todo, eficiente, tarea de inspección o de regulación estatal.

La tercera consecuencia que adivino remite al orden de las organizaciones colectivas. Las principales reacciones demandando que el Estado nacional o los gobiernos locales brinden algún tipo de protección no provinieron de los sindicatos, sino de movimientos sociales de base territorial (y de las corporaciones empresariales). Fueron principalmente organizaciones de residentes de barrios irregulares y marginales los que mostraron mayor capacidad para hacer escuchar su voz, y a la vez fueron los que peor la pasaron, los que vieron más de cerca la desidia estatal, el gatillo fácil y el desdén clasista. Los reclamos de ingresos básicos permanentes no han tenido mayor acogida entre los sindicatos y probablemente entre los trabajadores, que siguen confiando en obtener ventajas  sectoriales o corporativas más que en promover modelos alternativos de país. Pienso por ejemplo que la crisis desató buenas oportunidades para discutir dos grandes temas: ¿tiene sentido seguir sosteniendo un sistema de salud tan fragmentado y desigual a nivel territorial y social como el argentino?, ¿cuánto vamos a esperar para enfrentar el pavoroso problema del acceso a la vivienda que tiene nuestro país? El problema es que estos temas no parecen estar incorporados a las agendas de organizaciones de alcance nacional, con presencia territorial o peso político.  

Respuesta

Por Laura Pasquali

La experiencia del Aislamiento Social Obligatorio (ASO), quedará –entre otras cosas- sellado en la subjetividad de las y los trabajadores con la problemática de la organización.

¿Qué más, que encontrarnos cuerpo a cuerpo con nuestrxs compañerxs de trabajo, define al colectivo obrero? El aislamiento nos ha obligado, sin querer, desde el primer día a pergeñar cómo nos encontraríamos y a poco andar, a mirar con melancolía el calendario sindical de asambleas, reuniones de comisión interna y cronograma electoral.

Algunas, desde la virtualidad –vía plataformas de videoconferencias- y a sabiendas que la conectividad tiene muchas limitaciones fuimos construyendo un espacio, un lugar de encuentro para que el aislamiento social obligatorio no nos conmine al silencio.

La experiencia de las nuevas formas de organización será una novedad, un aprendizaje… y una carga para la clase obrera (consideración ampliada de clase obrera, tal como propone Antunes). Parafraseando a los movimientos antiglobalización, diremos: “que la organización sea tan virtual como la ofensiva patronal”, aunque ella lleve la delantera: el trabajo remoto no es primicia, como tampoco lo es la habilidad de las clases dominantes para incrementar la productividad del trabajo.

Para lxs activistas sindicales, el ASO traerá otras formas de militancia, otras estrategias para conquistar la voluntad de lxs compañerxs, pues la construcción colectiva es más necesaria que nunca: pasa frente a nosotrxs el tratamiento express de una ley que regule el “tele trabajo”. Mientras dirigentes políticxs y burócratas sindicales celebran a puertas cerradas la ausencia de miles de personas movilizadas en las calles, nosotras y nosotros, trabajadorxs “esenciales”, del Estado y del ámbito privado; docentes, migrantes, trabajadorxs de la economía social, de la salud, campesinxs y jornalerxs buscamos otras, nuevas, formas de organizarnos para resistir.

Finalmente, en caso de que ocurra alguna desmemoria, el aislamiento también viene a recordarnos que existe una dialéctica entre lo público y lo privado, lo personal y lo político…entre lo laboral y lo doméstico. Con toda brutalidad, el espacio del trabajo irrumpió en nuestros hogares y atender eso implica también otras estrategias de organización que en muchos casos sigue apelando a las redes de solidaridad.

Difícil escenario para pensar una prospectiva, pero no más que cada uno de los desafíos que históricamente afrontó la clase obrera.

La clase trabajadora de Argentina ante la pandemia

Por: Andrés Carminati

Sin dudas atravesamos un período dramático para los sectores subalternos. Después de cuatro años signados por el ajuste, la destrucción de puestos laborales, los tarifazos y el aumento de la pobreza y la indigencia, nos topamos de frente con una pandemia de carácter global que ha profundizado todos los males anteriores. Si el mundo ya estaba atravesando los efectos de la crisis capitalista y la guerra comercial, la extensión de la pandemia llevó la paralización económica a cifras impensadas y sólo comparables con la depresión de los años ‘30 del siglo XX.

En Argentina, cuando se implementó el Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio, se revelaron rápidamente los números brutales de la tercerización, el monotributismo e informalidad que cunden en los sectores trabajadores. Cuando el gobierno aprobó el Ingreso Familiar de Emergencia (IFE), para intentar paliar la situación de quienes no tenían ingresos fijos, el programa estaba pensado para llegar a unos 3 millones de aspirantes, se inscribieron más de 8 millones. La pifiada gruesa le terminó costando el cargo a quien fuera director de ANSES, Alejandro Vanoli.

Mientras tanto, en los sectores formales han abundado las suspensiones, cesantías, junto a diversas maniobras empresariales tendientes a volcar los costos de la pandemia sobre la clase trabajadora. Luego del fracaso del decreto anti despidos, el gobierno lanzó el Programa de Asistencia de Emergencia al Trabajo y la Producción (ATP), pensando en asistir a las PyME, donde el estado se compromete a cubrir el 50% de los salarios de los empleados del sector privado. La presión de los sectores concentrados forzaron la inclusión de las grandes empresas, e incluso filiales de multinacionales. Al mes siguiente las noticias dieron cuenta que muchos CEOS habían cobrado la mitad de sus ingresos a través del ATP, es decir del estado, mientras muchos aspirantes a la IFE habían quedado afuera.

En el AMBA la flexibilización de la cuarentena está llevando a multiplicar los contagios en el mundo laboral. Ya han saltado casos en varias empresas privadas, mientras que el personal de la salud es proporcionalmente uno de los más afectados del mundo. En la mayor parte de los espacios de trabajo se denuncia el incumplimiento de los protocolos, la indiferencia frente a las denuncias de casos sospechosos y la falta de cuidados. Las ganancias capitalistas siguen siendo más importantes que las vidas de lxs trabajadorxs.

Un capítulo aparte merece el trabajo docente, en sus diferentes niveles, donde la mezcla de improvisación, exigencias oficiales, dificultades y desigualdades técnicas han redundado en una multiplicación exponencial de las horas trabajadas, niveles de stress crecientes y un deterioro salarial acuciante. Experiencias similares han vivido todos aquellos sectores que pudieron adaptarse a formas de trabajo a distancia. La irrupción del tiempo del trabajo en los hogares ha roto la intimidad y quebró los límites de la jornada laboral.  

En los sectores más vulnerables de la clase trabajadora, se multiplicaron las ollas populares. Espacios que habían estado cerrados por años debieron volver a abrir. Los que estaban abiertos debieron multiplicar las raciones, valiéndose de donaciones particulares y reclamos a los diversos niveles estatales. La prohibición de circular afectó a miles que viven de diferentes «changas». Y en este sentido se visibilizaron las abismales diferencias sociales a la hora de cumplir con el «quedate en casa».

Los aciertos sanitarios del gobierno se ven limitados por la incapacidad de afectar, mínimamente, los intereses de la gran burguesía. Los costos de la crisis, penden cada día más sobre las cabezas de quienes vivimos del trabajo, mientras los más poderosos, con fortunas inconmensurables, se niegan a hacer una contribución mínima. Y pretenden mantener la producción y circulación de mercancías y servicios a costa de nuestra salud. Resulta imperioso construir otra agenda, donde la vida digna ocupe el centro de la política. Donde la riqueza social sea repartida de una forma justa. 

Vivimos un capítulo de una crisis global, que promete extender sus consecuencias en el largo plazo. Todo hace prever que sus efectos sociopolíticos y económicos no se diluirán rápidamente con el descubrimiento de la vacuna, todo lo contrario.

Finalmente, durante la pandemia ha quedado patente que no hay máquinas que trabajan solas, capital financiero que se auto valoriza, ni empresarios que «hacen que las cosas sucedan». El trabajo humano, en sus diversas formas, sigue siendo la fuente de riqueza, lo que mueve al mundo. Esta fenomenal lección práctica no debe pasar desapercibida para quienes vivimos del trabajo. La denominada «nueva normalidad», que emerja después de la crisis actual, no puede hacernos olvidar las profundas enseñanzas que dejan estos días. Y en nuestras prácticas futuras recordar qué trabajos son verdaderamente esenciales, la importancia y centralidad de las tareas de cuidados, la necesidad de sistemas de salud públicos y universales, la futilidad de un mundo articulado alrededor del consumo suntuario, y la urgencia de reconstruir nuestra subsistencia como especie de una manera más armónica con la naturaleza.

Respuesta

Por: Leónidas Ceruti

Ante la consulta de comó veo a la clase trabajadora en
esta situación de pandemia y crisis económica, destaco estos
puntos:
*.-Debilidad de la clase obrera para la defensa de sus
conquistas ante la ofensiva del capital.
*.-Continua y seguirá la traición de la burocracia sindical de la
CGT y de muchas organizaciones que apuestan a la “paz
social”.
*.-Preocupación de cada trabajador de perder el trabajo.
*.-Continua y seguirá la ofensiva de los empresarios sobre los
trabajadores, ahora amparados en la situación de crisis, y por
el parate del mercado por la pandemia, que quieren seguir
viviendo del estado, producto del espíritu rentista de la
burguesía argentina.
*.-Todo ese combo hace que la clase trabajadora salga más
debilitada de la pandemia, y eso será aprovechado por los
patrones para imponer más y más la reforma laboral en lo que
hace a condiciones de trabajo, salarios, más productividad,
más disciplina laboral o sea más explotación. Los patrones no
quieren trabajadores sino esclavos.
*.- La discusión sobre la pérdida de centralidad de la clase
obrera reaparece con fuerza. Hubo siempre intentos de
sustituir a la clase obrera, de hablar en nombre de ella, de
arrogarse su representación. Pero como dice la canción de
Jaime Roos sobre el hombre de la calle: no me hablen más por
él. Por eso es importante el impulsar las asambleas. Hay
momentos en que la clase está apagada y hay momentos en
que reacciona y sale a la calle. En Argentina ha enfrentado
planes económicos, represivos y políticos que buscaban
cercenar su organización y sus luchas. Y ha sabido responder.
*.- Desde hace un tiempo, se vienen dando desde distintos
gobiernos programas anti obreros y anti populares, en lo
económico, político, social, y con represión, que no sólo
buscaban y buscan reducir el salario sino acabar con los

convenios colectivos de trabajo. Muchos ya se modificaron a la
baja. No se pudo sacar la flexibilización laboral en el Congreso
pero los empresarios la están aplicando de hecho. La presión
al interior de las unidades de producción es impresionante.
*.- La respuesta depende de los trabajadores. Se debe dar una
respuesta independiente como clase trabajadora, frente a las
disputas entre los distintos sectores de la burguesía, que se
está dando y se acentuara a la salida de la pandemia.
*.- La huelga es la gran herramienta de la clase obrera, y las
manifestaciones son muy importantes, pero hay que enfatizar
la lucha al interior de la fábrica. Creo que la pelea debe darse
fundamentalmente en los lugares de trabajo, fabricas,
escuelas, bancos, comercios, campo, etc. La pelea debe darse
donde está la verdadera dictadura de la burguesía: en el lugar
de la producción, el lugar sagrado de los patrones.
*.- ¿Y qué pasó cuando la clase obrera no resistió? Llegó la
pauperización, la inmensa desocupación y la pérdida de
conquistas.
*.- Debe impulsarse aquella consigna que venimos
sosteniendo: QUE LOS QUE DELIBERAN, DECIDEN Y
EJECUTAN SON LOS/AS TRABAJADORES/AS
*.- Y por último reafirmo que la clase obrera continua siendo el
sujeto de las transformaciones, a pesar de los esfuerzos de
distintos sectores de sustituirla, de reemplazarla, de buscar
nuevos sujetos “revolucionarios”.

La experiencia histórica de los laburantes pospandemia

Por: Antonio Oliva

Mas allá de que el preciso momento de salida del riesgo de contagio pandémico no está claro aún, se podría pensar que los y las trabajadoras de nuestro país vamos a experimentar un cambio histórico tanto en las condiciones de trabajo, como en la percepción que tenemos de nuestra actividad en la vida cotidiana. Por un lado, la crisis socieconómica se refleja en que aquellos que no han podido sostener trabajos que antes eran estables, en caso de que el mercado de trabajo los vuelva a absorber, una vez terminadas las restricciones de cuidado, dichos trabajos tendrán una situación de aumento de la productividad del trabajo en términos absolutos y relativos en condiciones de contratación más precaria, de mayor inestabilidad en el empleo y menor cobertura social alrededor de los mismos. Por otro lado, una gran masa de trabajadoras/es se verán obligados a cambiar de actividad de manera mucho más constante que antes, tendiendo mucho más que antes a una expectativa de trabajo polivalente (de un enorme abanico de tipos de trabajo) en donde se abandona (aún más) la formación experiencial en un trabajo concreto, mientras que se rota tiempos más breves de un trabajo a otro sin arraigar identidades en ninguno. El tercer aspecto, concierne a que el teletrabajo vino para quedarse, y la experiencia nos dice que esta demanda de home office, divide aún más las desigualdades de acceso al mismo que existían antes del ciclo pandémico, ya que se calcula hoy que el 70% de la fuerza laboral carece de medios técnicos o de los saberes formativos necesarios para trabajar virtual o remotamente. En general, el pensamiento abstracto que vemos en los medios de comunicación nos pinta una situación del teletrabajo en términos de oportunidades ventajosas en donde “las posibilidades de actividad y de búsqueda de empleo ya carece de fronteras geográficas a los fines de encontrar contrataciones, porque el teletrabajo nos abre posibilidades de trabajar globalmente”; lo cierto es que además de agrandar la brecha salarial y de oportunidades de empleo entre los que trabajan con esta modalidad y los que no pueden realizarlo, en la práctica, eximen al capital de proveer los medios de producción con los que las y los trabajadoras/es realizan sus tareas, y debería ser agenda del movimiento obrero (inexistente hasta el momento) exigir que el capital se haga cargo de ser capital en el campo laboral del teletrabajo. Finalmente, la pandemia y su “excepcionalidad” nos coloca en el desafío de pensar hasta qué punto los derechos tradicionales alrededor de la remuneración salarial van a mantenerse en el futuro, convirtiendo lo excepcional en estructural. El límite del capital de mantenimiento de los contratos salariales prexistente se ha roto con el aval de las organizaciones gremiales en su inmensa mayoría, y no vemos razones históricas para que luego de liberados de la situación de aislamiento y distanciamiento social, no se pretenda seguir horadando los techos laborales existentes. 

Pandemia y desdicha

Por: Miguel Mazzeo

Lo diremos con sincera aspereza: en muy poco tiempo los lugares comunes sobre la pandemia alcanzaron las cimas del paroxismo. ¿Qué se puede decir sobre la pandemia que no se haya dicho? Desde la izquierda y el campo popular hemos decodificado la pandemia como un contexto que nos acerca a la confirmación de nuestras certezas respecto de la inviabilidad histórica del sistema capitalista. Apelamos a unos usos oportunistas de la pandemia: nos sirve para demostrar que tenemos razón. Y no falta quien la considere como una ocasión para “acumular”.

En efecto, cada día se torna más evidente que la fórmula “capitalismo salvaje” es un pleonasmo, lo mismo ocurre con expresiones tales como “caos neoliberal”. Esa constatación reduce los niveles de contingencia. Entonces, nos recostamos en las consignas, mantenemos los rituales, nos afincamos en un espacio de interpretación del mundo (que nos brinda seguridad ontológica) y caemos en la trampa de lo absoluto, en los automatismos y las conductas repetitivas, en la escisión de la interpretación y la acción. Generamos un saber que una vez anunciado se torna inerte. El pensamiento deviene meditación. El análisis deviene parálisis. La cuarentena, la separación, la pesadez, la ansiedad, el repliegue individual, la desintegración psicosomática, hacen su parte.   

Pero el capitalismo no tiene conciencia de su decadencia y aunque nosotros y nosotras podamos acceder a esa conciencia; la verdad, triste e irrevocable, es que, en medio de la peste, no estamos en condiciones de anunciar ningún advenimiento. Somos malos y malas profetas de la catástrofe. Malos y malas, porque nuestras profecías sólo remiten a unos análisis de larga duración que, por más lúcidos que sean, no restituyen ningún sentido en el abajo. Nuestras palabras resuenan en un mundo sin eco. Nuestros espacios, aunque sean formidables reservorios de dignidad, siguen siendo pobres en materia de promesa. ¿Para qué sirve la lucidez desencantada?

Detectamos la responsabilidad del capitalismo en la producción y en la administración desquiciada de la pandemia. Percibimos con toda claridad el conflicto capital-vida. Pero ¿cuál es nuestra propuesta para contrarrestar el dominio apabullante del primero? ¿Cómo ayudamos a que ese conflicto adquiera más visibilidad de la que tiene? Lo más importante: ¿cómo hacemos de la vida una fuerza social y política?

Hace ya muchos años que convivimos con tres crisis que se retroalimentan: una crisis de carácter sistémico y civilizatorio del capitalismo, una crisis de la idea que plantea una alternativa viable (y deseable) al capitalismo y la crisis de los viejos significados del socialismo. Identificamos los signos de un mundo que desfallece, pero… ¿acaso sabemos cuánto tiempo se prolongará la sombría tristeza de ese crepúsculo? ¿Qué hacer para que el sistema exhale el último suspiro? ¿Acaso el sistema podrá producir nuevas devociones? ¿Qué vendrá en su reemplazo? ¿Qué alternativa tenemos para ofrecer? ¿Qué nuevos significados del socialismo proponemos? 

La pandemia nutre los géneros apocalípticos que dejan ver su marca en los relatos menos atados al “pensamiento mágico”. Estos géneros, lo reconocemos, son los más adecuados. Porque no quedan demasiadas dudas: de cara a lo que está por venir, esto es sólo un pequeño adelanto.

Ahora bien, ¿de qué sirve constatar la desnudez del rey si éste reina en un campo nudista? Nuestra clarividencia, pues, no sirve para nada. Mientras leemos artículos que hablan del estallido de las contradicciones inherentes al capitalismo, en el seno mismo de las clases subalternas y oprimidas se multiplican los signos del pragmatismo o del escepticismo. La racionalidad neoliberal sigue haciendo su trabajo de zapa, colonizando las subjetividades.  Entonces, para evitar un escenario de barbarie, para evitar que frente a la barbarie respondamos únicamente con el espanto y el horror… ¿no deberíamos reconocer, apesadumbrados y apesadumbradas, que lo mejor sería que las contradicciones no estallen por ahora?  

La función del pensamiento crítico es exagerar la verdad. Y la verdad es que seguimos subordinados a la racionalidad de capitalismo, sin darnos cuenta la reproducimos. La verdad es que no tenemos idea de cómo empezar a desestructurar las relaciones sociales capitalistas. Que no sabemos cómo empezar a erigir una sociedad sin explotación y sin dominación. La verdad es que, por ahora, no tenemos estrategia. No tenemos relato emancipatorio convincente y capaz de masificarse. No tenemos lenguaje común.

Entonces, mañana, cuando la pandemia termine, todo seguirá igual en un plano fundamental. Todo volverá a la “normalidad”, a una normalidad hecha de “anomalías normales”. Probablemente se pondrá a prueba, nuevamente, la enorme capacidad de regeneración de la concepción burguesa del mundo que arruina el mundo. Y, tal vez, nosotros seguiremos recostados en nuestras consignas y cómodamente instalados en nuestro espacio de interpretación del mundo, creyendo que la razón puede mover algo por sí misma, dedicados a romantizar fragmentos desinfectados, aferrándonos a las partes menos contaminadas, practicando otro tipo de aislamiento.