Cambia, todo cambia (o casi todo). Notas para pensar los catolicismos contemporáneos (y los pañuelos celestes)

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Diego Mauro

Investigador del CONICET y docente y coordinador del Doctorado en Historia de la UNR. https://www.ishir-conicet.gov.ar/mauro-diego-alejandro/

Cuando hablamos de la Iglesia católica o del catolicismo solemos presuponer que se trata de un actor homogéneo y, en consecuencia, construimos sentencias del tipo: la Iglesia dice o la iglesia hace, el catolicismo quiere o el catolicismo rechaza… etc. Pero, en realidad, la Iglesia y el catolicismo están lejos de constituir una entidad uniforme. Si tuviera que definirlos rápidamente diría que son, más bien, una constelación de actores, atravesados por ideologías, tendencias teológicas, espiritualidades y concepciones sociales y políticas distintas, incluso contrastantes. Un terreno, además, en el que esas diferencias –a veces solapadas, a veces estridentes– se transforman frecuentemente en disputas y conflictos. Dicho de otra manera: un campo donde sus participantes luchan y dirimen cotidianamente la definición de las fronteras y los contenidos del catolicismo. El Papa existe, claro está, y tiene autoridad, no estoy negando eso. La Iglesia contemporánea, a diferencia de la medieval o la colonial, es efectivamente una institución centralizada, burocratizada y con una cierta capacidad de control y disciplinamiento. Pero, de nuevo, insisto, no hay que perder de vista dos cosas: primero que la autoridad –incluida la del Papa– no deja de ser recurrentemente cuestionada o, lo que es más frecuente,  desobedecida sin mayores explicaciones; segundo, que el Papado es la cabeza de la Iglesia pero también, al mismo tiempo, uno más de los actores que disputan espacios y poder en el mundo católico. Un actor importante, no hay dudas de ello, pero no necesariamente el más importante siempre ni siquiera en cuestiones dogmáticas. Desde ya, incapaz de imponer su voluntad a ese universos de grupos, tendencias, episcopados, comisiones, congregaciones, órdenes, asociaciones, universidades, ateneos, ONGs, etc. que forman parte de las estructuras institucionales de la Iglesia o se reconocen católicas. Veamos un ejemplo concreto en el marco de la pandemia. Desde Roma, Francisco pidió acompañar las medidas sanitarias de los Estados. Él mismo apoyó en Italia las políticas del gobierno. Sin embargo, ese pedido no le impidió al arzobispo emérito de La Plata, Héctor Aguer, o a la Corporación de Abogados Católicos, por mencionar dos casos, acusar al gobierno argentino de estar limitando la libertad religiosa y de adoptar posiciones autoritarias. La postura de Aguer, por otro lado, no le impidió al obispo de San Justo, Eduardo García, considerar que las católicos que pedían volver a misa tenían una fe débil, que necesitaba de los sacramentos como si fueran un Redoxon espiritual. Tampoco le impidió acusarlos de egoístas y cuestionar su pertenencia a la Iglesia puesto que pedían por las misas pero no por la educación, la salud y la ayuda a los pobres. Además, en dicha declaración, agregaba, “de muy poco servirá la reapertura gradual de los templos si no hay una reapertura radical de la Iglesia de cara a la realidad, sin ombliguismos pseudo religiosos de autocomplacencia”.

Si nos remontamos a los años setenta las grietas se escribían incluso con sangre: el provicario castrense monseñor Victorio Bonamín, por ejemplo, alentaba ideológicamente y ofrecía contención espiritual a quienes se encargaban de torturar y asesinar a otros miembros de la Iglesia. Ambos, obviamente, se reivindicaban católicos y tenían sus razones. Con esto, a lo que quiero llegar, es que uno de los principales desafíos que enfrenta cotidianamente la Iglesia católica contemporánea como institución global es justamente la de la unidad. Una unidad que damos por supuesto cuando predicamos inocentemente cosas que pensamos hace o dice la Iglesia y/o los católicos.

Cambios y permanencias

Otro obstáculo importante para entender el mundo católico es el supuesto de la permanencia. La idea harto repetida de los “2000 años de historia”. Es cierto que desde lejos puede parecer que las cosas no cambian mucho en la Iglesia, en parte porque los Papas y los obispos se encargan de repetirlo. Pero basta mirar con atención cualquier aspecto institucional, teológico o incluso doctrinal para que dicha ilusión se disipe. Sin ir más lejos, durante la segunda mitad del siglo XIX, el matrimonio civil fue decididamente combatido por obispos y sacerdotes para luego, sencillamente, ser aceptado, al punto que hoy es algo que ni siquiera se les ocurriría considerar cuestionable a la mayoría de las y los católicos. De igual manera, por entonces se consideraba que el Estado moderno y el nacionalismo era enemigos feroces que había que enfrentar sin concesiones. Solo unas pocas décadas después, en uno de los virajes sin dudas más impresionantes en la historia del catolicismo contemporáneo, fueron aceptados y, de hecho, se convirtieron en aliados estrechos en muchos países. En el terreno de la cuestión social, por su parte, los cambios fueron igualmente acentuados: de combatir toda organización sindical se pasó en poco más de medio siglo, tras el papado de León XIII, a alentar el sindicalismo católico y a aceptar el derecho de huelga. Por supuesto, en coexistencia con sectores que, en cada caso, siguieron defendiendo las ideas precedentes sin por ello dejar de ser parte de la Iglesia. Por otro lado, si miramos la posición de la Santa Sede y de los episcopados nacionales sobre los partidos políticos católicos a lo largo del siglo XX, las posturas se multiplican al infinito: si, no, a veces, nunca, un poco, jamás, de vez en cuando, si pasa tal cosa, si pasa tal cosa pero no pasa tal otra, etc.  Un último ejemplo más reciente: como arzobispo de Buenos Aires, Bergoglio consideró hace apenas diez años que la ley de matrimonio igualitario era parte de un plan del Diablo. Solo unos años después, como Papa, comenzó a abogar por una postura de comprensión hacia la comunidad LGTB. Asimismo, a lo largo de estos años, las diferentes posturas al respecto, no impidieron –más allá de resistencias y objeciones–  que se avanzara con una pastoral específica para mujeres trans.

A todo esto, las y los especialistas –historiadores, sociólogos, antropólogos– le llamamos secularización interna que quiere decir, sencillamente, que las instituciones religiosas cambian en diálogo y en interacción con las sociedades de las que forman parte. Dicho con total simpleza: que tienen historia, como cualquier otro fenómeno, y que esa historia no es hegeliana o escatológica –es decir, no sigue un plan de Dios o un sentido lineal y trascendente–. Es, en todo caso, el resultado de una infinidad de vectores que es preciso desentrañar en cada caso.

Por tanto, uno de los principales desafíos cotidianos de la Santa Sede es encontrar, frente a tantos cambios y tanta diversidad interna, algunos mojones que delimiten una identidad, tracen una frontera y generen un sentido de pertenencia. De nuevo: con esto no estamos negando la existencia de un fondo doctrinal y ritual específico sino su insuficiencia para dar encarnadura a una identidad más o menos definida en la vida cotidiana. Un católico puede ser y hacer casi cualquier cosa. Puede ser de izquierda o de derecha, escuchar chamamé, jazz, cumbia o tango. Puede ir a misa todos los días, los domingos o nunca. Puede ayudar a los demás o quedarse en su casa. Puede recibir los sacramentos con regularidad o en contadas ocasiones. Puede apoyar la intervención del Estado en la economía o exigir la total desregulación de los mercados. Puede ver filmes de acción y/o comedias románticas. Puede rezarle a María, a Jesús y/o a algún santo tanto como puede invocar al Gauchito Gil, a la Energía o a la Difunda Correa. Puede no rezar en absoluto. Puede creer que los milagros forman parte de la vida cotidiana o puede considerar que son fenómenos totalmente excepcionales. Puede casarse o permanecer soltero. Puede tener muchos hijos, pocos o ninguno. Es cierto que el uso de la mayoría de los métodos anticonceptivos no es doctrinalmente aceptable, pero para el grueso de los fieles y también del clero se trata de algo permitido… y así podríamos seguir…

El problema entonces es, una vez más, cómo se delimita lo católico. Qué quiere decir ser católico hoy en día.

Una piedra firme para edificar “una” Iglesia. La interrupción voluntaria del embarazo (IVE) y la unidad del catolicismo

Los últimos años demostraron que la oposición a la ley de la IVE es considerablemente popular entre las y los católicos. Obviamente, hay excepciones y, claro está, las mujeres católicas también abortan. Acompañadas, en muchos casos, incluso, por laicos, curas, religiosos y religiosas. Pero en términos de posicionamiento se trata de un tema en el que, a diferencia de tantos otros, predominan las coincidencias. En todo caso, las diferencias son de énfasis y de forma más que de fondo.  Hay quienes mantienen una postura condenatoria y estigmatizante, y quienes, por el contrario, acompañan y alientan una actitud más comprensiva y moderada, en sintonía con la posición de Francisco. De hecho, desde 2016, la Santa Sede introdujo un cambio importante: el aborto dejó de ser un pecado que debía ser absuelto por un obispo o un delegado especial para pasar ser una falta perdonada por cualquier sacerdote. Un cambio que, desde la otra orilla puede parecer cosmético, pero que en realidad implica una transformación sustantiva en la forma en que las mujeres católicas sobrellevan la realidad de sus abortos. En este sentido, la posición misericordiosa y menos estigmatizante que impulsó Francisco implica flexibilizar el perdón y adaptar la Iglesia frente a una realidad innegable y a una batalla que se sabe perdida. No obstante, al mismo tiempo, dicha postura no deja de subrayar la gravedad de la falta y de esa manera la convierte en una de las pocas cosas aceptadas por el grueso de la feligresía y, más importante aún, por la mayoría de los sectores y tendencias dentro de la Iglesia. No deja de haber voces disidentes, claro está, como ocurre con las Católicas por el derecho a decidir o con algunas teólogas feministas, también con algunos fieles, pero en líneas generales el rechazo a la IVE es por ahora considerablemente generalizado y funciona, en cierto modo, como una poderosa fuerza centrípeta que unifica y mantiene cohesionada la constelación de grupos y tendencias: desde los Curas en opción por los pobres, de posiciones sociales y económicas en muchos casos de izquierda, hasta los sectores más tradicionalistas que quieren volver a celebrar la misa en latín y defienden las posturas pro mercado de Juan Pablo II. Se trata, además, de una bandera que ha vuelto a poner a los católicos en las calles y a movilizar a muchísimas jóvenes católicas que encuentran allí una bandera para agitar con orgullo, una marca de identidad que se yergue con fuerza frente a unos otros que, ahora sí, se dibujan con más nitidez. Se lo vio en las movilizaciones del 2018 y en los congresos y encuentros de la juventud organizados en Argentina desde entonces. Se trata, además, de una disputa en la que, simbólicamente, los católicos han logrado construir consignas potentes como “A favor de la vida” o “Defendiendo la vida”. Por supuesto, todo esto no quiere decir que, en el futuro, este fervor no pueda declinar o que la postura doctrinal de la Santa Sede no cambie, como ha ocurrido tantas veces, pero, de momento, me inclino por pensar que la lucha contra la IVE seguirá en pie y se mantendrá en un lugar relevante. Entre otras cosas, porque se trata de una batalla que va mucho más allá de la cuestión del aborto en sí mismo. Mirada en perspectiva histórica, se trata una lucha estratégica para la cohesión de la Iglesia. Un combate decisivo para doblegar, hacia adentro, la tensa diversidad que constituye al catolicismo. Muy pocas cosas pueden cumplir esa función centrípeta. Parece poco probable que quienes ocupan la silla de Pedro renuncien a ella, al menos mientras haya tantos, laicos, clérigos, religiosos y religiosas dispuestos a llevar en alto el pañuelo celeste.    


1975. ¿Prólogo o epílogo?

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Días atrás, a partir de un posteo de Esteban Pontoriero sobre el Operativo Independencia, nos quedó la gran duda sobre la potencialidad del año 1975 para explicar lo que vendría. Un año que fue como una versión beta del 76 y también una resaca del 74. Aunque se intentara sostenerlos, los perfiles institucionales se fueron desdibujando: tanto en los acuerdos internos del peronismo como en el accionar de las fuerzas represivas.

Entonces dijimos: vamos a convocar al mismo Esteban Pontoriero y a Laura Pasquali para hablar de ese año tan especial que ha quedado sandwicheado entre dos pesos pesados. En un punto, se le parece a 1944, por poner un ejemplo, un año bisagra, de apertura entre dos escenarios muy distintos.

A 45 años: el “momento 1975” y los orígenes del terrorismo de Estado en la Argentina

Esteban Pontoriero (UNTREF/IDAES-UNSAM/CONICET)

Cuando esto ocurre [la suspensión total del orden jurídico vigente], es evidente que mientras el Estado subsiste, el derecho pasa a segundo término. Como quiera que el estado excepcional es siempre cosa distinta de la anarquía y del caos, en sentido jurídico siempre subsiste un orden, aunque este orden no sea jurídico. La existencia del Estado deja en este punto acreditada su superioridad sobre la validez de la norma jurídica. La “decisión” se libera de todas las trabas normativas y se torna absoluta, en sentido propio. Ante un caso excepcional, el Estado suspende el Derecho por virtud del derecho a la propia conservación.1

El 16 de febrero de 1975 en la plaza de armas del Regimiento Patricios de Mendoza se llevó a cabo el velatorio del capitán Héctor Cáceres, muerto unos días antes en el monte tucumano durante un enfrentamiento con miembros del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP). El hecho se produjo en un contexto particular: desde los inicios de ese mes el Ejército argentino se encontraba realizando una acción represiva y de exterminio en gran escala para eliminar el “foco rural” que esa organización político-militar había establecido en la provincia de Tucumán. En el funeral del oficial muerto, el general Leandro Anaya, Comandante en Jefe del Ejército, expresó:

El 29 de mayo próximo, al conmemorarse el aniversario de la fuerza, manifestaré: “el país ha definido claramente la forma de vida dentro de la cual desea desenvolverse. El gobierno, respaldado por los sectores más representativos del quehacer nacional, ha adoptado la firme determinación de hacer efectivo dicho mandato” […]. Dije en una oportunidad: “el Ejército está preparado para caer sobre la subversión, cuando el pueblo así lo reclame a través de sus legítimos representantes”. El pueblo lo ha reclamado. El Ejército cumplió.2

Lo señalado hasta aquí plantea una serie de interrogantes en torno a esa coyuntura: ¿cómo y por qué el arma terrestre llegó a ocuparse de la realización de tareas represivas? ¿Cuál fue el papel que cumplieron las autoridades políticas en ese proceso? ¿Por medio de qué marco legal se habilitó el uso del Ejército en el orden interno? ¿A quién o a quiénes habían definido como el enemigo los hombres de armas y el gobierno? ¿En qué tipo de conflicto interno creían estar involucrados los actores políticos y militares?

Hacia fines de 1975 ya estaban disponibles dos factores centrales de la represión clandestina que ejecutarían las Fuerzas Armadas con el Ejército a la cabeza: un abordaje para la guerra interna y un marco legal que habilitaba un estado de excepción. Se contaba con una teoría y una práctica para la contrainsurgencia desde los años finales de la década del cincuenta. A su vez, el gobierno peronista de María Estela Martínez de Perón (1974-1976) dictó un conjunto de decretos que edificaron una creciente excepcionalidad jurídica. Este proceso poseía importantes antecedentes en las dictaduras militares de la “Revolución Libertadora” (1955-1958) y de la “Revolución Argentina” (1966-1973) y en las presidencias constitucionales de Arturo Frondizi (1958-1962) y de Arturo Illia (1963-1966). Durante el mandato de Martínez de Perón se dictaron el estado de sitio en noviembre de 1974 y los decretos “de aniquilamiento de la subversión” al año siguiente.

En los primeros días de febrero de 1975, el Poder Ejecutivo convocó al arma terrestre para darle la mayor responsabilidad en materia represiva: lograr la derrota y el exterminio del “foco guerrillero” que el ERP había instalado en una zona rural de la provincia de Tucumán desde algunos meses atrás. Luego del ataque de la organización político-militar peronista Montoneros al Regimiento de Infantería de Monte 29 en la provincia de Formosa en octubre, aquella responsabilidad tomó un carácter nacional mediante el decreto 2772. Las autoridades políticas y militares consideraban que en la coyuntura de 1975 la defensa y el resguardo de la República justificaban la suspensión de partes sustanciales del orden jurídico para garantizar su supervivencia ante una amenaza caracterizada por ambos actores como “subversiva”.

¿Por qué el Ejército recurrió a prácticas represivas clandestinas que no figuraban o estaban prohibidas en los reglamentos elaborados por la propia institución desde la incorporación de las nociones contrainsurgentes? La respuesta a esa pregunta debería tomar en cuenta una serie de factores: la influencia ejercida por el pensamiento contrainsurgente y las prácticas criminales que éste avalaba; la amnistía generalizada de los presos políticos capturados y juzgados durante la “Revolución Argentina” ocurrida durante la presidencia de Héctor Cámpora (mayo a julio de 1973); la situación ventajosa que le daría a los militares desde el punto de vista operativo, asegurando la efectividad y la impunidad por las tareas ilegales que éstos realizaran; la probada eficacia del terror entendido como un arma de guerra contra los opositores políticos y, por último, la masacre debía esconderse para el resto del mundo y especialmente frente a los eventuales reclamos que pudiera realizar la Iglesia Católica como ya había ocurrido con las ejecuciones que tuvieron lugar en la dictadura del general Augusto Pinochet en Chile (1973-1990).

El Ejército condensó una serie de principios para guiar su accionar contra los opositores políticos o aquellos individuos o colectivos percibidos como tales. Se había definido un enemigo, la “subversión”, caracterizado por estar oculto entre la población, su extremismo ideológico y de métodos, operar en varios frentes y buscar la toma del poder para transformar de raíz los supuestos fundamentos políticos, culturales, religiosos y económicos de la Argentina. Se había delineado una estrategia represiva y de aniquilamiento que, entendida como una “guerra antisubversiva”, se basaba en la conducción centralizada y la ejecución descentralizada: esto brindaba ciertos niveles de autonomía a las jerarquías inferiores. Estos principios fueron la culminación de un recorrido formativo y de elaboración doctrinaria iniciado en 1955.

Las máximas autoridades de la fuerza habían decidido el exterminio del enemigo. Desde el “Operativo Independencia”, el concepto de “aniquilamiento” se convirtió en el ordenador de las prácticas represivas. No obstante, los militares en soledad no hubiesen podido imponer sus ideas y encarar la “lucha antisubversiva” si no hubieran contado con el aval político que solamente las máximas autoridades del gobierno les podían otorgar.

Los secuestros, las torturas, los centros clandestinos, los asesinatos masivos, las desapariciones, las variadas formas de destruir o esconder los cuerpos –es decir, una gran parte de las prácticas asociadas con el terror estatal– no figuran en las fuentes militares, como por ejemplo las directivas o los reglamentos. Por esto mismo, los límites de una empresa historiográfica que se proponga el análisis de las normativas, reglamentos, cursos, y demás fuentes militares escritas se establecen en el momento en el que se intenta traspasar su contenido al mundo de las prácticas de violencia criminal desplegadas por el Ejército.

A pesar de estas dificultades se constata que muchas de las ideas contenidas en esos materiales parecen haber servido para la organización de la masacre. Esto se refuerza si se tiene en cuenta que para los militares los reglamento imponían cursos de acción obligatorios antes que sólo sugerencias y recordando siempre la importancia de la instancia de apropiación e interpretación por parte de los soldados.

Para que los militares pudieran llevar adelante su accionar debieron releer esos documentos y los aprendizajes realizados a la luz de su situación concreta en 1975, momento en el que se procesó y realizó un primer balance de la experiencia vivida desde el retorno democrático de 1973. Es plausible imaginar que los hombres de armas hayan podido encontrar en los textos y conocimientos de varios años antes una serie de lineamientos teóricos y prácticos para su objetivo criminal.

El “momento 1975” refiere al punto en el que un conjunto de elementos diacrónicos confluye con otros de tipo sincrónico. Una serie de procesos de largo plazo (desarrollos doctrinarios, jurídicos, de imaginarios, de estructuras organizativas y de prácticas) se imbricaron con otros de corta duración (un diagnóstico de coyuntura, usos, apropiaciones, prácticas represivas, una convocatoria presidencial a la “lucha antisubversiva” y un contexto de crisis política, económica e intragubernamental) dando lugar al surgimiento de un determinado fenómeno histórico, en este caso la represión clandestina y su cara más brutal: el exterminio secreto.

En los prolegómenos del golpe militar de 1976 la seguridad interna se hallaba completamente integrada a la esfera de la defensa nacional, más que en ninguna de las otras coyunturas previas aquí estudiadas. La lógica del estado de excepción, existente en diferentes momentos entre 1955 y 1976, creó una situación compleja respecto del marco constitucional. La incorporación de las FF.AA. a la esfera de la seguridad interna para ejecutar tareas represivas se realizó mediante una legislación de defensa atravesada por el imaginario de la “guerra contrainsurgente” que permitía suspender una parte de las garantías constitucionales y que avalaba la implementación de un conjunto de prácticas represivas sostenidas en ese marco legal de emergencia. Por consiguiente, desde la lógica castrense no existía una ruptura entre el orden legal y la acción clandestina: la introducción de un marco de excepción les daba a los militares la primacía en la represión y exterminio de la “subversión”. Una serie de decretos confirmaba la percepción del Ejército de estar inmerso en una guerra que –es importante remarcarlo– implicaba la realización de acciones criminales.

Los pares dicotómicos estatalidad/paraestatalidad y acción pública/acción clandestina en un marco de excepción también pierden su operatividad para el análisis histórico: deben abordarse considerando sus cruces y porosidades. Para finalizar, a partir de 1975 la acción represiva y de exterminio se movieron en una “tierra de nadie” creada por la combinación de la excepcionalidad jurídica con la contrainsurgencia. Este proceso tuvo como condición de posibilidad los desarrollos doctrinarios y gubernamentales previos.

Bibliografía recomendada:

Águila, Gabriela, Garaño, Santiago y Scatizza, Pablo, comps (2016). Represión estatal y violencia paraestatal en la historia reciente argentina. Nuevos abordajes a cuarenta años del golpe de Estado, pp. 129-158. La Plata: Universidad Nacional de La Plata, en línea en: http://www.libros.fahce.unlp.edu.ar/index.php/libros/catalog/book/63.

D’Antonio, Débora, comp (2018). Violencia, espionaje y represión estatal. Seis estudios de caso sobre el pasado reciente argentino. Buenos Aires: Imago Mundi.

Franco, Marina (2012). Un enemigo para la nación: orden interno, violencia y “subversión”, 1973-1976. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica.

Novaro, Marcos y Palermo, Vicente (2006). Ladictaduramilitar19761983:delgolpedeEstadoala restauración democrática. Buenos Aires: Paidós.

Ranalletti, Mario (2009). “Contrainsurgencia, catolicismo intransigente y extremismo de derecha en la formación militar argentina. InfluenciasfrancesasenlosorígenesdelterrorismodeEstado(1955-1976)”. En Feierstein, Daniel, comp. TerrorismodeestadoygenocidioenAméricaLatina, pp. 249-281. Buenos Aires: Prometeo Libros.

Robin, Marie-Monique (2005). Escuadrones de la muerte: la escuela francesa. Buenos Aires: Sudamericana.

Scatizza, Pablo (2016). Un Comahue violento: dictadura, represión y juicios en la Norpatagonia Argentina. Buenos Aires: Prometeo Libros.

1 Carl Schmitt. Teología política. Cuatro ensayos sobre la soberanía. Buenos Aires, Struhart & Cia, 2005, p. 30.

2 Clarín, 17 de febrero de 1975, p. 5.

¿Repliegue? Ideas sobre algunas militancias en 1975

Laura Pasquali (UNR; ISHIR; AAIHMEG)

Hay años que admiten una periodización en sí mismos: 1945, 1973, 1975, 1989… detengámonos en 1975.

Un sentido común acerca de 1975 es que marca el fin del ascenso obrero y la movilización los sectores populares especialmente ante la intensificación de la represión y el despliegue de la violencia militar y paramilitar con las intervenciones del Ejército en la represión interior; en suma, un repliegue general del movimiento social después de las movilizaciones de junio de 1975. Aquí pensamos que las cosas fueron algo diferentes; no seríamos originales si dijésemos que conflicto es un eje clave a través del cual pensar ese año, cuyos meses finales anudan los ataques al Regimiento de Infantería de Monte Nº 29 (Formosa) por Montoneros y al Batallón de Arsenales Domingo Viejobueno (Monte Chingolo) por el PRT-ERP. Mientras tanto, las coordinadoras interfabriles eran el escenario de una intensa militancia que reunía al sindicalismo peronista combativo con militantes de la izquierda revolucionaria, armada y no armada. Y esa y otra parte de la sociedad se agrupaba en organismos de Derechos Humanos. Todo ello en el marco de un embate contra la clase obrera organizada cuyo paradigma fue la ocupación de la ciudad de Villa Constitución luego de la intervención de la filial metalúrgica, arremetiendo contra uno de los últimos enclaves del sindicalismo combativo. Y contra las organizaciones armadas con fuerte inserción territorial, con el Operativo Independencia como máximo exponente (ver publicación en esta página).

Pensamos que el declive de la movilización social no fue un fenómeno repentino ni homogéneo, sino que pueden reconocerse especificidades de acuerdo a la forma que adoptó la conflictividad.

La clase obrera organizada

El Pacto social entre la Confederación General del Trabajo y la Confederación General Económica impulsado por Perón, que prometía congelamiento de precios y salarios, fue erosionado desde su misma firma y desde entonces sorteó muchos tiros de gracia. Pero no fue sino hasta febrero de 1975 que empresarios y trabajadores retiraron sus promesas y poco después trascendió que el propósito del gobierno era lanzar unplan de estabilización que dejara al dólar y los precios alcanzar el nivel del mercado con la consecuencia lógica del aumento de tarifas, limitando los aumentos salariales para reducir el consumo. En el momento en que gobierno y CGT tomaban la lapicera para firmar el último acuerdo, el representante del gobierno fue reemplazado por Celestino Rodrigo. Impresionados por las drásticas decisiones, los líderes sindicales sintieron sus posiciones amenazadas… Y con razón: el efecto esperado por el gobierno era el disciplinamiento peronista y la consecuente debilitación de la resistencia obrera, pues se esperaba que la agobiante situación económica atenuara los conflictos fabriles … pero la clase obrera comenzó a agitarse nuevamente con demostraciones de protesta fuera del control de las dirigencias sindicales e incluso ampliaron su alcance a sectores de las clases medias, se volvieron más largos y más difíciles de resolver.

Los anuncios del gobierno provocaron la paralización de todo el país: otra vez las bases sobrepasaron a las dirigencias; y Rodrigo renunció. López Rega también, pero si bien con Rodrigo cayó también el plan de ajuste de un gobierno peronista, López Rega no se llevó consigo la actividad paramilitar; por el contrario, en la segunda mitad de 1975 el número de activistas y militantes asesinados y desaparecidos fue en alza. Casi como un gesto desafiante, las corrientes sindicales opositoras eligieron Tucumán para reunirse constituir una coordinadora nacional; era septiembre y muchos de ellos tenían los días contados.

UFA ¡Las mujeres!

En un lustro signado por la fagocitosis de la política, la Unión Feminista Argentina se constituyó como un grupo de reflexión autónomo de los partidos; similar opción fue el Movimiento de Liberación Femenina. Fueron experiencias cortas e intensas… casi una constante en militancias de la década de los setenta argentinos. 1975 las encontró reunidas en el Frente de Lucha de la Mujer, a propósito del Año Internacional de la Mujer.

El evento que concitó todos los esfuerzos fue el Congreso de la Mujer Argentina, realizado en agosto en el Centro Cultural San Martín de Buenos Aires. Mientras las balas pasaban sobre muchas de sus compañeras de militancia, estas mujeres que habían elegido otras trincheras, tozudamente seguían movilizadas por eliminar definitivamente toda discriminación en relación a la mujer y en todos los ámbitos: económico, político, social y cultural.

Frente a un discurso de la presidenta Isabel Perón, que anudaba el sentir cristiano a la doctrina nacional peronista (que meses antes había decretado la regulación de la comercialización y la venta de anticonceptivos) y dedicaba los festejos a las madres y a las esposas reforzando todo estereotipo, las feministas organizadas demandaban el fehaciente control contra la trata de personas, el cumplimiento de reglamentaciones sobre cuidados infantiles y protección de la maternidad, un salario para las amas de casa; la potestad y tenencia de hijos e hijas compartida por madre y padre; la protección y no discriminación para las madres solteras; el divorcio absoluto; y el aborto legal y gratuito. Huelga decir que el gobierno estaba en las antípodas de esos principios, mientras estrechaba cada vez más los lazos con las posiciones conservadoras de la iglesia. A pesar de eso, siguieron trabajando en la organización de un congreso que se realizaría en marzo de 1976.

Las organizaciones armadas

Quienes más seriamente han estudiado a la guerrilla en Argentina, coinciden en que 1975 fue el año de mayor crecimiento. Las dos organizaciones armadas más importantes de Argentina, PRT-ERP y Montonero, vieron incrementar sus filas militantes con nuevos integrantes en las fábricas, las universidades y en los barrios. Esa voluntad militante estaba conformada por “pases” desde otras organizaciones de izquierda (armada o no) pero especialmente por los más jóvenes que recién se asomaban a la vida militante.

La organización político-militar Montoneros creció sostenidamente en 1975 e incluso se desarrolló con la evolución de sus organizaciones de superficie (UES, JUP). Ese mismo año, el Movimiento Sindical de Base del PRT-ERP logró tener importantes niveles de presencia en las luchas obreras y en las coordinadoras interfabriles; otro de sus frentes de masa, la Juventud Guevarista, también tuvo su mayor desarrollo en 1975, aunque había sido creada dos años antes.

Las acciones armadas de la guerrilla se incrementaron ostensiblemente en 1975. Una particularidad de este año es que desde los primeros meses fueron frecuentes los atentados coordinados y/o secuenciados a empresas de capitales extranjeros y a edificios de las Fuerzas Armadas; también se produjeron ingresos, arengas y reparto de prensa en talleres ferroviarios y entraron en escena con más protagonismo que en los años anteriores los atentados a comisarías, a automóviles policiales y los enfrentamientos callejeros con aquellos.

En febrero Montoneros llevó adelante un ataque Batallón Infantería Marina Nº 3, de La Plata. En abril, el PRT-ERP logró uno de sus últimos éxitos militares al asaltar el Batallón de Arsenales 121, ubicado en la localidad de Fray Luis Beltrán.

La segunda mitad del año requirió más voluntad que expectativas de triunfo. En octubre, Montoneros fracasó en el intento de copamiento al Regimiento 29 de Infantería de Formosa; la acción incluía la toma del aeropuerto internacional y de un avión de Aerolíneas Argentinas. Dos meses después, el PRT-ERP lanzó un gran ataque al Batallón de Arsenales Domingo Viejobueno (Monte Chingolo, partido de Lanús, sur del Gran Buenos Aires).

Las consecuencias de esas derrotas militares fueron irremontables.

1975 y la imposibilidad de un relato

Una constante en el año fueron los llamados “decretos de aniquilamiento” cuyo destino era el combatir a la guerrilla, pero sobre todo fueron instrumento eficaz para la represión a la clase obrera y a los sectores populares organizdos. No era aleatorio: la guerrilla se constituía en un núcleo alternativo de poder precisamente al articularse cada vez más con la clase obrera. Pero la combatividad, no necesariamente es conciencia (Pozzi, 2001).

La pregunta o más bien la respuesta sobre el “repliegue” invita a reconstruir parte del entorno subjetivo del momento y eso es bien difícil. Nicolás Casullo (2006) sostenía que la Argentina tiene una imposibilidad política e intelectual, de llamar por su nombre a una gran parte de su pasado violento y trastocador.

Otros momentos, otras experiencias históricas se han ganado una explicación que diera cuenta de sus revoluciones derrotadas, de la disolución de proyectos que se instituyeron como portadores de un cambio social radical, como alumbradores de una nueva era.

La pregunta es si persisten voces y voluntades dispuestas para construir ese relato en Argentina. Veamos

Un amigo me preguntaba si 1975 fue la consecución lógica de 1974 o bien prefiguró un 1976 inevitable. Bueno, no tributo a la idea de lo inevitable en la Historia…. pero… si pensamos en la fuerza arrolladora del capitalismo con toda su capacidad represiva, más aún con la nueva etapa de acumulación iniciada en los ‘70, entonces hay que prestar atención a esas preguntas.

Era esperable que se pusieran en marcha todos los mecanismos que liquidaran el intento de la clase obrera y popular de disputar poder a la burguesía. Una línea de interpretación para “los setenta” (supongamos 1966-1976) es precisamente que un ascendente porcentaje de la sociedad comenzó a cuestionar las relaciones sociales que imponía el capitalismo, y sus luchas amenazaron la capacidad de acumulación de la burguesía. En esa clave, entonces sí decimos que “pasó lo que tenía que pasar”. El aparato represivo en su conjunto se fortaleció ostensiblemente en esa década y concomitante con eso, la izquierda revolucionaria y el sindicalismo clasista y combativo fueron obligados a la clandestinidad. Y la clandestinidad conlleva la adopción de estrategias que están lejos de lo asambleario; este sí es un punto clave para discutir el “repliegue”.

¿Qué recibió y que legó 1975? Recibió un proyecto (heterogéneo, discutible, incompleto, etc. etc.) de sociedad socialista, unas fuerzas armadas cada vez más entrenadas y resueltas a la represión y miles, miles de voluntades militantes; legó Monte Chingolo, las Coordinadoras Interfabriles y la APDH. Y decenas de proyectos que tenían a 1976 como horizonte de realización.

Entonces no, no era inevitable.

Historizar a Moyano.

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Días atrás nos encontrábamos hablando con unos amigos y conté esta historia. En el siglo XIX, algunas empresas ferroviarias inglesas adquirían los famosos “canales” por los cuales se trasladaba la producción (sobre todo minera). Los adquirían porque eran considerados una competencia para la nueva forma de transporte. Los adquirían para tapiarlos y clausurarlos. Uno del grupo dijo “como hace Moyano”.

Cuál es la delirante razón por la que alguien con la información que brindan los medios de comunicación, puede suponer que el poder de Moyano es idéntico al de las empresas ferroviarias inglesas en el siglo XIX?

Para comenzar a pensar este tema, convocamos a un historiador y a un profesor de Historia. y le realizamos las siguientes preguntas

Pregunta Número 1
¿A nivel mediático y también en la consideración de amplios sectores de la sociedad, es muy común adjudicarle a Hugo Moyano, mucho poder (o poderes). Vulgarmente se ha dicho que “puede parar el país”; que, de acuerdo a sus intereses personales logra “frenar negocios que atentarían contra el uso de camiones en las rutas” ¿Cuál consideras que es el poder real de Moyano?

Pregunta Número 2
¿Como considerás que se ha construido ese poder? ¿tenes una explicación de por qué no ha sido desplazado?

Pregunta Número 3
Pensando que ese poder está enmarcado en determinadas condiciones históricas. Cuáles serían las transformaciones (sistémicas, generales, no su muerte) que lo harían decaer?

Respuesta de César Mónaco

Respuesta de Enzo Casá

Historizar a Moyano. Respuesta de César Mónaco.

César Mónaco*

Respuesta 1
Desde una mirada general y rápida, el poder de Hugo Moyano es muy importante en tanto es uno de los líderes sindicato de camioneros (lo digo por su hijo), y este gremio posee una “posición estratégica” sobre el funcionamiento de la economía del país. Si solo nos remitimos a la distribución de alimentos, en todos sus niveles, (sin considerar otros bienes y servicios esenciales), su capacidad de negociación y presión es mucho mayor que otras organizaciones. Claro que a nivel mediático esto está algo exagerado. Sobre todo por la imagen que, durante décadas, se ha construido de los liderazgos sindicales ortodoxos (y del sindicalismo en general). ¿Una imagen falsa? No, necesariamente; pero sí muy útil a los intereses del poder económico y también del poder político (el conflicto con Cristina Kirchner es un ejemplo de esto último). La recurrente idea, por otro lado, de los sindicatos como “ahuyenta” negocios no expresa más que una falacia reduccionista en la que se toma un aspecto (la “presión”) y se lo exacerba. Mientras tanto, es un hecho la flexibilización laboral por medio de ajustes en los convenios de ramas destacadas de la producción (ejemplo: petroleros). En todo caso, lo importante de las actitudes de avance sobre otros sectores por parte de Camioneros es el conflicto intersindical que genera.

Respuesta 2
Creo que para entender la construcción de ese poder hay que tomar una serie de factores: 1) El primero y estructural está relacionado con los cambios en el modelo económico producido en los últimos cuarenta y cinco años. Estos propiciaron el reposicionamiento del sector servicios dentro del mundo sindical (que durante décadas tuvo un innegable dominio de sindicatos industriales); e implicó a su vez el predominio, prácticamente absoluto, de las distribución de mercaderías por parte del transporte automotor (me refiero a la larga y mediana distancia. Si se quiere, como el ferrocarril bajo el modelos agroexportador). 2) Del anterior punto se desprende la ya citada posición estratégica, que no es única, por supuesto, pero se destaca y pone en uso. 3) La relación histórica del sindicalismo peronista y el sistema político: pertenecen al principal partido pero con una pretensión de autonomía y acción muy notables. Es parte de una singular identidad político-gremial, de origen antaño, que muchos de sus líderes saben recrear y explotar, entre ellos Moyano. Desde mi punto de vista, este plus de autonomía es clave 4) El sindicalismo de negocios emprendido en los noventa tampoco puede desconocerse. El poder económico es muy importante y proviene de múltiples fuentes 6) El liderazgo del propio Moyano: su papel en el MTA bajo el menemismo y la Alianza, y su capacidad de negociación.       

Respuesta 3
Tal vez un cambio en la política de transporte podría mermar en el largo plazo su incidencia. Si te referís a su persona/heredero, quizás la modificación de la ley sindical en busca de una efectiva democracia sindical podría generar condiciones para el fortalecimiento de las oposiciones internas y, por lo tanto, un eventual recambio. Pero estamos muy lejos de eso. El movimiento obrero argentino tiende a esos liderazgos (por diversos factores, sobre todo políticos y culturales).

  • César Mónaco es investigador y docente del área de Historia del Instituto del Desarrollo Humano de la Universidad Nacional de General Sarmiento. Sus indagaciones se centran en la historia social argentina de la segunda mitad del siglo XX, con particular interés en la historia de los trabajadores durante los años sesenta y setenta. Es autor de artículos y ensayos vinculados a la temática, entre ellos: “Sindicalismo y política. El lugar de la UOM en el escenario político nicoleño, 1972-1973” (2020); “Un sindicato siderúrgico: desarrollo y declive de una propuesta gremial para los trabajadores de SOMISA (Argentina, 1965-1973)” (2013); y compilador de Historia y Política. Seis ensayos sobre Eric Hobsbawm, UNGS 2017.

México, en tiempos del COVID 19

Carlos Antonio AGUIRRE ROJAS.

“En este país, llamado también ‘República Mexicana’, las pasadas elecciones federales consiguieron ocultar la realidad… por un instante: la crisis económica, la descomposición social (con su larga cauda de feminicidios), y la consolidación (a pesar de los supuestos “golpes mortales” al narco) de los Estados paralelos (o imbricados con el Nacional) del llamado “crimen organizado”. Aunque por poco tiempo, los asesinatos, secuestros y desapariciones de mujeres de todas las edades, pasaron a segundo plano. Lo mismo con la carestía y el desempleo. Pero, apagándose ya el entusiasmo por el resultado electoral, la realidad vuelve a decir ‘aquí estoy, falta mi voto… y mi guadaña'”.

Subcomandante Insurgente Moisés y Subcomandante Insurgente Galeano, “300. Segunda parte: un continente como patio trasero, un país como cementerio, un pensamiento único como programa de gobierno, y una pequeña, muy pequeña, pequeñísima rebeldía”, 21 de agosto de 2018.

Con su aguda y penetrante clarividencia, el 16 de marzo de 2020, el EZLN emitió un Comunicado importante, en el que planteaba claramente su postura frente a la epidemia mundial del COVID 19. Allí, al mismo tiempo que criticaba las torpes, frívolas y poco serias posturas, tanto de los ‘malos gobiernos’ como de toda la clase política de México sin excepción alguna, frente a esta emergencia, el neozapatismo anunciaba también el cierre de todos sus Caracoles en el Estado de Chiapas, así como una serie de medidas encaminadas a hacerle frente a esta nueva y complicada situación.1 Cierre de los Caracoles y medidas de higiene especiales en todas sus comunidades, que hicieron que el neozapatismo mexicano haya sido el primer actor social y político que dentro de todo México, tomó la medida inteligente del autoconfinamiento social, antes de que los periodistas o los intelectuales empezaran a hablar en serio de este problema, o de que los científicos, los médicos y los epidemiólogos comenzarán a explicarnos la magnitud y el enorme riesgo de esta pandemia mundial, y también antes de que cerraran sus puertas la Universidad Nacional Autónoma de México, las escuelas primarias y secundarias, las oficinas gubernamentales, algunos parques y jardines, los comercios, las tiendas, los negocios y algunas empresas, además de los hoteles, los cines, los restaurantes, los salones de reunión y de baile, y todos los demás lugares públicos en general.

Gran clarividencia del neozapatismo sobre la real dimensión de esta pandemia mundial, que hizo que la misma fuese calificada por ellos, desde esa fecha del 16 de marzo de 2020, como una “amenaza real, comprobada científicamente, para la vida humana”, y como un “peligro que amenaza la vida humana”, sin distinción alguna de sexo, raza, nacionalidad, religión, lengua, condición social, etc. En cambio, todavía una semana después, el 22 de marzo, López Obrador minimizaba displicentemente el problema, diciendo que no había que entrar en situación de pánico, que apenas estábamos en la fase 1, y que había que seguir la vida normal, y continuar visitando restaurantes y fondas igual que antes.2 Dos posturas claramente contrapuestas frente a la pandemia, que en los últimos tres meses transcurridos han demostrado que la sabia y prudente postura neozapatista era la que se imponía asumir frente a esta excepcional emergencia mundial. Y también, el hecho de que al no haber tomado en serio el problema, el actual gobierno lopezobradorista es directamente responsable de la aún desconocida pero sin duda enorme magnitud de los estragos causados por el COVID 19 en México.

Porque más allá de las mentiras del gobierno de Andrés Manuel López Obrador sobre las cifras reales de contagios y de decesos provocados por el nuevo coronavirus, las que adolecen de un enorme y ahora ya confeso subregistro,3 no cabe duda de que esta pandemia actual constituye claramente una verdadera catástrofe general dentro de la historia de la nación mexicana, tantas veces agredida y engañada por sus gobernantes, y también por los poderosos y las clases dominantes que habitan en ella.

Catástrofe económica, social, política y cultural para toda la sociedad mexicana, derivada del COVID 19, que se agrava y acrecienta en virtud del hecho de que se inscribe dentro de una situación previa de crisis también global del capitalismo mexicano, e incluso del capitalismo mundial, crisis que se arrastra desde hace ya varias décadas. Por eso, el neozapatismo ha señalado que “se viene una crisis económica mundial”, y que ésta será o es ya el contexto adverso dentro del cual el gobierno mexicano se ve y se verá obligado a actuar dentro de los años inmediatos por venir. Y esto es algo que no depende y que no podría haber sido cambiado por ninguno de los que fueron candidatos de las elecciones de 2018 en México, pues se trata de un contexto planetario que también se hace presente, con sus peculiaridades respectivas, dentro de todos los países del orbe, y entre ellos, naturalmente, también en México. Por eso, los compañeros afirmaron sabiamente hace algunos meses que: “Cualquiera que hubiera quedado, (Meade, Anaya, el Bronco o Miss Xerox), se hubiera tenido que enfrentar a ese “entorno mundial adverso” (así dicen los Think Tanks del gran capital), y salir derrotado y buscando culpables. Y todos hubieran hecho y estarían haciendo lo que hace el gobierno actual: mentir y maquillar”.4

Crisis económica e incluso crisis global mundial, que en el caso mexicano y durante los dieciocho meses de gobierno de López Obrador, se ha estado acercando cada vez más peligrosamente al punto crítico del verdadero colapso económico, acompasado además de un creciente y cada vez más extendido descontento social general. Pues el obligado telón de fondo de los graves impactos del nuevo coronavirus en México, es precisamente el del país mal gobernado desde hace un año y medio por el torpe y pretencioso gobierno lopezobradorista, el que más allá de su vacía y rimbombante retórica de representar un supuesto cambio histórico fundamental, una profunda ‘Cuarta Transformación’, se ha mostrado en los hechos, en su gran mayoría, como ‘más de lo mismo’, es decir, como una lineal continuación de las políticas económicas neoliberales, de la creciente polarización y desigualdad social, junto al crecimiento explosivo de la violencia social descontrolada y múltiple, del indetenible proceso de degradación de toda la clase política mexicana, sin excepción alguna, y del abandono e indiferencia generales frente a cualquier posible expresión o desarrollo de la cultura nacional. Por eso, los compañeros neozapatistas han afirmado de manera concisa y lapidaria: “Y repetimos lo que antes señalamos: allá arriba son lo mismo… y son los mismos. Y la realidad les quita el maquillaje con el que quieren simular un cambio”.5

Pues tal y como lo ha planteado reiteradamente el neozapatismo, no avanzamos demasiado si pensamos que basta con cambiar a una persona, por ejemplo López Obrador, o a un Partido en el poder, por ejemplo Morena, para cambiar realmente las cosas, cuando de lo que se trata es de cambiar el sistema social capitalista en escala nacional y también mundial. Por eso, luego del nombramiento de López Obrador, los neozapatistas insistieron nuevamente en que no se trata de cambiar a un capataz malo, Peña Nieto, por uno supuestamente menos malo, Obrador, sino de conquistar realmente la libertad, derrotando al verdadero dueño de la finca, al capitalismo nacional y mundial, y suprimiendo a todos los finqueros, los capataces, los mayordomos y los caporales de los distintos países, departamentos o Estados, y municipios de todo el planeta.6

Porque ahora, un año y medio después de su llegada al poder, es ya claro que el gobierno de Andrés Manuel López Obrador, que pretendió presentarse en el mundo como un ‘nuevo eslabón’ de la serie de gobiernos ‘progresistas’ que protagonizaron, en gran parte de América Latina, el supuesto ‘giro a la izquierda’ desplegado en las primeras dos décadas del siglo XXI, nuevo eslabón que frente a las derrotas en Brasil, Argentina, Ecuador y Bolivia, vendría otra vez a relanzar un posible nuevo ‘ciclo progresista’, aliado con el también recientemente electo gobierno de Alberto Fernández y Cristina Kirchner en Argentina,7 ahora ese gobierno lopezobradorista ha terminado por mostrar su verdadera naturaleza profunda, y con ella, su profundo y mezquino carácter totalmente procapitalista, pero también su vacía y mentirosa retórica de ser un gobierno que pondría ‘primero a los pobres’, llevando a cabo la ya mencionada ‘Cuarta Transformación’ de México, que sería comparable a las anteriores transformaciones que en nuestra historia significaron la Independencia, la Reforma y la Revolución Mexicana.

Carácter agudamente procapitalista, y por ende, forzosamente contrario y opuesto a los intereses y las expectativas de las clases populares y subalternas de nuestro país, y falsa retórica de un enorme cambio histórico, que se contradice cada día con las realidades y con los hechos que cotidianamente vivimos, para alcanzar un grado extremo en los tres meses transcurridos desde la irrupción y luego difusión cada vez mayor de la pandemia mundial del COVID 19.

Pues si observamos con cuidado la experiencia vivida en México en los últimos dieciocho meses, veremos que han continuado en general, e incluso a veces se han agudizado, las mismas políticas neoliberales de las últimas cuatro décadas, mientras nuestra economía se estanca cada vez más, y se acerca peligrosamente al abismo de un colapso económico de grandes proporciones, que muy probablemente vendrá acompañado de una enorme devaluación del peso mexicano, y de la quiebra masiva de muchas pequeñas y medianas empresas, además de agudizar hasta el extremo el ya grave e importante desempleo actual, y también la creciente precarización de la fuerza de trabajo todavía empleada. Por eso, los neozapatistas han subrayado el hecho de que, aunque López Obrador “decreta que se acabó el neoliberalismo”, en realidad y de modo cada día más evidente, “la autodenominada ‘Cuarta Transformación’ (…) no es sino la continuación y profundización de la etapa más brutal y sanguinaria del sistema capitalista”, es decir de la etapa neoliberal.8

Por eso, ya desde antes que apareciera la pandemia actual, México se había convertido en 2019 en una economía estancada, que se dirigía directamente a un colapso económico, lo que con la pandemia se ha acelerado y agudizado, llevando a algunos analistas, muy poco sospechosos de ser de izquierda, a diagnosticar que vivimos en México la peor recesión económica de nuestra historia después de la provocada por la crisis mundial de 1929, frente a la cual lo que el gobierno mexicano está practicando es una “política económica ultraneoliberal, conservadora y procíclica, que acabará por golpear a los sectores más vulnerables de la población”. Aunque ahora naturalmente, el gobierno de López Obrador aprovechará la circunstancia de la pandemia del COVID 19 como un pretexto o justificación de ese inminente y cercano gran colapso de la economía mexicana, debido en parte sin duda a la pandemia, pero mucho más y principalmente, a su torpe y criminal política económica neoliberal.9

Política neoliberal mantenida y profundizada durante la pandemia, cuyos efectos se agudizan todavía más, en virtud de la vigencia del nuevo T-MEC, Tratado que no es otra cosa que la protocolización de la secular dependencia económica de México frente a Estados Unidos, y la actualización de la vieja Doctrina Monroe, y en donde de los tres socios de dicho Tratado, México es sin duda el socio perdedor, es decir, el proveedor de fuerza de trabajo barata y de materias primas a bajo costo, a la vez que consumidor importante de manufacturas, bienes de capital y tecnología, caros y controlados por los otros dos socios mencionados. Y puesto que Estados Unidos, y con ello su economía, es el país más afectado del mundo por la pandemia del COVID 19, y dado que Donald Trump está gestionando esta situación del modo más torpe y catastrófico posible, entonces nuestra alta dependencia económica de este país, habrá sin duda de afectarnos también de manera considerable, en el inmediato futuro por venir.10

Neoliberalismo destructivo lopezobradorista, aplicado en los hechos y negado en los discursos, que es económicamente contrario a los intereses de las grandes mayorías populares, pues al mismo tiempo en que promociona y beneficia a los grandes capitales y empresarios, sacrifica y destruye a las clases y sectores populares y subalternos, lo que explica porque López Obrador ha mantenido los salarios de los trabajadores mexicanos como salarios que están entre los más bajos de toda Latinoamérica e incluso del mundo entero, al mismo tiempo que convierte a Carlos Slim, que ha sido durante varios años el hombre más rico del planeta, en el ‘contratista favorito’ del gobierno de la Cuarta Transformación, además de promover una nueva forma de corrupción al hacer proliferar a muchas nuevas e improvisadas ‘proveedoras’ del actual gobierno, sin ninguna experiencia empresarial, a las que a pesar de esto, se les adjudican jugosos contratos de manera directa y sin concurso alguno. Complicado panorama económico para el vasto universo de ‘los pobres’ mexicanos, que con el COVID 19 ha llegado ya al extremo de provocar que haya quienes declaren que vamos directamente hacia ‘la hambruna’, hacia una crisis por hambre de franjas significativas de ese creciente universo de personas que, en México, están todavía sumidas en la pobreza y la pobreza extrema, rondando el 65% de la población total.11

Riesgo de una verdadera hambruna, cuyos primeros síntomas ya empezaron a manifestarse en distintas ciudades y regiones de México, frente a los cuales el gobierno no ha hecho absolutamente nada, mientras que en cambio es la propia gente, o los sectores populares, o los curas de a pie, o los ‘peatones de la historia’ en general, los que han tratado de paliar o resolver en alguna medida el problema, como cuando artesanos o indígenas intercambian sus propias creaciones por comida, o cuando los dueños de un pequeño restaurante popular regalan raciones de comida a quien lo necesite, o las parroquias de colonias populares que hacen colecta entre sus feligreses para comprar despensas y repartirlas gratuitamente a quien lo solicite, o los comedores populares que abren las asociaciones civiles o los colectivos que trabajan con la gente del pueblo, o hasta la gente sin trabajo, sin dinero y sin comida que pone una bandera blanca en la puerta de su casa, para ser apoyada por quien pueda apoyarla, entre otros de los muchos ejemplos posibles.

Conjunto de prácticas espontáneas de apoyo popular y de organización y auto-organización popular, generadas por la situación límite de la pandemia, que demuestra en los hechos la profunda verdad que encierra el sabio consejo del neozapatismo, de que no encontraremos solución a los principales problemas de nuestro país y de nuestro planeta, si no nos organizamos y nos auto-organizamos, desde abajo y a la izquierda, para enfrentar por nosotros mismos y para resolver con nuestras propias fuerzas dichos problemas. Porque los gobiernos de todo tipo y en todas partes son siempre ‘malos gobiernos’, y porque del ‘arriba social’ no podemos esperar nada bueno, sólo nos queda resistir y rebelarnos, y también organizarnos desde abajo, reconociendo que ‘sólo el pueblo salva al pueblo’, para desde este principio unirnos todos, para enfrentar, hoy y de inmediato a la pandemia y al capitalismo, y mañana, otra vez al capitalismo, mexicano y mundial. Pues como dice el Subcomandante Insurgente Moisés, “Como zapatistas que somos, lo que hacemos, cada que se puede, es decirle a la gente que se organice para resistir, para luchar, para tener lo que necesita”, porque “…no es que alguien va a resolver el problema, sino que lo tenemos que resolver nosotros mismos, mismas, como colectivos organizados. Las soluciones las hace el pueblo…”. Por eso, y frente a la actual pandemia, los compañeros han reiterado que, “Ante la ausencia de los malos gobiernos, exhortar a todas, a todos y a todoas, en México y el mundo, a que tomen las medidas sanitarias necesarias que, con bases científicas, les permitan salir adelante y con vida de esta pandemia”.12

Y es claro que si la pandemia en México, no ha tenido aún efectos tan catastróficos y terribles como en Estados Unidos, o Italia, o España, eso se debe sobre todo a la sabiduría popular y a la auto-organización de la gente, mucho más que a las torpes y limitadas acciones de un mal gobierno mexicano que, siendo un gobierno completamente capitalista, es también un gobierno frívolo, irresponsable, mentiroso y ausente, que piensa siempre primero en la economía, es decir en la ganancia capitalista, luego en salvar y proteger a los ricos y a los poderosos, a los que sirve directamente, después en aparentar hacia el exterior una falsa actividad eficaz, ‘para guardar las apariencias’ y mantener una mínima credibilidad internacional, y sólo al final y muy marginalmente, en la salud y el bienestar de las clases populares, y esto último, exclusivamente en la línea de evitar y contener el descontento y la protesta sociales.

Al mismo tiempo, y en parte conectado con la complicada situación económica antes descrita, ha seguido creciendo sin parar la violencia social descontrolada en múltiples formas, la que no es confrontada ni resuelta de ningún modo por el nuevo gobierno, sino simplemente ignorada, ocultada, maquillada y eludida, igual que en los gobiernos priistas y panistas recientes.

Pues en México ha seguido creciendo de modo alarmante la violencia mortal contra las mujeres, lo que lo ubica como el país con mas feminicidios de toda América Latina, llegando hoy al vergonzoso dato de diez mujeres asesinadas cada día. Violencia descontrolada y criminal contra las mujeres, que ha sido muchas veces ignorada y otras veces banalizada por López Obrador, lo que ha provocado la irrupción de una legítima, potente y cada día más vasta protesta feminista, la que entre otras manifestaciones, incluye la de haber mantenido en paro durante meses varias Facultades de la Universidad más grande del mundo, la Universidad Nacional Autónoma de México, además de la de paralizar el país entero el 9 de marzo de 2020, y la de suscitar una creciente simpatía y apoyo de todas las clases y sectores subalternos en las varias marchas y manifestaciones públicas que ha organizado. Por eso, el tema del Segundo Encuentro Internacional de las Mujeres que Luchan, organizado por las mujeres neozapatistas en diciembre de 2019, tuvo como su tema central y único el de la ‘Violencia contra las mujeres’. Y por eso también, las mujeres neozapatistas apoyaron la iniciativa del colectivo ‘Brujas del Mar’, del Paro Nacional de Mujeres del 9 de marzo, burlándose de la ridícula postura de López Obrador, prepotente y machista, al decir que él ‘si les daba permiso’ de faltar al trabajo a la mujeres y de hacer ese paro.13

Otra de las principales manifestaciones de la violencia descontrolada que exuda por todos los poros de la sociedad mexicana es la del narcotráfico, el que bajo el gobierno lopezobradorista ha continuado creciendo y prosperando de manera floreciente y sin trabas. Pues López Obrador declaró desde su campaña que si ganaba, él no iba a perseguir a nadie, lo que ha significado una doble amnistía, de un lado para el Presidente y para todos los funcionarios del gobierno anterior, con alguna pequeña excepción, y de otra parte, al conjunto de los Cárteles que operan desde hace muchos años en México.

Amnistía, e incluso abierta tolerancia y pacífica convivencia con el narcotráfico, que López Obrador refrendó en su discurso del 30 de enero de 2019, donde a una pregunta expresa sobre la guerra del Estado en contra del narcotráfico, respondió que “Oficialmente ya no hay guerra. Nosotros queremos la paz”, agregando que ya no se había detenido a nuevos capos de los Cárteles porque “Esa no es nuestra función principal”, sino más bien garantizar la seguridad pública. Lo que se confirmó en octubre de 2019, cuando después de capturar a uno de los hijos del Chapo Guzmán, a Ovidio Guzmán López, se le dejo escapar por órdenes del propio Presidente, con un absurdo pretexto cualquiera, y también a finales de marzo de 2020, cuando López Obrador, de gira en Badiraguato Sinaloa, fue obsequiosamente a saludar a la madre del Chapo Guzmán. Declaraciones y señales que nos demuestran, no solamente que el Estado mexicano es un verdadero ‘Estado fallido’, que no controla gran parte de los territorios de México, sino también que existe una especie de evidente ‘pacto implícito’ entre los Cárteles del narcotráfico y el nuevo gobierno de Obrador, para que juntos ‘cogobiernen’ el país, y para que respetándose mutuamente, cada quien lleve adelante su propia actividad, sin inmiscuirse en las tareas y en los espacios del otro. Por eso, los compañeros neozapatistas hablan claramente de “la consolidación (a pesar de los supuestos ‘golpes mortales’ al narco) de los Estados paralelos (o imbricados con el Nacional), del llamado ‘crimen organizado'”.14

Colusión evidente entre el gobierno lopezobradorista y el narcotráfico mexicano en general, y en particular con el Cártel de Sinaloa, que simplemente prolonga la misma situación que prevaleció durante todos los gobiernos príistas hasta el año 2000, e incluso con el primer gobierno panista de Vicente Fox, que fue el que dejó escapar al Chapo Guzmán de una prisión de alta seguridad. Y vale la pena recordar que según los analistas de este problema, dicho Cártel de Sinaloa es, cuantitativamente el más grande Cártel del mundo, y cualitativamente uno de los mejor organizados y más estructurados. Pues tiene células que actúan para organizar el tráfico de drogas en Colombia, Ecuador y Bolivia, además de empresas que lavan su dinero en Chile, Bolivia, Argentina, Guatemala y Estados Unidos, estando también ya establecido en España, que es la puerta de entrada de la droga a toda Europa. Frente a lo cual, la captura y el juicio de Joaquín Guzmán Loera, no es nada más que un simple hecho totalmente anecdótico, pues su Cártel de Sinaloa sigue funcionando, creciendo y prosperando como siempre, sin problema, y ello además, con la hipócrita y encubierta complacencia de ciertos bancos y de ciertos políticos del país que es el consumidor de drogas más grande del mundo, Estados Unidos.15

Otro modo en que la violencia social desbordada se manifiesta ahora en México, es a través del fenómeno de la migración, fenómeno mundial que se ha potenciado e intensificado enormemente en las últimas décadas, como otra de las varias manifestaciones de la crisis terminal del capitalismo mundial, y que dada la ubicación geográfica de México, contigua a Estados Unidos, hace de nuestro país un obligado y muy adecuado trampolín de paso hacia la nación estadounidense. Y puesto que la frontera de 3000 kilómetros es vasta, porosa e imposible de vigilar y controlar, aún con las más sofisticadas tecnologías modernas, entonces es lógico que las verdaderas mareas humanas provenientes de Centroamérica, del Caribe, de Sudamérica y hasta un poco de África, se vuelquen masivamente hacia México como una simple ‘estación de paso’ hacia Estados Unidos. Por eso, los neozapatistas habían anticipado sabiamente, antes del inicio del gobierno de López Obrador, que “En los planes del capital, el muro contra América Latina tendrá la forma del imposible cuerno de la abundancia y se llamará ‘México'”, agregando también que “Cuando Donald Trump dice que quiere construir el muro, todos están pensando en el Río Bravo, pero el capital está pensando en el Suchiate, el Usumacinta y el Hondo. En realidad el muro estará en México para detener a los que vienen de Centroamérica, y esto tal vez pueda ayudar a entender por qué Donald Trump, el 1 de julio, saludó al Juanito Trump, que había ganado las elecciones en México”.16

Y es claro que durante el año y medio ya transcurrido del gobierno lopezobradorista, esta tesis neozapatista se ha confirmado completamente, pues dicho gobierno se ha sometido con un servilismo extremo a los designios y deseos estadounidenses, llevando a cabo una política migratoria vergonzosa, que no sólo rompe con las antiguas tradiciones mexicanas de apoyo y recepción de diversas migraciones, como la española de la guerra civil, o la chilena y la argentina de las dictaduras militares de los años setentas del siglo pasado, sino que también degrada a México al triste papel de ‘policía’ de Estados Unidos, y al de un país sometido que según los neozapatistas, “en los nuevos planes ‘geopolíticos’, se ofrece [a] crear un “colchón”, un “amortiguador”, un filtro que reduzca drásticamente la migración”, combinando de manera selectiva la represión brutal y la repatriación forzada de los migrantes a sus respectivos países, con la asimilación como fuerza de trabajo explotable por el capital, o el abandono en las muy precarias condiciones de los asilos de los gobiernos estatales o de la propia sociedad civil mexicana.17

Represión dura y terrible de los migrantes latinoamericanos y africanos, que ahora se apoya en la nueva e hipócrita versión del ‘ejército’, en la Guardia Nacional, mediante la cual Obrador ha continuado militarizando todo el país, igual e incluso peor que sus antecesores, a pesar de su hipócrita promesa de campaña de ‘devolver al ejército a sus cuarteles’, la que no sólo no ha cumplido, sino que en cambio, ha potenciado con dicha Guardia Nacional, la que no se utiliza para combatir al narcotráfico, lo que fue el pretexto de su creación, sino más bien para perseguir y reprimir a los migrantes, para imponer mediante la violencia cruda y descarnada los megaproyectos de este sexenio, y también para atacar y controlar a los cada día más diversos y fuertes movimientos sociales de protesta de los mas distintos tipos.

Porque como ha sido ya señalado varias veces por organismos internacionales, como Amnistía Internacional, las violaciones a los derechos humanos han seguido creciendo y se han multiplicado y diversificado con el actual gobierno, igual que con los gobiernos anteriores, al mismo ritmo en que crece y se agudiza la mencionada militarización de todo el país, y que se imponen por la fuerza, en contra de las comunidades indígenas y de la población en general, los megaproyectos del Tren Maya o del Canal transístmico, entre otros. Por eso, y frente a esta militarización creciente y a los intentos de imponer en Chiapas el megaproyecto del Tren Maya, han dicho los compañeros neozapatistas que “Vamos a enfrentar, no vamos a permitir que pase aquí ése su proyecto de destrucción, no le tenemos miedo a su Guardia Nacional, que lo cambió de nombre para no decir ejército, que son los mismos, lo sabemos”. Violaciones a los derechos humanos y militarización de la vida cotidiana de la sociedad mexicana, que ahora, con el pretexto de la pandemia del COVID 19, han recibido legitimación institucional y ‘carta blanca’ durante los próximos cuatro años, con el Acuerdo presidencial publicado el 11 de mayo de 2020, que acrecienta las facultades y tareas de la Guardia Nacional, aumentando su capacidad de acciones impunes, igual que la libertad de López Obrador de disponer a su antojo de dicha Guardia Nacional.18

Junto a este complicado escenario económico y social que hemos brevemente reseñado, se despliega también en México, bajo el gobierno lopezobradorista, una nueva fase del ya añejo proceso de degradación y descomposición de toda la clase política mexicana en su conjunto. Pues acompasada con el Estado fallido obradorista, se ha agudizado la debacle de todos los partidos políticos, sin excepción alguna, los que a pasos agigantados pierden las ya escasas bases sociales que aún tenían, para mostrarse como lo que realmente son, es decir, como vulgares corporaciones de grupos de interés que, con muy tenues matices ideológicos, compiten como capataces en disputa para decidir, cada seis años, quien cumple mejor los deseos y quien defiende mejor los intereses del verdadero dueño de todo, del finquero, es decir del capitalismo tanto nacional como mundial.

Y entonces vemos desfondarse totalmente al PRI, que al ya no estar en el poder pierde todo atractivo para la gente en general, y hasta para sus propios militantes, mientras que el PAN se fragmenta y se diluye en grupos y subgrupos, a cual más desorientados ideológicamente y sin liderazgos reales de ningún tipo, y si en cambio con múltiples microcaudillos emergentes, mientras el PRD se borra y extingue, al ritmo mismo en que sus líderes se venden al mejor postor y en la medida en que todas sus bases migran hacia MORENA. Y este último pseudopartido muestra que en realidad no es tal partido, sino sólo una coalición efímera de grupos y pequeños movimientos sociales y políticos que, junto a un claro amasijo de oportunistas y advenedizos, están todos nucleados en torno al caudillo fuerte hoy en el poder, pero sin el cual, vuelven a convertirse en múltiples tribus y micro-organizaciones sin unidad ni ideológica, ni política, ni de ningún tipo. Por eso, ahora mismo, el dirigente interino de MORENA acusa penalmente a la anterior dirigente por malos manejos financieros de los fondos del partido, mientras las diversas tribus velan armas en torno a los repartos de migajas de poder que derivarán de la cercana elección de su nueva dirigencia.

Y es por eso que frente a este vergonzoso panorama de la política mexicana actual, los neozapatistas nos hablan de “…un PAN rancio, un PRI sobornando al forense para que retrase el acta de defunción, [y] un PRD que de alguna forma tiene que demostrar que existe, y pensadores que les acompañan”,19 a lo que hay que agregar los ridículos partidos enanos, que no son otra cosa que negocios familiares o membretes de pandillas de políticos oportunistas y acomodaticios, y al nuevo “partido oficial” MORENA, que aspira fallidamente a convertirse en una suerte de nuevo PRI, aunque en este caso pintado muy tenuemente de un rosa moderado, discreto, domesticado y políticamente correcto, y que seguramente se desintegrará también y decaerá muy pronto, conforme se eclipse y apague el caudillo o ‘rayito de esperanza’ que lo cohesiona, le da estructura y le da su sentido profundo de efímera existencia.

Finalmente, es claro que el gobierno de López Obrador es un gobierno no sólo indiferente frente a la cultura, las artes y las ciencias, sino incluso y en muchos casos, un gobierno abiertamente anticultural. Lo que explica que, por ejemplo, haya puesto la Editorial del Estado mexicano en manos de un escritor con nula experiencia editorial, y que en los altos puestos directivos de las Secretarías, o de los Institutos, o de las Instituciones que tienen que ver con la cultura, la investigación histórica, las artes y las ciencias, haya nombrado como funcionarios a personas de perfil bastante mediano, cuyo mayor mérito es, exclusivamente, su acrítico e incondicional apoyo al propio López Obrador. Además, redujo el presupuesto para cultura en 2019, y lo mantuvo prácticamente congelado para 2020, habiendo intentado en varias ocasiones, y a veces habiendo concretado, recortes importantes a los presupuestos de los Centros Públicos de Investigación, al Instituto Nacional de Antropología e Historia, a las Universidades públicas, al Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología, y a varios Fideicomisos, del cine, de las becas para los artistas y creadores, de los apoyos culturales, y de fomento a la investigación antropológica y arqueológica, entre otros varios.20

Ataque sistemático y en varios frentes a la cultura, a las artes y a las ciencias, que se ha agudizado aún más durante la pandemia del COVID 19, provocando que los artistas se agrupen en tres movimientos, que incluyen el que se llama “No vivimos del aplauso”, el Movimiento Colectivo por la Cultura y el Arte en México, y la Asamblea por las Culturas, los que frente a la total falta de apoyos por parte del gobierno, han propuesto un Programa de apoyo que se llama ‘Contigo en la Confianza’. Pero también hay otros artistas que se han auto-organizado para apoyarse entre sí mismos, como en el caso de la Convocatoria #Arte en Resistencia, que recaba dinero y despensas para darlos a los artistas más vulnerables y afectados por la pandemia actual. Indiferencia y agresiones a la cultura, las artes y las ciencias por parte del gobierno de Obrador, que contrasta enormemente con la promoción, el cultivo, la centralidad, la defensa y el abierto apoyo a estas actividades por parte del neozapatismo, que lo ha llevado a declarar incluso que, “…nuestro [camino] está basado en algunas de las raíces de las comunidades originarias (o indígenas): el colectivo, el apoyo mutuo y solidario, el apego a la tierra, el cultivo de las artes y las ciencias, y la vigilancia constante contra la acumulación de riqueza.  Eso, y las ciencias y las artes, son nuestra guía.  Es nuestro “modo”…”. Bella y muy clara declaración neozapatista, que frente a la mezquina y miserable postura del gobierno lopezobradorista frente a la cultura, las artes y las ciencias, brilla hoy con más fuerza, en esta emergencia nacional y mundial de la pandemia del nuevo coronavirus.21

* * *

Ahora, a finales de junio de 2020, y cuando las cifras de nuevos contagios y de decesos a causa del nuevo coronavirus siguen todavía peligrosamente al alza, tanto el gobierno federal de López Obrador como el gobierno de la ciudad de México, ciudad que es el epicentro principal de la pandemia en el país, están tratando de forzar, absurda y criminalmente, un prematuro retorno a la llamada ‘nueva normalidad’. Y con ello, están jugando con fuego, pues pueden provocar un rebrote o segunda ola de la pandemia en México, que sea todavía peor y más grave de la que ya hemos vivido hasta ahora. Frente a esto, vale recordar la sabia postura neozapatista, que desde hace más de tres meses, nos advirtió que se trata de una ‘amenaza real’ y un verdadero ‘peligro’ para la vida humana, la que debería prevalecer como criterio esencial, por encima de la ganancia capitalista, de la economía en general, de los espurios intereses del Estado mexicano y también de los gobiernos actuales. Por eso, ‘ante la ausencia de los malos gobiernos’, sólo nos queda, a los ‘peatones de la historia’, el cuidarnos, y protegernos, y apoyarnos entre nosotros, y el autocuidarnos, autoprotegernos y autoapoyarnos, es decir, el organizarnos y auto-organizarnos desde abajo y a la izquierda, para vencer hoy a la pandemia del COVID 19 y salvar la vida, y mañana, para vencer al capitalismo nacional y mundial, y nuevamente, volver a salvar, definitivamente, a la diversa, rica y multifacética vida humana en todo el planeta. ¡Así sea!

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Junio de 2020.

1 Cfr. Subcomandante Insurgente Moisés, “Por coronavirus el EZLN cierra Caracoles y llama a no abandonar las luchas actuales”, del 16 de marzo de 2020, en Enlace Zapatista, http://www.ezln.org.mx.

2 Sobre estas torpes declaraciones de AMLO, cfr. la nota “No dejen de salir, yo les voy a decir cuándo: AMLO sobre pandemia de COVID-19”, en el sitio de la revista Animal Político, del 23 de marzo de 2020, en https://www.animalpolitico.com/2020/03/no-dejen-de-salir-amlo-coronavirus-covid19/.

3 La manipulación y ocultamiento consciente de las cifras verdaderas de contagios y muertes del COVID-19 ha sido tan escandalosa en México, que incluso provocó la publicación de varios artículos de la prensa internacional denunciando esta situación. En ellos, se estimaba que la cifra real debe ser de, en un caso entre 3 y 4 veces, y en otro caso 22 veces las cifras oficiales, frente a lo cual el gobierno mexicano se vio obligado a aceptar que si había un subregistro, pero bajo el tramposo argumento de que ese mismo subregistro era involuntario e inconsciente y que se daba en todos los países del mundo. Y si partimos de que en mayo de 2020, mientras Islandia hacía 147 pruebas por cada mil habitantes, e Italia 35 pruebas por cada mil habitantes, México en cambio hacía sólo 6 pruebas, pero no por cada mil, sino por cada diez mil habitantes, entenderemos una de las varias razones de ese tramposo y enorme subregistro. Sobre este punto, cfr. Azam Ahmed, “Hidden Toll: Mexico Ignores Wave of Coronavirus Deaths in Capital”, en The New York Times, 8 de mayo de 2020, Juan Montes, “Death Certificates Point to Much Higher Coronavirus Toll in México”, The Wall Street Journal, 8 de mayo de 2020, Jorge Galindo y Javier Lafuente, “La magnitud de la epidemia en México”, en El País, 8 de mayo de 2020, Juan Omar Fierro, “Es oficial: hay subregistro de muertes”, en Proceso, núm. 2271, 10 de mayo de 2020 y Mathieu Tourliere, “Hacia una ‘normalidad’ luctuosa”, en Proceso, núm. 2274, 31 de mayo de 2020.

4 Cfr. Subcomandante Insurgente Galeano, “Sonata para violín en sol menor: dinero”, del 15 de agosto de 2019, en Enlace Zapatista, http://www.ezln.org.mx.

5 Cfr. Subcomandante Insurgente Moisés, “Mensaje del Ejército Zapatista de Liberación Nacional en los 100 años del asesinato del General Emiliano Zapata”, del 10 de abril de 2019, en Enlace Zapatista, http://www.ezln.org.mx.

6 Para esta original y aguda tesis neozapatista, que concibe al capitalismo actual a través de la metáfora de imaginarlo como una enorme serie de fincas, cfr. Subcomandante Insurgente Moisés y Subcomandante Insurgente Galeano, “300. Primera parte: una finca, un mundo, una guerra, pocas posibilidades”, del 20 de agosto de 2018, en Enlace Zapatista, http://www.ezln.org.mx.

7 En nuestra opinión, López Obrador si forma parte de esta familia de los llamados gobiernos ‘progresistas’, pero siendo sin duda su peor versión posible, es decir, su variante más pálida, deslavada, atenuada y descolorida posible. Pues en el fondo, este gobierno actual mexicano si representa a los intereses de la burguesía nacional mexicana, igual que todos los gobiernos progresistas lo hicieron antes y lo hacen ahora con sus respectivas burguesías nacionales, pero a diferencia de ellos, que aunque fueron o son totalmente procapitalistas, sí eran o son genuinamente nacionalistas y a veces hasta anti-imperialistas, el gobierno mexicano lopezobradorista, en cambio, mantiene una postura tan servilmente sometida y dependiente de los Estados Unidos, que casi no parece ser parte de dicha familia. Por eso los compañeros neozapatistas afirman que, “Decir que el próximo gobierno es de izquierda o progresista, no es sino una calumnia”. Para esta cita, y para la caracterización de estos ‘gobiernos progresistas’ latinoamericanos, cfr. Subcomandante Insurgente Moisés y Subcomandante Insurgente Galeano, “300. Segunda parte: un continente como patio trasero, un país como cementerio, un pensamiento único como programa de gobierno, y una pequeña, muy pequeña, pequeñísima rebeldía”, en Enlace Zapatista, http://www.ezln.org.mx, y Carlos Antonio Aguirre Rojas, Antimanual del Buen Rebelde, Ed. El Viejo Topo, Barcelona, 2015, y Movimientos antisistémicos y cuestión indígena en América Latina, Ed. Desde Abajo, Bogotá, 2018.

8 Para esta caracterización de la política económica del gobierno de Obrador, cfr. Subcomandante Insurgente Moisés, “Mensaje del Ejército Zapatista de Liberación Nacional en los 100 años del asesinato del General Emiliano Zapata”, del 10 de abril de 2019, ya antes citado.

9 Sobre el fuerte estancamiento de la economía mexicana, previo a la pandemia, cfr. Braulio Carbajal, “Las grandes empresas pasaron mal el primer año del nuevo gobierno”, en La Jornada, 8 de marzo de 2020, p. 17. Y sobre la recesión económica actual, y sus efectos sobre las clases y sectores subalternos, cfr. Rafael Croda, “La mayor recesión en 88 años”, en Proceso, núm. 2271, 10 de mayo de 2020 (de donde proviene la cita incluida en este párrafo), y Juan Carlos Cruz Vargas, “La estrategia de AMLO ‘empuja al país al abismo'”, en Proceso, núm. 2273, 24 de mayo de 2020.

10 Sobre el carácter histórico de larga duración, y sobre la dimensión estructural de esta dependencia de México respecto de Estados Unidos, que hoy ha llegado a un extremo vergonzoso con el gobierno actual, cfr. Carlos Antonio Aguirre Rojas, “México en el largo siglo XX histórico. Pistas wallerstinianas para su reinterpretación”, en Contrahistorias, núm. 33, 2020.

11 Sobre estos puntos mencionados, cfr. Rubén Migueles, “Salario mínimo de México, de los más bajos del mundo” en El Universal, del 22 de enero de 2020, y Antonio Sandoval. “Así están los salarios de México frente al resto del mundo”, en el sitio Alto Nivel, del 23 de septiembre de 2019, en https://www.altonivel.com.mx/economia/asi-estan-los-salarios-de-mexico-frente-al-resto-del-mundo/, en donde se refiere que el propio López Obrador tuvo que reconocer que los salarios mexicanos son más bajos que en Centroamérica y en China. Véase también, Mathieu Tourliere, “El contratrista favorito de la 4T”, en Proceso, núm. 2271, 10 de mayo de 2020, Esteban David Rodríguez y Quinto Elemento Lab, “Brotan de la nada las proveedoras de la 4T”, en Proceso, núm. 2261, 1 de marzo de 2020. Y sobre el riesgo de una hambruna, cfr. Rodrigo Vera, “Vamos hacia una hambruna”, en Proceso, núm. 2271, 10 de mayo de 2020.

12 Las dos primeras citas provienen del texto del Subcomandante Insurgente Moisés, “Organizarse (sobre las elecciones)”, incluido en el libro El Pensamiento Crítico frente a la Hidra Capitalista I. Participación de la Comisión Sexta del EZLN, edición del EZLN, México, 2015, y la última de Subcomandante Insurgente Moisés, “Por coronavirus el EZLN cierra Caracoles y llama a no abandonar las luchas actuales”, antes ya referido.

13 Sobre este terrible flagelo de los feminicidios, cfr. Jessica Xantomila, “Ocupa México primer lugar de América Latina en feminicidios: AI”, en La Jornada, 9 de abril de 2019, y “ONU: Feminicidios en México crecieron diariamente de 7 a 10 en tres años”, en La Jornada, 5 de marzo de 2020. Y sobre la postura neozapatista, cfr. “Convocatoria al Segundo Encuentro Internacional de Mujeres que Luchan”, del 19 de septiembre de 2019, y “No necesitamos permiso para luchar por la vida. Las mujeres zapatistas se unen al Paro Nacional del 9 de marzo”, del 1 de marzo de 2020, ambos en Enlace Zapatista, http://www.ezln.org.mx.

14Sobre las declaraciones de López Obrador, y luego sobre la absurda liberación del hijo del Chapo, cfr. https://lopezobrador.org.mx/2019/01/30/, y Azam Ahmed, “The Stunning Escape of El Chapo’s Son: It’s Like ‘a Bad Netflix Show’”, en The New York Times, 18 octubre de 2019. Sobre el encuentro con la madre del Chapo, cfr. https://aristeguinoticias.com/2903/, del 29 de marzo de 2020 y Ricardo Ravelo, “AMLO, el amigo de los narcos”, en el diario electrónico Sinembargo.mx, del 3 de abril de 2020, en: https://www.sinembargo.mx/03-04-2020/3760627. Y sobre la frase del neozapatismo de la colusión entre el Estado mexicano, el narco y el crimen organizado, cfr. Subcomandante Insurgente Moisés y Subcomandante Insurgente Galeano, “300. Segunda parte: un continente como patio trasero, un país como cementerio, un pensamiento único como programa de gobierno, y una pequeña, muy pequeña, pequeñísima rebeldía”, texto ya antes citado.

15 Sobre esta colusión implícita entre el gobierno de López Obrador y los Cárteles del narcotráfico, cfr. Patricia Dávila, “El de Sinaloa, un Cártel aún sólido”, en Proceso, núm. 2243, del 27 de octubre de 2019, J. Jesús Esquivel, “‘El Mayo’ es el capo de capos, según la DEA”, en Proceso, núm. 2256, 26 de enero de 2020 y Ricardo Ravelo, “AMLO, el amigo de los narcos”, recién citado. Y vale la pena señalar que frente al vacío de acción y la parálisis gubernamental frente a la pandemia, tanto el Cártel de Sinaloa, como otros Cárteles, tuvieron hace algunas semanas la iniciativa de repartir gratuitamente despensas, en varias de las zonas campesinas en donde tienen actividades y presencia.

16 Para estas citas, cfr. Subcomandante Insurgente Moisés y Subcomandante Insurgente Galeano, “300. Segunda parte: un continente como patio trasero, un país como cementerio, un pensamiento único como programa de gobierno, y una pequeña, muy pequeña, pequeñísima rebeldía”, texto ya referido antes.

17 Sobre este triste papel de México como policía migratoria de Estados Unidos, cfr. J. Jesús Esquivel, “Confirmado: México es el mejor agente migratorio de EU”, en Proceso, núm. 2249, 8 de diciembre de 2019, e Isaín Mandujano, “Condena unánime: la peor cara de México en materia migratoria”, en Proceso, núm. 2256, 26 de enero de 2020. Véase también, Subcomandante Insurgente Moisés y Subcomandante Insurgente Galeano, “300. Segunda parte: un continente como patio trasero, un país como cementerio, un pensamiento único como programa de gobierno, y una pequeña, muy pequeña, pequeñísima rebeldía”, antes citado, y de donde provienen las citas incluidas en este párrafo, Subcomandante Insurgente Moisés, “Palabras del CCRI-CG del EZLN en el 26 Aniversario”, en Enlace Zapatista, en http://www.ezln.org.mx, y Carlos Antonio Aguirre Rojas, “Noticias desde México. Entrevista a Carlos Antonio Aguirre Rojas”, en la revista El Viejo Topo, núm. 375, Barcelona, abril de 2019.

18 Sobre el triste panorama de los derechos humanos en México, tan sombrío como hace décadas, cfr. la nota “Amnistía Internacional: las violaciones a derechos, al nivel de los sexenios anteriores”, en La Jornada, 27 de febrero de 2020. La frase citada del neozapatismo está en Subcomandante Insurgente Moisés, “Palabras del CCRI-CG del EZLN a los pueblos zapatistas en el 25 Aniversario del inicio de la guerra contra el olvido”, del 1 de enero de 2019, en Enlace Zapatista, en http://www.ezln.org.mx. Y sobre la creciente militarización, agudizada con el Acuerdo reciente, cfr. Juan Omar Fierro, “Un paso más hacia la militarización”, en Proceso, núm. 2272, 17 de mayo de 2020.

19 Sobre esta caracterización, cfr. Subcomandante Insurgente Galeano, “Obertura: la realidad como enemiga”, del 11 de agosto de 2019, en , en Enlace Zapatista, en http://www.ezln.org.mx.

20 Sobre los presupuestos de cultura en 2019 y 2020, cfr. Enrique Méndez, “El presupuesto para cultura en 2019, menor al ejercido en 2018”, en La Jornada, 17 de diciembre de 2018, yJudith Amador Tello, “Presupuesto cultural 2020: el esquema de siempre”, en Proceso, núm. 2248, 1 de diciembre de 2019. Y sobre la política realmente anticultural de López Obrador, y por mencionar sólo un ejemplo entre los muchos posibles, cfr. Judith Amador Tello, “Es hora de escuchar a la academia”, en Proceso, núm. 2276, 14 de junio de 2020.

21 Sobre los movimientos mencionados, cfr. https://www.facebook.com/NoVivimosDelAplauso/, https://moccam.net/, y https://asambleaporlasculturas.org/. Sobre la iniciativa de auto-organizarse, cfr. Roberto Ponce, “Fase Solidaridad: los artistas se ayudan a sí mismos”, en Proceso, núm. 2271, 10 de mayo de 2020. Y sobre la postura neozapatista, cfr. Subcomandante Insurgente Moisés y Subcomandante Insurgente Galeano, “300. Segunda parte: un continente como patio trasero, un país como cementerio, un pensamiento único como programa de gobierno, y una pequeña, muy pequeña, pequeñísima rebeldía”, ya antes citado.

Paraguay: una ausencia construida

Destacado

Magdalena López es Licenciada en Ciencia Política y Doctora en Ciencias Sociales. Publicó “Transición y democracia en Paraguay (1989-2017): “El cambio no es una cuestión electoral” en 2018 y “Violencia(s). Reflexiones sobre sus diversas formas en Paraguay” junto a Victoria Taboada en 2015.

PH: Para muchos argentinos Paraguay tiene una cierta imagen de país “aislado”. ¿Cómo creés que se construyó esa imagen?

ML: Es un país construido como poco importante, incluso desde antes de la guerra de la Triple Alianza. La guerra terminó de popularizar esa sensación además de país subordinado: como este mito de país poco desarrollado casi tosco, bruto. Este tipo de historias o de relatos que se escuchan mucho en Argentina y que se mantienen hasta hoy no sólo con el país sino con les paraguayes. Las personas migrantes de Paraguay que viven en Argentina son muchas veces concebidas como medio burros, tontos; se construye al guaraní como un idioma inferior, etc. Hay un conjunto muy amplio de prejuicios que alimentan esa leyenda de país aislado. Lo que sucede es que al ser construido como aislado e inferior hay un conjunto de decisiones y políticas tanto sobre currículos de historia como políticas o económicas que van en cierta forma haciendo de eso una realidad, lo van aislando. 

Paraguay no se ve en los secundarios y las universidades. Sabemos más de historia de Europa que de Paraguay, un país con el que tenemos una cercanía no sólo geográfica sino historia económica y política. Ni hablar poblacional.

Esa construcción del “aislamiento” además tiene un círculo vicioso en el cual como nadie habla de eso… ¡nadie habla de eso! Se construyó una ausencia y nadie aborda esa ausencia. En ese sentido, si uno ve los grandes manuales académicos de historia de América Latina,  el país ausente es Paraguay, o aparece resuelto en un párrafo que es casi agresivo. Hay ocho países grandes que tienen un capítulo cada uno y después hay tres o cuatro países chicos (Paraguay siempre es uno de esos) que o aparece poco o no aparece. 

Después, como cualquiera que lee un libro cree que sabe de Paraguay, como es un país del que en Argentina no se sabe nada, entonces cuando una persona académica argentina lee un libro, automáticamente se auto-atribuye la experticia absoluta porque leyó el libro que nadie más leyó. Eso también genera como un aislamiento. que surge así como de forma intencional y no realista y que deriva en situaciones de subordinación y dominación de parte de Argentina y de Brasil respecto a Paraguay, termina generando que lo aislemos activamente.

Magdalena López

PH:  ¿Qué elementos podemos esgrimir para revertir esa imagen de aislamiento?¿hasta qué punto?

ML: Respecto de cómo podemos negar este aislamiento, Hay cosas activas que podemos hacer y hay cosas reales que suceden que discuten este aislamiento.

Que las y los paraguayos sean el primer colectivo de migrantes es una forma, que hablemos el mismo idioma, que tengamos una hidroeléctrica compartida, que hayamos atravesado procesos sociopolíticos similares, que sea uno de los principales socios económicos y financieros, que sea un lugar en el cual cierta burguesía planifica o espera o efectivamente elige como destino de sus inversiones, que haya firmas argentinas que tienen partes de sus filiales en Paraguay, hay un montón de elementos de la vida real que hacen que este aislamiento quede negado, o por lo menos discutido.

Las cosas que podemos hacer activamente (esto más en términos universitarios o académicos) es exigir una buena revisión de los estudios del Paraguay y ejercer buenos estudios sobre el Paraguay. Que sean justos con la bibliografía, el estudio de campo, los abordajes, las fuentes, no esta cosa de argentines que investigan Paraguay con las tres fuentes que encontraron en Buenos Aires. Eso no sirve, no funciona.

Tampoco ir a la caza de jóvenes paraguayos que puedan escribir  papers donde nosotros pongamos los nombres. Esas dinámicas en las cuales seguimos subordinando a Paraguay y a sus investigadores, tampoco sirven para pelear contra este aislamiento que hemos ejercido durante tanto tiempo.

Otro elemento importante es que empecemos a poner en espacios binacionales con Paraguay a gente preparada para ello. Nunca sabemos quién está dirigiendo Yacyretá del lado argentino. En el Congreso nadie sabe nada de Paraguay, también se trataría de reforzar con gente que sabe del tema los espacios en los que se toman decisiones para lograr que se respete esa relación histórica entre Argentina y Paraguay

PH: Una particularidad que me interesa es el caso de Stroessner que si bien en algún momento integró el grupo de los dictadores sudamericanos, es de alguna manera, un dictador de “otro ciclo”.

ML: Stroessner fue uno de los dictadores más duraderos de América Latina. Fue de ese equipo, de ese ciclo de dictaduras latinoamericanas de los 70s, pero fue previo y posterior. Sin embargo tuvo un momento de acoplamiento bastante fuerte con ellos. Si pensamos el Plan Cóndor, es un elemento fundamental para entender esa asociación que tuvo. De hecho, Stroessner hizo muy buenas gestiones para que Estados Unidos supiera en ese momento (momento de la Doctrina de Seguridad Nacional) que Paraguay era el más confiable de la región, que llevaba en dictadura tanto tiempo; eso que le permitió obtener beneficios económicos financieros y de formación, material bélico, seminario para sus militares, etc. además de inteligencia y logística.

Stroessner fue parte de esas dictaduras y no fue parte. Tuvo la ductilidad de sumarse a ese proceso con unas características que traía desde antes, un fortísimo anticomunismo que caracteriza la política paraguaya desde 1920, eso lo supo capitalizar muy bien estratégicamente. Y con un sistema mucho más aceitado e impune que Stroessner traía y venía entrenando desde hacía más tiempo. Había logrado una extensión de espías de la sociedad civil que ya funcionaban muy imbricados y que denunciaban constante tal como se le indicaba, los llamados pyragüé.

PH: Teniendo en cuenta que hay tantos paraguayes en Argentina. ¿Hay muchos paraguayólogues? 

ML: Argentina es el principal destino de les paraguayes, con unos 700.000 migrantes. 

El 10% de la población paraguaya vive en el exterior, hay comunidades en Brasil, Estados Unidos y algunos países de Europa, principalmente España.  

Respecto a les paraguayólogues en Argentina, no sé cómo definiríamos… está nuestro grupo, fundado en 2008 (Grupo de Estudios Sociales Sobre el Paraguay) y después han surgido otros grupos de estudios, hay investigadores en Chaco, Rosario, Formosa, en Buenos Aires, en la UNGS, es un espacio de estudios que se ha vuelto más interesante, sobre todo a partir del triunfo de Lugo del año 2008.

PH: A veces un tema nos impacta y nos ata a la historia de un país. La esclavitud en Brasil, me imagino que a muchos les debe pasar con el Peronismo en Argentina, la UP en Chile, etc.  ¿Hubo un tema que haya despertado tu interés por Paraguay?

ML: En mi caso, el tema que a mí me atrajo fue pensar cómo se había salido de una dictadura de 35 años. Sobre todo porque yo empecé a estudiar Paraguay cuando tenía 24, la dictadura era 11 años más vieja que yo. Pensaba ¿cómo se logra una institucionalidad, discurso prácticas políticas gobernabilidad, elementos super complejos a partir de una dictadura de 35 años y tan pocas bases democráticas ¿no?

Eso fue lo que más me atrapó de Paraguay. Elementos que pueden servir. No solo una dictadura larga, una transición bastante compleja, con los partidos colorados y liberal centenarios y muy poderosos, a diferencia de otros países de América Latina en que la relevancia de los partidos se ha ido perdiendo. Un Movimiento Obrero muy particular en los años 30 y 40, una guerra civil que se llamó “Revolución colorada” que fue bastante fuerte y bastante rara en cuanto a la forma en que se la reconoce e investiga. La Guerra del Paraguay, pero también la del Chaco (con Bolivia). Es un país muy particular con cosas muy interesantes. Dos mega hidroeléctricas gigantes con Brasil y Argentina, que también es muy interesante su inserción en el mundo en cuanto a exportador de materias primas, la forma en que se desarrolló el capitalismo paraguayo, las características de las elites empresariales, políticas, de gobierno, esa multi posicionalidad que tienen los mismos actores, la remoción de Fernando Lugo en 2012, hay mil cosas muy interesantes de Paraguay.

PH: ¿Les paraguayistas argentines son considerados allá? ¿Participan de una red transnacional? ¿Hay interacción colaboración etc., o son dos escuelas e instituciones bien separadas?

ML: Bueno. Entre les paraguayólogues argentines, algunes son más considerades que otres, Existen algunos canales de comunicación que solemos habitualmente utilizar. Pero no hay producción conjunta, precisamente por ciertos vicios que tiene cada una de las academias de cada país. Pero sí estamos en diálogo constante, de hecho hay mucha colaboración. Las investigaciones nuestras desde Argentina serían impensadas sin colaboración de las personas que trabajan e investigan Paraguay desde Paraguay. Obviamente como en Argentina la escuela más importante es la de estudios de Argentina allá lo es la de estudios sobre Paraguay, porque es la propia realidad. Nosotros dependemos mucho de los avances que tengan allá  de las cosas que están investigando, y de los materiales y de las fuentes y de ciertos contactos. Sobre todo yo que me dedico más a contemporáneo. Sería imposible seguir la realidad política paraguaya escindida de lo que se investiga en Paraguay en este momento.

PH: ¿En qué estás trabajando ahora?

ML: En este momento estoy trabajando con élites políticas de la transición y de la democracia hasta la actualidad, por una parte. Por otra estoy trabajando en las políticas públicas de gestión del COVID en Paraguay. También estoy tratando de avanzar en un trabajo que tengo colgado desde hace un tiempo, que es una comparación histórica de Bolivia y Paraguay a partir de los 2000. Finalmente, estoy con un trabajo sobre el surgimiento del estado en Paraguay con Carlos Antonio López en el siglo XIX.


Sobre el significado histórico de la experiencia macrista

por Sebastián Merayo

Armen un partido y ganen las elecciones” CFK (2011)

Uno de los aspectos que trae, a modo de novedad, la posibilidad de pensar los cuatros años del Gobierno macrista es empezar a desandarlo a partir de aquella frase que la entonces presidenta Cristina le destinaba al holding empresarial Techint, de Paolo Roca, en una de las tantas disputas políticas del gobierno con los grupos empresarios.

Lejos de los chistes que propios, extraños y ajenos hicieron de esos dichos, no es cualquier frase, puesta en perspectiva histórica forma parte de los elementos centrales de debate, contradicción y conflictos por los que el sistema político democrático en Argentina sigue y seguirá sin resolver. La frase no fue para un sector de la política paradójicamente sino para los grandes grupos empresarios.

Las intenciones de sectores que por un lado intentan recuperar el protagonismo estatal en la agenda de un Capitalismo en modo nacandpop frente a un liberalismo imposible, trágico, revanchista y por sobre todo las cosas desprolijo desde el punto de vista del Liberalismo (con mayúscula) es la descripción mas general de este esquema democrático hoy en nuestro país.

El primer elemento de significación histórica del gobierno de cambiemos es la novedad que trajo a la vida política el triunfo en las elecciones. En términos históricos, es interesante pensar que un sector que no necesitó de ningún plumaje, o peronista como en el 89 o progresista como en el 99, gane en términos democráticos con Macri dirigiendo la batuta luego de 12 años de gobierno kirchnerista.

En definitiva, ese elemento llamativamente ‘novedoso’ es lo que nos sacude e invita a (re) pensar la idea de democracia o del régimen democrático en Argentina. Porque pareciera ser que así las cosas estamos ante la proyección ‘democrática’ de aquella propuesta de Portantiero de ubicar el drama político bajo la idea de un empate y la imposibilidad, en tanto permanencia, de constituir un modelo hegemónico desde las clases dominantes en Argentina. Ese ideal activa en determinados momentos el comportamiento oscilante de diversos actores sociales que como las Centrales sindicales o la pendulación de los sectores medios varía según el ‘clima’. Amén de los sectores de las izquierdas y los movimientos sociales que se mantienen siempre en alerta.

Existe una amplia bibliografía para pensar en la influencia que los grandes medios de comunicación tienen sobre estos aspectos ideológicos y en la construcción de discursos del sentido común. Pero también deja de ser novedad que las derechas liberales gobiernen cuando los gobiernos populares no avanzan (porque no quieren o no pueden) en la posibilidad de constituir elementos que lleven a la participación social, sindical, a una idea cierta de democracia radicalizada, a incorporar los reclamos de los movimientos políticos de mujeres y de la diversidad, a dejar de ubicar solo en el consumo la clave de la inclusión, etc.

Los cuatro años macristas confirman la incapacidad para gobernar de estos sectores, el desconocimiento del laberinto estatal y su poca vocación democrática. La brutal fuga de divisas, el endeudamiento, la represión, los presos políticos, la justicia puesta al servicio de un gobierno que hizo uso y desuso a su antojo se chocó de frente con la ‘unidad’ del peronismo. Ese acelere en su utopía del desguace estatal vuelve a poner sobre la mesa la idea de una democracia posible que se alimenta de tales contradicciones bajo una estela tan amenazante como inconclusa.

Sobre el significado histórico de la experiencia macrista

Destacado

por Javier Trímboli

La cuestión de los “cortes” en la historia, se sabe, es siempre ardua. Esquiva y equívoca. Inevitable añadir, porque al menos así parece, que lo es aun un poco más en la historia argentina, en su experiencia. Decimos esto en el último tramo de julio de 2020, cuando la pandemia pone ante los ojos escenas inimaginables hasta hace apenas unos meses y nos involucra en situaciones cotidianas que suponíamos reservadas a las películas distópicas. Entre paréntesis: desde ya que este corte tampoco es limpio, quirúrgico; sin ir demasiado lejos, zoom -o sus variantes- y el e commerce ya existían desde hace rato, al igual que wasap, motivos entramados que nos ponen cerca de confirmar aquello que señalaba Marx, que “la humanidad sólo se plantea tareas que puede resolver”. Ahora bien, aunque fuera furiosamente nuevo el mundo que ya empezamos a conocer, en nuestras particulares coordenadas sudamericanas seguiremos en desacuerdo al viejo estilo. No es una mistificación, no es mero imaginario, tampoco es capricho del orden caricaturizado del relato. Tiene efectos prácticos, incluso contantes y sonantes. Desacuerdo, por ejemplo, alrededor del peronismo. Y, no obstante sean legión los que prefieren tratarlo como un accidente, el peor que padecimos, en su nombre zarandeado se anuda un montón de historia previa, de la más visible y de la invisibilizada, toda una sensibilidad. O todo por dos, justamente ése es el problema: en plan reivindicativo, amoroso, o de defenestración. El macrismo, claro, articuló a esa legión que sobre todo se constituye como tal en la trabazón con los medios de comunicación, pues a través de ellos se expresa y amplifica.

En la prosa específicamente argentina una y otra vez se ha pretendido protagonizar una ruptura, iniciar algo radicalmente nuevo y que, por lo tanto, entierre bien enterrado a lo que se quiere dejar atrás. A una cosa o a la otra. Al caudillismo, a las minorías y sus privilegios, al desierto, a la oligarquía, a las dictaduras, al neoliberalismo; por supuesto, al peronismo. Esto no ha funcionado. O pocas veces, muy pocas, logró sus cometidos, para dejarnos ante un desteñido de todas esas presencias, las de siempre. El macrismo se calzó, eufórico, el traje de lo nuevo que por fin con él advendría, al punto de que buscó desprenderse de toda filiación histórica. Pero se enchastró. Una heterogénea fuerza, más social que política, puso un poquito de arena para que así fuera, para que fracasara en su gestión de gobierno. Porque básicamente se enchastró sólo, lo que corrobora incapacidades heredadas o indica que el experimento, en lo que tuvo de debut, precisa de ajustes. Aunque algo más reducida, esa misma fuerza ni por un momento dudó que la voluntad de corte del macrismo obraba en el sentido más… ¿reaccionario o, al revés, moderno? Es decir, ¿frenando las tendencias más anónimas y a la vez determinantes de la época, sino de la historia, o en esa dirección, alentándolas? Como sea, con plena certeza de que buscaba profundizar todo lo que el mundo atrapado por el capitalismo tiene de inhumano -o de lo peor de lo humano-, que pretendía destripar, para volverla figurita tan tonta como cruel, a la idea y a la práctica de una patria. Pero nos complicamos: porque si bien no fue reelecto y rápido tuvo que abandonar la Casa Rosada y Olivos, también la residencia de La Plata que nunca habitó, en poco tiempo y sin genocidio produjo un tendal de desastres dificilísimos de componer, empezando con lo económico con sus tantas implicancias. O sea, el macrismo no fue el corte que quiso ser pero tampoco es un simple bache en una autopista que, en la invitación que me hacen a escribir estas líneas, llaman “populista”. Aunque sea otro problema, tampoco sabemos muy bien a dónde conduce, cosa que tendremos que conversar. Tentados estamos de reflotar lo del “empate hegemónico” pero, sin ser en sí mismo un dato halagüeño que exista tal cosa, sería confuso acudir a esa figura, como si estuviéramos salteando algunos capítulos de la historia que siguió a cuando se la propuso con tanto éxito. O lo de la “larvada guerra civil” que, escribía Halperin Donghi, se había iniciado en 1930 y auguraba -corrían los primeros sesentas- no iba a quedar más que topar contra la pared del callejón….

Santiago Cafiero, apenas unos días después de las P.A.S.O. de agosto del año pasado, daba esta definición: “Apetencias de consumo de mayor nivel. El macrismo es producto de ese aspiracional de consumo. Macri y Awada andando en bicicleta por el Centra Park. Esa foto es un anhelo en toda la zona conurbana, no sólo de la provincia de Buenos Aires, sino del gran Mendoza, del gran Rosario, etcétera.” Una entrevista en la revista Crisis. ¡Qué linda la politología y sus análisis! El kirchnerismo había hecho posible una calidad de vida, incluso en áreas conurbanas, que en 2001 no localizaba ni el radar más optimista; el macrismo prometió llevarla un poco más allá, bicicletas en el Central Park. Un nuevo horizonte con el que el kirchnerismo ya no se conjugaba bien, o virtuosamente como se gusta decir. Después de las elecciones de 2017 esto se desbarranca, por lo tanto la aspiración pasa a ser otra, más modesta, retrocede escalones y ahí se apela nuevamente al peronismo. ¿Será acertado lo que diagnosticaba quien unos meses después pasaría a ser jefe de gabinete del presidente Alberto Fernández? La impresión es que no le falta razón, al menos una buena pizca, lo que no morigera las ganas de pegarse un corchazo, pues si la política se ha convertido en el arte de vehiculizar de mejor forma el deseo de llegar al Central Park, estamos más complicados que lo imaginado. O estábamos, porque la “gran manzana” se alejó un poco más, un montón. Pero se trata de otra cosa. Macrismo más o menos explícito, o como se lo llame, por todo lados. Por lo tanto, decidimos mantenernos en pie con argumentos que se escapan a este razonamiento de Santiago Cafiero politólogo. Si no se lo puede ignorar, manteniéndolo a raya.

Por otra parte, aunque la crisis prepandemia -convendría no olvidarla- había limitado a diestra y siniestra “el aspiracional de consumo”, los votos y la adhesión que concitó el macrismo no mermaron ni por asomo en la misma proporción. Obvio de toda obviedad: el 40 por ciento cosechado en las elecciones últimas jamás se podría explicar por los beneficiados económicamente. Alain Badiou, que se resiste a hablar de neoliberalismo, remarca que el “deseo de Occidente” configura una subjetividad expandida, tautológica, nihilista. “El deseo de Occidente, a saber, la idea de que no hay otro objetivo en el mundo más que encontrar un lugar -el mejor lugar posible- en este agenciamiento del capitalismo globalizado”. Oscila: afirma que es una subjetividad poderosa pero también que es la liquidación de toda subjetividad. Es una mezcla de apetencias de consumos, defensas de libertades que no son mucho más que salir a correr y a vitrinear, como dicen en Chile; o manifestar odio frente a los planeros, ignorantes, delincuentes. Y contra los políticos, corruptos. Una idea de la república que si existió en el siglo XIX no fue en el nuestro, aérea como decía Bolívar. Badiou es más conciso, incorrecto también: con Occidente se remite a las sociedades liberales que apuntalan “modos de vida que permiten a las personas hacer lo que quieran, en un cierto orden de ideas: la liberación sexual, el reconocimiento de las minorías, el parlamentarismo, las elecciones, todo eso.” (Acerca del fin. Conversaciones) Viene bien que se resista a hablar de neoliberalismo porque lleva a recordar que en este rincón austral de América Latina, ese “deseo de Occidente” no es nuevo, fue poderosísimo entre las elites del siglo XIX, como fuga de una realidad hostil, como fabricación e implantación de un ideal que la niegue. El mundo como un espacio limpio, higiénico, pulcro, sin dolor. Mientras no sea así, rienda suelta a la violencia -de un tipo, de otro, de ambos- contra los que impiden la realización de ese deseo.  El macrismo fue la fórmula que encauzó en el terreno político a un movimiento de masas que liga a las clases más beneficiadas fundamentalmente con las clases medias en todos sus estratos. Movimiento que lo antecedió y que, si él se desmorona como arquitectura política, lo sobrevivirá. Si hay una novedad, entendemos que la hay, radica en esta situación que hizo posible que empresarios exitosos, CEOs, apellidos de alcurnia llegaran al gobierno sin recurrir a un golpe de Estado. El macrismo articuló el “deseo de Occidente” en la conjugación de masas que viene tomando forma desde las últimas décadas del siglo pasado. La pesadilla del kirchnerismo fue su último golpe de horno. La impresión, lo confirma una nota de La Nación de estos días que vuelve a la carga con la “fuga” de argentinos que no soportan los fracasos a los que se ven condenados en su país, es que ni siquiera la muy crítica hora que vive “Occidente” desalentará a esa posición que ya no es de minorías. Si a la crisis se la afronta con más capitalismo, barroco y a la vez puro, más goce encontrarán.