La historia cantada

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Entrevista a Ariel Mamani

Ariel Mamani (Universidad Nacional de Rosario – Universidad Autónoma de Entre Ríos) Historiador argentino, ha concentrado su trabajo historiográfico en los vínculos entre cultura, arte y política en la 2ª mitad del siglo XX, realizando tareas de investigación sobre temas específicos de Chile y Argentina.
También ha realizado estudios musicales de nivel superior, especializándose en música
latinoamericana y argentina, realizando investigaciones de carácter musicológico y de historia de la música. Recientemente ha publicado un artículo en “Ahí donde todo comienza. Indagaciones sobre la Cantata Santa María de Iquique”, editado por Libros Corrientes (España).

A partir de tu trabajo sobre la Cantata de Santa María de Iquique, queríamos preguntarte si hay otras experiencias de un hecho histórico -relativamente contemporáneo- sobre el que se hayan compuesto canciones

La Cantata tiene ciertas particularidades en sí misma que le dan realce. Por un lado porque es una obra muy bien pensada y creada, y eso le da un plus sobre otros intentos, anteriores y posteriores. Es la síntesis de lo que podría ser un rescate histórico de un acontecimiento a partir de una obra poético-musical de largo aliento. Conjuga poesía, música, una cierta reflexión filosófica, una narratividad con una trama y, al mismo tiempo, no es una canción solamente sino una obra extensa.

Por otro lado, además de las particularidades propias de la obra, la Cantata tiene algunos elementos que son muy significativos y que la colocan en otro plano.

El primero de ellos es que rescata un acontecimiento absolutamente negado por la historiografía tradicional y por la clase política. De hecho, la invisibilización de la masacre parte del propio estado chileno, y los historiadores acompañaron, al menos durante un tiempo largo. La obra despertó el interés de los historiadores pero a partir de la Cantata. No hay casi ninguna obra o historiador serio que se haya dedicado al estudio de la masacre antes del estreno de la Cantata, pero sí los hay posteriores, eso le da un significado especial a la obra.

Al mismo tiempo su estreno en 1970 fue muy significativo, semanas previas al triunfo de Salvador Allende y en el medio de una campaña electoral muy polarizada y con mucha movilización. En los 3 años de la Unidad Popular se consolidó como una obra muy emblemática y cobró también mucha trascendencia.

El tercer punto es que su canción final, y al mismo tiempo el Pregón que inicia la obra, convirtieron a la Cantata en una obra presentista, con cierto aire premonitorio (si bien eso es claramente una construcción, porque no se podía preveer nada de lo que ocurriría). Lo que ocurrió es que se puso en práctica una asimilación entre los acontecimientos de 1907 y lo que estaba sucediendo con la represión en Chile a partir de 1973. A su vez la Cantata fue tomada por el exilio chileno como un emblema y era una obra muy significativa para todo el contexto latinoamericano.

¿Quizás aquí en Argentina nos inclinamos por los caudillos o en individuos, pienso en “Chacho Peñaloza”, o “Mujeres argentinas”. Creo que hechos similares (la Semana trágica o los fusilamientos del 56) quizás no merecieron ni un tango. Quizás la Cantata Montonera sí se ubique ahí…

Como vos mencionás, en el caso argentino hay muchísima referencia a procesos históricos a partir de la música, en dos formatos, como canción única y conformando obras de largo aliento. El Romance de la muerte de Juan Lavalle (de Sabato y Falú), Los caudillos, Mujeres argentinas (ambas de la dupla Luna-Ramírez), El Chacho (de León Benarós interpretada por Cafrune) o el Canto Monumento (una cantata al Manco Paz de Carlos Di Fulvio) y algunas obras más son ejemplos de obras similares. Canciones sueltas también hay, a patadas. Pero como mencionás, son obras que remiten más a un pasado un poco más lejano, tal  vez menos incómodo. Tiene que ver con una particularidad argentina, de que ese tiempo es el de las disputas y los debates en torno de la creación de la nación. Más allá de que haya otros acontecimientos importantes en la historia argentina, se recurrió más en estos relatos musicales al siglo XIX, donde creo que estaban más cómodos. A su vez, el vehículo musical por excelencia para este tipo de narración del pasado parecía ser la canción de raíz folklórica, porque si había que hablar del origen de la nación, las figuras gauchescas y caudillescas cuajaban muy bien. Por eso no hay tantas referencias históricas en el tango, y mucho menos en el rock, que no se dedicaron tanto a los relatos del origen de la nación en esa misma clave.

El rock tenia esa pretensión universalista… pienso en la biblia de Vox Dei

Sí, es así. No obstante hay algunos ejemplos raros, como la Cantata Montonera de 1973. Esta obra de Huerque Mapu es claramente un ejemplo más, aunque es una obra con mucha menos circulación, y más sesgada, porque entra en juego ser una obra abiertamente militante y absolutamente identificada con una tendencia, lo que le quitaba algo de masividad o de recorrido. Creo que en ese sentido, la cantata de Santa María si bien estaba ejecutada por un conjunto como Quilapayún, adscripto al Partido Comunista, su compositor (Luis Advis) era alguien que no tenía una participación política explícita y podría haber sido un típico votante de la Democracia Cristiana. En la Cantata Santa María lo genérico está muy presente, y ello es propicio para que se lo apropie alguien sin ningún tipo de bandería partidaria. Sergio Ortega, otro compositor chileno, probó con un formato similar. Compuso “La fragua” que es una obra que intenta contar la historia del PC junto con la historia de Chile, y es una operación que tiene varios condicionantes. La obra es un poco más desprolija y más ambiciosa. Sin embargo, al estar identificada con el PC perdió fuerza con el resto de las militancias. Además, se estrenó en 1973 y no tuvo posibilidad de recorrido como tuvo la Cantata.

En relación a las masacres o matanzas obreras en el caso argentino, sé que hay una obra que no sé si nació como cantata o fue una puesta en escena, sobre los fusilamientos de la Patagonia. No estoy seguro si basado en los textos de Bayer o venía por otro lado. Si se puede mencionar a La Forestal (de Ielpi-Bollea-Cánepa) como un ejemplo de rescate de las luchas y matanzas obreras en nuestro país, aunque es ya de los años 80.

En ese mismo arco temporal, si se quiere, se puede pensar también en Taky Ongoy, de Victor Heredia, aunque como parte de un rescate de una especie de genocidio más antiguo como el caso de la invasión y conquista europea. En el mismo plano, hay una obra de Patricio Manns, muy anterior y que no tiene mucho recorrido, que se llama “El Sueño Americano” que es una especie de relato sobre la historia americana. Es decir, que el caso argentino queda medio circunscripto a la idea de los caudillos o de la independencia y demás. Me parece que ese es el tópico.

Como conjetura se puede decir que tal vez lo que seduce a los músicos y poetas que elaboraron estas obras es el momento liminar de la nación, ese mito fundacional. En el caso argentino sería la independencia y las luchas entre caudillos, pero que en el caso chileno ese mito fundacional estaría en el Norte Grande, ese espacio arrebatado en la Guerra del Salitre a Bolivia y Perú, luego chilenizado, y fuente de los recursos económicos. Ese espacio sometido a un fuerte proceso de re-territorialización fue también un foco de conflictividad social. Creo que eso es importante, ese espacio es la cuna del Movimiento obrero chileno. Es por ello que los núcleos temáticos presentes en las obras musicales “históricas” muchas veces se han buscado en diálogos (y tensiones) con los discursos historiográficos y como parte de la construcción de una identidad con que se quiere dotar a la nación. 

México es un país que tiene más tradición en referenciar las canciones con hechos históricos realmente ocurridos. Aunque no como parte de un “programa de canción política” sino como un hecho popular auténtico y espontáneo (Los corridos) ¿Por qué pensás que acá no se dió así?

Sí, hay una diferencia en relación a México, que tiene una tradición más vinculada a la canción como hecho popular y a su recorrido dentro de ese marco. Por otro lado, la canción argentina o chilena es más una cuestión programática en clave política, muy vinculada en este caso a la militancia. Tiene que ver justamente con el nacimiento de estos movimientos musicales muy relacionados con una renovación en la cual aparecía implícita también la agenda política, y las obras son puestas en ese plano. La otra cara de la moneda (porque es discutible la identificación abiertamente militante de Ariel Ramírez, de Carlos Di Fulvio o  del propio Félix Luna, que está muy presente en todas esas obras) es que estos artistas vienen de la mano de una pretensión de generar un discurso musical más ilustrado, si se quiere, mejor elaborado musical y poéticamente. Quisieron romper con la idea de lo popular sin elaboración. No porque desdeñaran lo popular, sino porque creían que era el tiempo de una maduración diferente del artista con raíces folklóricas. En eso creo que se inscriben muchas de esas obras, algunas grandilocuentes, como Los Caudillos que fue un completo fracaso, básicamente por lo exagerado del formato.

¿Creés que la canción-histórica tiene futuro, o ya es en sí misma una pieza del pasado?

Es muy difícil de proyectar. Estos son los temas que yo trabajo específicamente y lo que estoy intentando armar para seguir estudiando y produciendo. Si tengo que decirlo así, a boca de jarro, muchas de estas obras parecen piezas de museo. Me ha pasado de presentar las obras en algún curso o charla y se nota la dureza de su audición. Yo como trabajo estos temas tengo una familiaridad que me hace perder esa perspectiva muchas veces. Por ejemplo “El romance de la muerte de Juan Lavalle” es una gran obra, muy bonita musicalmente, con profundidad literaria (más allá del análisis historiográfico). Sin embargo, la voz de Sábato leyendo y los acordes de Falú, definitivamente son de otro tiempo y es que ya hace más de 50 años de su estreno. Se nota mucho ese paso del tiempo. Hay otras obras que gozan de mayor jovialidad. Puede ser el caso de Taki Ongoy y el de la Cantata Santa María. Esas son obras que se resemantizan constantemente, incluso con sus propias aporías. El caso de Taky Ongoy es paradigmático porque solamente habla de los pueblos indígenas andinos y hace una mezcla bastante rara de pueblos, momentos y períodos. Es muy discutible desde el punto de vista historiográfico, sin embargo a la obra se la han apropiado los sectores populares, las comunidades indígenas, todo aquel que reivindica la lucha contra la opresión. Aparece como una idea de contrafestejo a propósito del 12 de octubre. Se sigue presentando y participan comunidades indígenas, como los mapuches, que ni siquiera están nombrados en la obra, una cosa muy loca. Es decir, se suman a una obra que reivindica a (ciertos) pueblos indígenas pero que nomina solo a algunos de ellos en una construcción muy discutible. Taki Ongoy es un recorte muy sesgado de lo que entendía un porteño en la década del 80 sobre el mundo indígena americano. Pero tampoco pretendo invalidar esos rescates. Si funcionan por algo es. A través de esa obra, plagada de contradicciones, errores y estereotipos, se logró otorgar cierto sentido a la identidad indígena, luego de cinco siglos de negación, y eso es rescatable. 

En el caso de la Cantata a Santa María, también se resignifica por los distintos sucesos que yo mencionaba antes, el golpe, la represión, etc. Como obras muy particulares tienen un revival o pueden ser escuchadas hoy. De hecho, la cantata Santa Maria tiene una versión rock, que intentó aggiornar su sonido a otras orejas. Otras obras, por más que a mí me pese, están quedando como piezas de museo. Y los intentos por revitalizarlas, en algunos casos, no sé si han sido del todo buenos. Por ahí Ramírez intentó con Patricia Sosa revivir “Mujeres argentinas” y ahora lo está haciendo la Bruja Salguero, pero esas son obras más populares e imperecederas. El resto, la gran cantidad, me parece que no han quedado un poco atrás, como testimonios de otro tiempo.

1975. ¿Prólogo o epílogo?

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Días atrás, a partir de un posteo de Esteban Pontoriero sobre el Operativo Independencia, nos quedó la gran duda sobre la potencialidad del año 1975 para explicar lo que vendría. Un año que fue como una versión beta del 76 y también una resaca del 74. Aunque se intentara sostenerlos, los perfiles institucionales se fueron desdibujando: tanto en los acuerdos internos del peronismo como en el accionar de las fuerzas represivas.

Entonces dijimos: vamos a convocar al mismo Esteban Pontoriero y a Laura Pasquali para hablar de ese año tan especial que ha quedado sandwicheado entre dos pesos pesados. En un punto, se le parece a 1944, por poner un ejemplo, un año bisagra, de apertura entre dos escenarios muy distintos.

A 45 años: el “momento 1975” y los orígenes del terrorismo de Estado en la Argentina

Esteban Pontoriero (UNTREF/IDAES-UNSAM/CONICET)

Cuando esto ocurre [la suspensión total del orden jurídico vigente], es evidente que mientras el Estado subsiste, el derecho pasa a segundo término. Como quiera que el estado excepcional es siempre cosa distinta de la anarquía y del caos, en sentido jurídico siempre subsiste un orden, aunque este orden no sea jurídico. La existencia del Estado deja en este punto acreditada su superioridad sobre la validez de la norma jurídica. La “decisión” se libera de todas las trabas normativas y se torna absoluta, en sentido propio. Ante un caso excepcional, el Estado suspende el Derecho por virtud del derecho a la propia conservación.1

El 16 de febrero de 1975 en la plaza de armas del Regimiento Patricios de Mendoza se llevó a cabo el velatorio del capitán Héctor Cáceres, muerto unos días antes en el monte tucumano durante un enfrentamiento con miembros del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP). El hecho se produjo en un contexto particular: desde los inicios de ese mes el Ejército argentino se encontraba realizando una acción represiva y de exterminio en gran escala para eliminar el “foco rural” que esa organización político-militar había establecido en la provincia de Tucumán. En el funeral del oficial muerto, el general Leandro Anaya, Comandante en Jefe del Ejército, expresó:

El 29 de mayo próximo, al conmemorarse el aniversario de la fuerza, manifestaré: “el país ha definido claramente la forma de vida dentro de la cual desea desenvolverse. El gobierno, respaldado por los sectores más representativos del quehacer nacional, ha adoptado la firme determinación de hacer efectivo dicho mandato” […]. Dije en una oportunidad: “el Ejército está preparado para caer sobre la subversión, cuando el pueblo así lo reclame a través de sus legítimos representantes”. El pueblo lo ha reclamado. El Ejército cumplió.2

Lo señalado hasta aquí plantea una serie de interrogantes en torno a esa coyuntura: ¿cómo y por qué el arma terrestre llegó a ocuparse de la realización de tareas represivas? ¿Cuál fue el papel que cumplieron las autoridades políticas en ese proceso? ¿Por medio de qué marco legal se habilitó el uso del Ejército en el orden interno? ¿A quién o a quiénes habían definido como el enemigo los hombres de armas y el gobierno? ¿En qué tipo de conflicto interno creían estar involucrados los actores políticos y militares?

Hacia fines de 1975 ya estaban disponibles dos factores centrales de la represión clandestina que ejecutarían las Fuerzas Armadas con el Ejército a la cabeza: un abordaje para la guerra interna y un marco legal que habilitaba un estado de excepción. Se contaba con una teoría y una práctica para la contrainsurgencia desde los años finales de la década del cincuenta. A su vez, el gobierno peronista de María Estela Martínez de Perón (1974-1976) dictó un conjunto de decretos que edificaron una creciente excepcionalidad jurídica. Este proceso poseía importantes antecedentes en las dictaduras militares de la “Revolución Libertadora” (1955-1958) y de la “Revolución Argentina” (1966-1973) y en las presidencias constitucionales de Arturo Frondizi (1958-1962) y de Arturo Illia (1963-1966). Durante el mandato de Martínez de Perón se dictaron el estado de sitio en noviembre de 1974 y los decretos “de aniquilamiento de la subversión” al año siguiente.

En los primeros días de febrero de 1975, el Poder Ejecutivo convocó al arma terrestre para darle la mayor responsabilidad en materia represiva: lograr la derrota y el exterminio del “foco guerrillero” que el ERP había instalado en una zona rural de la provincia de Tucumán desde algunos meses atrás. Luego del ataque de la organización político-militar peronista Montoneros al Regimiento de Infantería de Monte 29 en la provincia de Formosa en octubre, aquella responsabilidad tomó un carácter nacional mediante el decreto 2772. Las autoridades políticas y militares consideraban que en la coyuntura de 1975 la defensa y el resguardo de la República justificaban la suspensión de partes sustanciales del orden jurídico para garantizar su supervivencia ante una amenaza caracterizada por ambos actores como “subversiva”.

¿Por qué el Ejército recurrió a prácticas represivas clandestinas que no figuraban o estaban prohibidas en los reglamentos elaborados por la propia institución desde la incorporación de las nociones contrainsurgentes? La respuesta a esa pregunta debería tomar en cuenta una serie de factores: la influencia ejercida por el pensamiento contrainsurgente y las prácticas criminales que éste avalaba; la amnistía generalizada de los presos políticos capturados y juzgados durante la “Revolución Argentina” ocurrida durante la presidencia de Héctor Cámpora (mayo a julio de 1973); la situación ventajosa que le daría a los militares desde el punto de vista operativo, asegurando la efectividad y la impunidad por las tareas ilegales que éstos realizaran; la probada eficacia del terror entendido como un arma de guerra contra los opositores políticos y, por último, la masacre debía esconderse para el resto del mundo y especialmente frente a los eventuales reclamos que pudiera realizar la Iglesia Católica como ya había ocurrido con las ejecuciones que tuvieron lugar en la dictadura del general Augusto Pinochet en Chile (1973-1990).

El Ejército condensó una serie de principios para guiar su accionar contra los opositores políticos o aquellos individuos o colectivos percibidos como tales. Se había definido un enemigo, la “subversión”, caracterizado por estar oculto entre la población, su extremismo ideológico y de métodos, operar en varios frentes y buscar la toma del poder para transformar de raíz los supuestos fundamentos políticos, culturales, religiosos y económicos de la Argentina. Se había delineado una estrategia represiva y de aniquilamiento que, entendida como una “guerra antisubversiva”, se basaba en la conducción centralizada y la ejecución descentralizada: esto brindaba ciertos niveles de autonomía a las jerarquías inferiores. Estos principios fueron la culminación de un recorrido formativo y de elaboración doctrinaria iniciado en 1955.

Las máximas autoridades de la fuerza habían decidido el exterminio del enemigo. Desde el “Operativo Independencia”, el concepto de “aniquilamiento” se convirtió en el ordenador de las prácticas represivas. No obstante, los militares en soledad no hubiesen podido imponer sus ideas y encarar la “lucha antisubversiva” si no hubieran contado con el aval político que solamente las máximas autoridades del gobierno les podían otorgar.

Los secuestros, las torturas, los centros clandestinos, los asesinatos masivos, las desapariciones, las variadas formas de destruir o esconder los cuerpos –es decir, una gran parte de las prácticas asociadas con el terror estatal– no figuran en las fuentes militares, como por ejemplo las directivas o los reglamentos. Por esto mismo, los límites de una empresa historiográfica que se proponga el análisis de las normativas, reglamentos, cursos, y demás fuentes militares escritas se establecen en el momento en el que se intenta traspasar su contenido al mundo de las prácticas de violencia criminal desplegadas por el Ejército.

A pesar de estas dificultades se constata que muchas de las ideas contenidas en esos materiales parecen haber servido para la organización de la masacre. Esto se refuerza si se tiene en cuenta que para los militares los reglamento imponían cursos de acción obligatorios antes que sólo sugerencias y recordando siempre la importancia de la instancia de apropiación e interpretación por parte de los soldados.

Para que los militares pudieran llevar adelante su accionar debieron releer esos documentos y los aprendizajes realizados a la luz de su situación concreta en 1975, momento en el que se procesó y realizó un primer balance de la experiencia vivida desde el retorno democrático de 1973. Es plausible imaginar que los hombres de armas hayan podido encontrar en los textos y conocimientos de varios años antes una serie de lineamientos teóricos y prácticos para su objetivo criminal.

El “momento 1975” refiere al punto en el que un conjunto de elementos diacrónicos confluye con otros de tipo sincrónico. Una serie de procesos de largo plazo (desarrollos doctrinarios, jurídicos, de imaginarios, de estructuras organizativas y de prácticas) se imbricaron con otros de corta duración (un diagnóstico de coyuntura, usos, apropiaciones, prácticas represivas, una convocatoria presidencial a la “lucha antisubversiva” y un contexto de crisis política, económica e intragubernamental) dando lugar al surgimiento de un determinado fenómeno histórico, en este caso la represión clandestina y su cara más brutal: el exterminio secreto.

En los prolegómenos del golpe militar de 1976 la seguridad interna se hallaba completamente integrada a la esfera de la defensa nacional, más que en ninguna de las otras coyunturas previas aquí estudiadas. La lógica del estado de excepción, existente en diferentes momentos entre 1955 y 1976, creó una situación compleja respecto del marco constitucional. La incorporación de las FF.AA. a la esfera de la seguridad interna para ejecutar tareas represivas se realizó mediante una legislación de defensa atravesada por el imaginario de la “guerra contrainsurgente” que permitía suspender una parte de las garantías constitucionales y que avalaba la implementación de un conjunto de prácticas represivas sostenidas en ese marco legal de emergencia. Por consiguiente, desde la lógica castrense no existía una ruptura entre el orden legal y la acción clandestina: la introducción de un marco de excepción les daba a los militares la primacía en la represión y exterminio de la “subversión”. Una serie de decretos confirmaba la percepción del Ejército de estar inmerso en una guerra que –es importante remarcarlo– implicaba la realización de acciones criminales.

Los pares dicotómicos estatalidad/paraestatalidad y acción pública/acción clandestina en un marco de excepción también pierden su operatividad para el análisis histórico: deben abordarse considerando sus cruces y porosidades. Para finalizar, a partir de 1975 la acción represiva y de exterminio se movieron en una “tierra de nadie” creada por la combinación de la excepcionalidad jurídica con la contrainsurgencia. Este proceso tuvo como condición de posibilidad los desarrollos doctrinarios y gubernamentales previos.

Bibliografía recomendada:

Águila, Gabriela, Garaño, Santiago y Scatizza, Pablo, comps (2016). Represión estatal y violencia paraestatal en la historia reciente argentina. Nuevos abordajes a cuarenta años del golpe de Estado, pp. 129-158. La Plata: Universidad Nacional de La Plata, en línea en: http://www.libros.fahce.unlp.edu.ar/index.php/libros/catalog/book/63.

D’Antonio, Débora, comp (2018). Violencia, espionaje y represión estatal. Seis estudios de caso sobre el pasado reciente argentino. Buenos Aires: Imago Mundi.

Franco, Marina (2012). Un enemigo para la nación: orden interno, violencia y “subversión”, 1973-1976. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica.

Novaro, Marcos y Palermo, Vicente (2006). Ladictaduramilitar19761983:delgolpedeEstadoala restauración democrática. Buenos Aires: Paidós.

Ranalletti, Mario (2009). “Contrainsurgencia, catolicismo intransigente y extremismo de derecha en la formación militar argentina. InfluenciasfrancesasenlosorígenesdelterrorismodeEstado(1955-1976)”. En Feierstein, Daniel, comp. TerrorismodeestadoygenocidioenAméricaLatina, pp. 249-281. Buenos Aires: Prometeo Libros.

Robin, Marie-Monique (2005). Escuadrones de la muerte: la escuela francesa. Buenos Aires: Sudamericana.

Scatizza, Pablo (2016). Un Comahue violento: dictadura, represión y juicios en la Norpatagonia Argentina. Buenos Aires: Prometeo Libros.

1 Carl Schmitt. Teología política. Cuatro ensayos sobre la soberanía. Buenos Aires, Struhart & Cia, 2005, p. 30.

2 Clarín, 17 de febrero de 1975, p. 5.

¿Repliegue? Ideas sobre algunas militancias en 1975

Laura Pasquali (UNR; ISHIR; AAIHMEG)

Hay años que admiten una periodización en sí mismos: 1945, 1973, 1975, 1989… detengámonos en 1975.

Un sentido común acerca de 1975 es que marca el fin del ascenso obrero y la movilización los sectores populares especialmente ante la intensificación de la represión y el despliegue de la violencia militar y paramilitar con las intervenciones del Ejército en la represión interior; en suma, un repliegue general del movimiento social después de las movilizaciones de junio de 1975. Aquí pensamos que las cosas fueron algo diferentes; no seríamos originales si dijésemos que conflicto es un eje clave a través del cual pensar ese año, cuyos meses finales anudan los ataques al Regimiento de Infantería de Monte Nº 29 (Formosa) por Montoneros y al Batallón de Arsenales Domingo Viejobueno (Monte Chingolo) por el PRT-ERP. Mientras tanto, las coordinadoras interfabriles eran el escenario de una intensa militancia que reunía al sindicalismo peronista combativo con militantes de la izquierda revolucionaria, armada y no armada. Y esa y otra parte de la sociedad se agrupaba en organismos de Derechos Humanos. Todo ello en el marco de un embate contra la clase obrera organizada cuyo paradigma fue la ocupación de la ciudad de Villa Constitución luego de la intervención de la filial metalúrgica, arremetiendo contra uno de los últimos enclaves del sindicalismo combativo. Y contra las organizaciones armadas con fuerte inserción territorial, con el Operativo Independencia como máximo exponente (ver publicación en esta página).

Pensamos que el declive de la movilización social no fue un fenómeno repentino ni homogéneo, sino que pueden reconocerse especificidades de acuerdo a la forma que adoptó la conflictividad.

La clase obrera organizada

El Pacto social entre la Confederación General del Trabajo y la Confederación General Económica impulsado por Perón, que prometía congelamiento de precios y salarios, fue erosionado desde su misma firma y desde entonces sorteó muchos tiros de gracia. Pero no fue sino hasta febrero de 1975 que empresarios y trabajadores retiraron sus promesas y poco después trascendió que el propósito del gobierno era lanzar unplan de estabilización que dejara al dólar y los precios alcanzar el nivel del mercado con la consecuencia lógica del aumento de tarifas, limitando los aumentos salariales para reducir el consumo. En el momento en que gobierno y CGT tomaban la lapicera para firmar el último acuerdo, el representante del gobierno fue reemplazado por Celestino Rodrigo. Impresionados por las drásticas decisiones, los líderes sindicales sintieron sus posiciones amenazadas… Y con razón: el efecto esperado por el gobierno era el disciplinamiento peronista y la consecuente debilitación de la resistencia obrera, pues se esperaba que la agobiante situación económica atenuara los conflictos fabriles … pero la clase obrera comenzó a agitarse nuevamente con demostraciones de protesta fuera del control de las dirigencias sindicales e incluso ampliaron su alcance a sectores de las clases medias, se volvieron más largos y más difíciles de resolver.

Los anuncios del gobierno provocaron la paralización de todo el país: otra vez las bases sobrepasaron a las dirigencias; y Rodrigo renunció. López Rega también, pero si bien con Rodrigo cayó también el plan de ajuste de un gobierno peronista, López Rega no se llevó consigo la actividad paramilitar; por el contrario, en la segunda mitad de 1975 el número de activistas y militantes asesinados y desaparecidos fue en alza. Casi como un gesto desafiante, las corrientes sindicales opositoras eligieron Tucumán para reunirse constituir una coordinadora nacional; era septiembre y muchos de ellos tenían los días contados.

UFA ¡Las mujeres!

En un lustro signado por la fagocitosis de la política, la Unión Feminista Argentina se constituyó como un grupo de reflexión autónomo de los partidos; similar opción fue el Movimiento de Liberación Femenina. Fueron experiencias cortas e intensas… casi una constante en militancias de la década de los setenta argentinos. 1975 las encontró reunidas en el Frente de Lucha de la Mujer, a propósito del Año Internacional de la Mujer.

El evento que concitó todos los esfuerzos fue el Congreso de la Mujer Argentina, realizado en agosto en el Centro Cultural San Martín de Buenos Aires. Mientras las balas pasaban sobre muchas de sus compañeras de militancia, estas mujeres que habían elegido otras trincheras, tozudamente seguían movilizadas por eliminar definitivamente toda discriminación en relación a la mujer y en todos los ámbitos: económico, político, social y cultural.

Frente a un discurso de la presidenta Isabel Perón, que anudaba el sentir cristiano a la doctrina nacional peronista (que meses antes había decretado la regulación de la comercialización y la venta de anticonceptivos) y dedicaba los festejos a las madres y a las esposas reforzando todo estereotipo, las feministas organizadas demandaban el fehaciente control contra la trata de personas, el cumplimiento de reglamentaciones sobre cuidados infantiles y protección de la maternidad, un salario para las amas de casa; la potestad y tenencia de hijos e hijas compartida por madre y padre; la protección y no discriminación para las madres solteras; el divorcio absoluto; y el aborto legal y gratuito. Huelga decir que el gobierno estaba en las antípodas de esos principios, mientras estrechaba cada vez más los lazos con las posiciones conservadoras de la iglesia. A pesar de eso, siguieron trabajando en la organización de un congreso que se realizaría en marzo de 1976.

Las organizaciones armadas

Quienes más seriamente han estudiado a la guerrilla en Argentina, coinciden en que 1975 fue el año de mayor crecimiento. Las dos organizaciones armadas más importantes de Argentina, PRT-ERP y Montonero, vieron incrementar sus filas militantes con nuevos integrantes en las fábricas, las universidades y en los barrios. Esa voluntad militante estaba conformada por “pases” desde otras organizaciones de izquierda (armada o no) pero especialmente por los más jóvenes que recién se asomaban a la vida militante.

La organización político-militar Montoneros creció sostenidamente en 1975 e incluso se desarrolló con la evolución de sus organizaciones de superficie (UES, JUP). Ese mismo año, el Movimiento Sindical de Base del PRT-ERP logró tener importantes niveles de presencia en las luchas obreras y en las coordinadoras interfabriles; otro de sus frentes de masa, la Juventud Guevarista, también tuvo su mayor desarrollo en 1975, aunque había sido creada dos años antes.

Las acciones armadas de la guerrilla se incrementaron ostensiblemente en 1975. Una particularidad de este año es que desde los primeros meses fueron frecuentes los atentados coordinados y/o secuenciados a empresas de capitales extranjeros y a edificios de las Fuerzas Armadas; también se produjeron ingresos, arengas y reparto de prensa en talleres ferroviarios y entraron en escena con más protagonismo que en los años anteriores los atentados a comisarías, a automóviles policiales y los enfrentamientos callejeros con aquellos.

En febrero Montoneros llevó adelante un ataque Batallón Infantería Marina Nº 3, de La Plata. En abril, el PRT-ERP logró uno de sus últimos éxitos militares al asaltar el Batallón de Arsenales 121, ubicado en la localidad de Fray Luis Beltrán.

La segunda mitad del año requirió más voluntad que expectativas de triunfo. En octubre, Montoneros fracasó en el intento de copamiento al Regimiento 29 de Infantería de Formosa; la acción incluía la toma del aeropuerto internacional y de un avión de Aerolíneas Argentinas. Dos meses después, el PRT-ERP lanzó un gran ataque al Batallón de Arsenales Domingo Viejobueno (Monte Chingolo, partido de Lanús, sur del Gran Buenos Aires).

Las consecuencias de esas derrotas militares fueron irremontables.

1975 y la imposibilidad de un relato

Una constante en el año fueron los llamados “decretos de aniquilamiento” cuyo destino era el combatir a la guerrilla, pero sobre todo fueron instrumento eficaz para la represión a la clase obrera y a los sectores populares organizdos. No era aleatorio: la guerrilla se constituía en un núcleo alternativo de poder precisamente al articularse cada vez más con la clase obrera. Pero la combatividad, no necesariamente es conciencia (Pozzi, 2001).

La pregunta o más bien la respuesta sobre el “repliegue” invita a reconstruir parte del entorno subjetivo del momento y eso es bien difícil. Nicolás Casullo (2006) sostenía que la Argentina tiene una imposibilidad política e intelectual, de llamar por su nombre a una gran parte de su pasado violento y trastocador.

Otros momentos, otras experiencias históricas se han ganado una explicación que diera cuenta de sus revoluciones derrotadas, de la disolución de proyectos que se instituyeron como portadores de un cambio social radical, como alumbradores de una nueva era.

La pregunta es si persisten voces y voluntades dispuestas para construir ese relato en Argentina. Veamos

Un amigo me preguntaba si 1975 fue la consecución lógica de 1974 o bien prefiguró un 1976 inevitable. Bueno, no tributo a la idea de lo inevitable en la Historia…. pero… si pensamos en la fuerza arrolladora del capitalismo con toda su capacidad represiva, más aún con la nueva etapa de acumulación iniciada en los ‘70, entonces hay que prestar atención a esas preguntas.

Era esperable que se pusieran en marcha todos los mecanismos que liquidaran el intento de la clase obrera y popular de disputar poder a la burguesía. Una línea de interpretación para “los setenta” (supongamos 1966-1976) es precisamente que un ascendente porcentaje de la sociedad comenzó a cuestionar las relaciones sociales que imponía el capitalismo, y sus luchas amenazaron la capacidad de acumulación de la burguesía. En esa clave, entonces sí decimos que “pasó lo que tenía que pasar”. El aparato represivo en su conjunto se fortaleció ostensiblemente en esa década y concomitante con eso, la izquierda revolucionaria y el sindicalismo clasista y combativo fueron obligados a la clandestinidad. Y la clandestinidad conlleva la adopción de estrategias que están lejos de lo asambleario; este sí es un punto clave para discutir el “repliegue”.

¿Qué recibió y que legó 1975? Recibió un proyecto (heterogéneo, discutible, incompleto, etc. etc.) de sociedad socialista, unas fuerzas armadas cada vez más entrenadas y resueltas a la represión y miles, miles de voluntades militantes; legó Monte Chingolo, las Coordinadoras Interfabriles y la APDH. Y decenas de proyectos que tenían a 1976 como horizonte de realización.

Entonces no, no era inevitable.

Historizar a Moyano. Respuesta de Enzo Casá.

Enzo Casá*

Respuesta 1
No estaría demás aclarar que si nos remontamos a la década del 90, Moyano era un dirigente de un sindicato que en cantidad de afiliados era mediano. En el terreno sindical es el gran “beneficiado” con la privatización y destrucción de los Ferrocarriles Argentinos. Dirigentes como José Pedraza de la Unión Ferroviaria aceptaron esa desmantelación llevada adelante por el menemismo a cambio de suculentas prevendas para toda la dirigencia de los cuatro sindicatos ferroviarios. En ese escenario arrasado el 70% del transporte de cargas, se comienza a hacer por transporte automotor. El antiguo dirigente de la MTA comienza a construir su poderío a partir de 1987, el transporte en el sistema capitalista tiene un rol destacado en la circulación de mercancías y creo que no escatimaría ninguna táctica que pueda poner en riesgo su poder. También hay que recordar que tiene representantes en el directorio de la empresa ferroviaria Belgrano Cargas S.A.. Todo “lobby” que pueda hacer en contra de la recuperación del transporte ferroviario estatal lo va hacer sin dudarlo.

Respuesta 2
“Hugo Moyano ha sido Secretario General del Sindicato CABA – Bs. As. desde 1987; mientras que en la FEDCAM, “fue elegido Secretario General en […] 1992, [y] reelecto en los años subsiguientes”. En relación a esto, un representante de una cámara empresaria de transporte y logística, e incluso el propio Hugo Moyano manifestaron lo siguiente:

Ricardo Pérez me decía que yo era el futuro del gremio, y me trajo a Buenos Aires en el ‘83, y vine a colaborar […] tenía llegada a la gente. [Después] hicimos un proyecto de gremio, [con] ideas mías. [Desde] el congreso de Rosario del ‘92, soy dirigente provincial y nacional (Tcherkaski 2001, p. 90).

Moyano, gana en el Sindicato Bs. As. en el ‘87-‘89, yo calculo que en el ‘92, ‘93, cuando se viene la renovación de la Federación, y tras un compromiso que había asumido Ricardo Pérez, [quien] da un paso al costado y, obviamente [teniendo en cuenta que] el sindicato de Buenos Aires debe [representar] más del 50% de la Federación -en cuanto a delegados congresales-, Moyano logró imponerse como secretario general de la Federación. A partir de ahí ya tuvo todo el manejo de Camioneros (Representante Cámara empresaria Transporte y Logística, 2011)”.Gabriela A. Pontoni (2015).

La cita anterior toma palabras del mismo Hugo Moyano intentando legitimarse como ya en sus comienzos lo “veían”, en este caso, un empresario del transporte como un futuro dirigente. Supo construir su poder aplicando la antigua táctica sindicalista peronista “golpear y negociar”. Exigió dentro de las filas del Partido Justicialista su porción de poder (le concedieron diputados y algún senador, de hecho uno de sus hijos es diputado.). También “desembarco” en el terreno de la dirigencia del fútbol argentino: dirige el club atlético independiente, su yerno el “Chiqui” Tapia es el presidente de la AFA, Tiene a su hijo mayor en la comisión directiva de independiente y un cargo en la AFA, aparte dirige la seccional Bs. As. de Camioneros. Otro de sus hijos mas chicos dirige el sindicato del personal de peajes seccional Buenos Aires.

“En el caso de Camioneros, la extensión de su ámbito de representación personal responde a la convergencia de distintos factores. En primer lugar, a las transformaciones del contexto productivo del transporte de cargas automotor en Argentina. Esa reconfiguración sectorial favoreció la incorporación de otras sub-ramas económicas como Logística, Recolección, Correos o Caudales, las cuales alentaron la expansión del sindicato hacia otros colectivos de trabajadores (Delfino & Martín 2008, pp. 85-86).”

Otro tema a destacar sobre el poder de Hugo Moyano es como “agremió” por la fuerza a trabajadores que por su actividad no eran o no tenían que ver con camioneros.

“si sólo se toma como referencia el valor de 1989 (150.000) y se lo contrasta con el actual 2011 (187.000), el incremento alcanza un 25%.” (op. Cit.)

El cuadro anterior nos da una idea del crecimiento de la cantidad de afiliados de la FEDCAM durante el período de la gestión de Hugo Moyano.

En definitiva, lo señalado muestra que la expansión del gremio no ha sido sólo respecto a su alcance personal sino también en lo que refiere a sus recursos económicos. Sin embargo, el deterioro en las prestaciones de salud, producto del incremento de sus afiliados, reveló un fenómeno poco visibilizado y que remite al reclamo directo de los trabajadores hacia la conducción de Camioneros.

La FEDCAM moyanista es una de las organizaciones sindicales que ha sabido “adaptarse” a los vaivenes económicos y políticos que tuvo y tiene el país desde la década del noventa. Supo construir un grupo de dirigentes que siguen los mandatos del “Hugo”. Salvo cambios estructurales en los sindicatos que en el horizonte gremial no se divisan, creo que es muy difícil lograr su desplazamiento.

Respuesta 3

Creo que deberían agudizarse las condiciones que lo llevaron a ser un interlocutor válido entre los trabajadores y la patronal. Digo por ejemplo que los trabajadores se cansen de aceptar los privilegios de estos tipos de dirigentes como Moyano, o sea que se agoten del “roban pero hacen”. Y que la situación política y sindical permita la aparición de dirigentes que representen los intereses de sus compañeros y tengan una vida similar a la de cualquiera de ellos. Que puedan justificar sus bienes económicos con lo producido por su trabajo. Demás esta decir que la fortuna de la familia Moyano es imposible de justificar con el sueldo de un camionero, por más que tengan buenos salarios (SIC)…

La aparición de una nueva generación de dirigentes honestos y luchadores no implica un derrumbe del sistema capitalista, durante la toda la historia del movimiento obrero hubo renovación de dirigentes y a veces dejaron huellas que son un ejemplo y me refiero a Agustín Tosco y otros dirigentes clasistas.

  • Profesor de Ciencias Sociales (Instituto de Educación Superior N° 29 “Galileo Galilei”)
    Actualmente se desempeña en EESO N° 434 “Gral. Las Heras”, en la EETP N°473 “Rodolfo Rivarola” y en la EEMPA N°1147 de la ciudad de Rosario.

Historizar a Moyano.

Destacado

Días atrás nos encontrábamos hablando con unos amigos y conté esta historia. En el siglo XIX, algunas empresas ferroviarias inglesas adquirían los famosos “canales” por los cuales se trasladaba la producción (sobre todo minera). Los adquirían porque eran considerados una competencia para la nueva forma de transporte. Los adquirían para tapiarlos y clausurarlos. Uno del grupo dijo “como hace Moyano”.

Cuál es la delirante razón por la que alguien con la información que brindan los medios de comunicación, puede suponer que el poder de Moyano es idéntico al de las empresas ferroviarias inglesas en el siglo XIX?

Para comenzar a pensar este tema, convocamos a un historiador y a un profesor de Historia. y le realizamos las siguientes preguntas

Pregunta Número 1
¿A nivel mediático y también en la consideración de amplios sectores de la sociedad, es muy común adjudicarle a Hugo Moyano, mucho poder (o poderes). Vulgarmente se ha dicho que “puede parar el país”; que, de acuerdo a sus intereses personales logra “frenar negocios que atentarían contra el uso de camiones en las rutas” ¿Cuál consideras que es el poder real de Moyano?

Pregunta Número 2
¿Como considerás que se ha construido ese poder? ¿tenes una explicación de por qué no ha sido desplazado?

Pregunta Número 3
Pensando que ese poder está enmarcado en determinadas condiciones históricas. Cuáles serían las transformaciones (sistémicas, generales, no su muerte) que lo harían decaer?

Respuesta de César Mónaco

Respuesta de Enzo Casá

Historizar a Moyano. Respuesta de César Mónaco.

César Mónaco*

Respuesta 1
Desde una mirada general y rápida, el poder de Hugo Moyano es muy importante en tanto es uno de los líderes sindicato de camioneros (lo digo por su hijo), y este gremio posee una “posición estratégica” sobre el funcionamiento de la economía del país. Si solo nos remitimos a la distribución de alimentos, en todos sus niveles, (sin considerar otros bienes y servicios esenciales), su capacidad de negociación y presión es mucho mayor que otras organizaciones. Claro que a nivel mediático esto está algo exagerado. Sobre todo por la imagen que, durante décadas, se ha construido de los liderazgos sindicales ortodoxos (y del sindicalismo en general). ¿Una imagen falsa? No, necesariamente; pero sí muy útil a los intereses del poder económico y también del poder político (el conflicto con Cristina Kirchner es un ejemplo de esto último). La recurrente idea, por otro lado, de los sindicatos como “ahuyenta” negocios no expresa más que una falacia reduccionista en la que se toma un aspecto (la “presión”) y se lo exacerba. Mientras tanto, es un hecho la flexibilización laboral por medio de ajustes en los convenios de ramas destacadas de la producción (ejemplo: petroleros). En todo caso, lo importante de las actitudes de avance sobre otros sectores por parte de Camioneros es el conflicto intersindical que genera.

Respuesta 2
Creo que para entender la construcción de ese poder hay que tomar una serie de factores: 1) El primero y estructural está relacionado con los cambios en el modelo económico producido en los últimos cuarenta y cinco años. Estos propiciaron el reposicionamiento del sector servicios dentro del mundo sindical (que durante décadas tuvo un innegable dominio de sindicatos industriales); e implicó a su vez el predominio, prácticamente absoluto, de las distribución de mercaderías por parte del transporte automotor (me refiero a la larga y mediana distancia. Si se quiere, como el ferrocarril bajo el modelos agroexportador). 2) Del anterior punto se desprende la ya citada posición estratégica, que no es única, por supuesto, pero se destaca y pone en uso. 3) La relación histórica del sindicalismo peronista y el sistema político: pertenecen al principal partido pero con una pretensión de autonomía y acción muy notables. Es parte de una singular identidad político-gremial, de origen antaño, que muchos de sus líderes saben recrear y explotar, entre ellos Moyano. Desde mi punto de vista, este plus de autonomía es clave 4) El sindicalismo de negocios emprendido en los noventa tampoco puede desconocerse. El poder económico es muy importante y proviene de múltiples fuentes 6) El liderazgo del propio Moyano: su papel en el MTA bajo el menemismo y la Alianza, y su capacidad de negociación.       

Respuesta 3
Tal vez un cambio en la política de transporte podría mermar en el largo plazo su incidencia. Si te referís a su persona/heredero, quizás la modificación de la ley sindical en busca de una efectiva democracia sindical podría generar condiciones para el fortalecimiento de las oposiciones internas y, por lo tanto, un eventual recambio. Pero estamos muy lejos de eso. El movimiento obrero argentino tiende a esos liderazgos (por diversos factores, sobre todo políticos y culturales).

  • César Mónaco es investigador y docente del área de Historia del Instituto del Desarrollo Humano de la Universidad Nacional de General Sarmiento. Sus indagaciones se centran en la historia social argentina de la segunda mitad del siglo XX, con particular interés en la historia de los trabajadores durante los años sesenta y setenta. Es autor de artículos y ensayos vinculados a la temática, entre ellos: “Sindicalismo y política. El lugar de la UOM en el escenario político nicoleño, 1972-1973” (2020); “Un sindicato siderúrgico: desarrollo y declive de una propuesta gremial para los trabajadores de SOMISA (Argentina, 1965-1973)” (2013); y compilador de Historia y Política. Seis ensayos sobre Eric Hobsbawm, UNGS 2017.

Cómo hacer series con preguntas: una vuelta por los Países Bajos

Destacado

Darío G. Barriera*

Me la recomendó un amigo

Hace pocos meses Netflix estrenó El jurado, serie belga que, en un formato necesariamente universal, mezcla géneros y recursos probados en todas las latitudes. Pero no la miré por eso. Lo hice porque me la recomendó un amigo que me conoce bien y sabía que iba a disfrutarla. Su presunción era, como siempre, acertada.

A causa de la muerte de una niña de dos años y medio una mujer –que es su madre– es sometida a un juicio oral donde se la presume culpable. Pero también se la considera sospechosa del asesinato de Brechte, su mejor amiga, ocurrido dieciocho años antes, cuando la amiga de marras era novia del marido de morros. Stefaan, exmarido de Frie Palmers (la acusada), padre de Roos (la criatura muerta) y exnovio de la difunta Brechte, es –además de un nexo evidente– un testigo clave presentado por la querella en ambos casos.

Que la serie no es norteamericana (no me hagan decir por qué) se nota enseguida. Aunque tiene diez capítulos, desde el primero también es evidente que ni la acusada, ni el juicio, ni la investigación sino el jurado, como bien lo sugiere el título, es el objeto sobre el cual se intenta atraer nuestra atención.

Compuesto por doce1 ciudadanos y ciudadanas que deben expedirse sobre la culpabilidad o la inocencia de Frie Palmers, el jurado es un elenco humano variopinto dentro del cual cada quien puede encontrar arquetipos con los cuales identificarse o frente a los cuales sentir una antipatía –relativa o absoluta–. La serie se desarrolla en la ciudad de Gante, provincia de Flandes Oriental, en los otrora denominados países bajos, donde se habla neerlandés, una de las tres lenguas oficiales de Bélgica. Flandes –que había sido declarada provincia de los Países Bajos por el Congreso de Viena en 1814– integra el reino de Bélgica desde su creación en 1830. La monarquía constitucional y parlamentaria mutó a federativa después de la segunda Guerra Mundial. Aunque la cabeza del poder político es representada por una primera ministra, el jefe de estado sigue siendo el rey. En 2014, la familia real y sus actividades costaron casi 40 millones de euros a la hacienda pública belga.

Un alumbramiento

François-Marie Arouet nació el 20 de febrero de 1694 en Châtenay-Malabry, pero fue bautizado e inscripto en París el 21 de noviembre de 1694. Su padre fue el notario François Arouet y su madre Marie Marguerite d’Aumard. Apenas despuntado el siglo XVIII su madre falleció. Su padre –no sé si antes o después de quedar viudo– vendió su officium de notario e invirtió ese dinero en que le nombraran consejero del rey, logrando fungir como tesorero de la Cámara de Cuentas de París (1650-1722). Durante los últimos años del reinado de Luis XIV (1704-1711), François-Marie estudió en el colegio jesuita Louis-le-Grand, donde aprendió latín, griego y la importancia de que tu padre te mande a un buen colegio: allí se hizo amigo de los hermanos René-Louis y Marc-Pierre Anderson. Aunque fuera impredecible por entonces que estos muchachos llegarían a ser ministros de Luis XV, la apuesta del viejo pícaro se basaba en un diagnóstico bien calibrado.

Un jurado complejo en un proceso complicado

El primer capítulo de la serie presenta a Frie –la acusada– pero también sugiere cosas sobre los miembros del jurado, algunos de cuyos nombres van a servir de título a los capítulos siguientes. Sus vidas, no exentas de problemas, empiezan a revelarse a los ojos del espectador. También sus caracteres, sus relaciones, sus intereses. Se nos permite ver sus inteligencias pero también sus prejuicios; sus sensibilidades, sus debilidades, sus adicciones y sus egoísmos; sus seguridades taxativas y sus dudas; sus capacidades para ponerse en lugar de otros y sus talentos para poder ser indiferentes, para cometer delitos o sencillamente para mentir. Alguno de ellos mismos se hace lo que en principio nos parece la gran pregunta: ¿está ese grupo de personas capacitado para decidir sobre un asunto tan importante? El ánimo del televidente se desliza por un tobogán suave, bien lubricado por múltiples recursos hábilmente manejados.

Pero si el jurado es complejo, el proceso es complicado. Porque es importante –para esa población es el juicio del milenio por esto y porque se juzgaba algo ocurrido el día 1 del nuevo milenio– y porque las cosas no siempre son lo que parecen.

La investigación policial del caso más antiguo –el asesinato de Brechte, la mejor amiga de Frie, cuyo padre espera justicia pero no necesariamente la condena de Frie, a quien aprecia sinceramente– está llena de desprolijidades y manipulaciones. La instrucción del posible filicidio deja algunos cabos sueltos. Pero las preguntas y los sagaces razonamientos del abogado defensor de Frie Palmers revelan relaciones y hechos que incomodan a muchos. Sobre todo a Stefaan –como se dijo, el novio de Brechte, luego marido de Frie y padre de Roos, fallecida poco después de que el hombre consiguiera su custodia completa– quien queda emplazado como centro de varias sospechas posibles. Verdades ocultas durante casi veinte años salen a la luz cuando algunos testigos declaran bajo juramento.

En nuestra cultura jurídica y en los actuales procesos judiciales, regidos por códigos, el rito de jurar o prometer es eficaz porque se requiere bajo pena de nulidad e instruyendo al inquirido sobre las penas correspondientes al delito de falso testimonio.2 Pero parte de esa eficacia también se debe a su atavismo, a que proviene –aunque no solamente– del respeto por los mandamientos católicos y del carácter sagrado de la autoridad del juez, ya que en tiempos no tan lejanos la justicia era una potestad divina ejercida en la tierra por unos pocos. A esos tiempos pertenecen tanto el Río de la Plata de comienzos del siglo XIX como Gante cuando pertenecía a los países bajos españoles, por ejemplo.

Gante fue una ciudad rebelde cuyos líderes, vencidos en 1540, pidieron la gracia del perdón a Carlos V, por misericordia de Dios, fuente de toda justicia. La sacralidad de la justicia es algo del pasado pero, como bien ha dicho el gran jurista Jacques Krynen, muchos jueces se comportan como si ese pasado estuviera muy presente. También hay otras excrecencias: en las actualidad todavía es posible jurar por dios, ya que el juramento puede hacerse “…de acuerdo con las creencias del que lo preste.”

Hormonas y rebeldía

François-Marie Arouet tuvo cuatro hermanos pero solo dos de ellos llegaron a ser adultos: Armand y Marie, ambos mayores que él. Con Armand, poco afecto; con Marie, demasiado. Al final de su vida fue amante de su hija –esto es, de su propia sobrina– por más de veinte años. Entre 1711 y 1713 François-Marie estudió Derecho pero –como muchos– abandonó. Sin embargo –como pocos– quiso y puedo dedicarse a las letras y recibió desde fuertes montos en dinero para comprarse libros hasta recomendaciones para integrarse a sociabilidades para la mayoría inaccesibles, como la Société du Temple. También cargos envidiables, como el de secretario de la embajada francesa en Den Haag (La Haya) de donde lo echaron enseguida por enredarse con una refugiada hugonota y con sus sábanas. Tras la muerte de Luis XIV escribió un texto satírico sobre la relación incestuosa entre el duque de Orléans y su hija. El flamante regente lo encerró once meses en la Bastilla y, después, hizo que lo externaran en su casa natal. Parece que fue entonces cuando el muchacho adoptó el pseudónimo de Voltaire.

Confluencia

El juicio va a llegando a su fin y las vidas de los jurados, complicadas por esta carga pública diaria pero también por diversas circunstancias ajenas a ella, se tensan. Durante días han vivido situaciones tan absorbentes que, como lo muestran con mediana sutileza algunas tomas, estaban físicamente en el estrado, pero su ausencia de ánimo era evidente. ¿Captaron esos jurados cada argumento que, a la hora de tomar la decisión final, podía resultar decisivo? ¿Estuvieron atentos a la presentación de las pruebas? Porque una cosa son las argumentaciones y otra, muy diferente, los hechos y las pruebas incontestables. De estas últimas había pocas, muy pocas. La mayor parte de lo que fue ofrecido como tal merecía casi siempre la categoría de indicio, y –ahí sí–  una argumentación encendida podía convertir un collar de cuatro indicios en algo que podía ser impostado como prueba suficiente.

Del otro lado, una exposición reflexiva o irritada podía construir una enumeración distinta que cerrara el círculo de un buen conjunto de dudas razonables, fuera del cual la acusada no merecía ser sentenciada como culpable. Palmers misma se interroga en voz alta: “¿Pueden declararme culpable porque no aparezco durante tres horas en el video de una fiesta familiar el día del crimen?”

El juicio agota física y anímicamente a todas las personas y el final es vivenciado como un alivio. El debate es flojo. Cansado. No obstante afloran algunas pasiones. La energía de la jurado suplente –que por la confesión piadosa de una falta procedimental por parte de un jurado titular le permite hacerlo en su reemplazo– contrasta con la del resto, pero también con la suya propia, hasta entonces jibarizada por la violencia de su marido, la crianza de tres hijos y la pérdida de su trabajo. El tribunal, presente por si hay una mayoría débil (es decir, por si el voto mayoritario era inferior a dos tercios), debe intervenir solo en la sentencia sobre el asesinato de su mejor amiga –y lo hace apoyando a esa mayoría débil–. No hace falta que intervenga en el supuesto filicidio, frente al cual se sugiere que “todos están de acuerdo”.

La ciudad de Gante está en la confluencia de los ríos Lys y Escalda. El nombre de esta ciudad deriva de la lengua celta, donde Ganda quiere decir, justamente, confluencia. La fuerza del cauce de dos ríos que se juntan es una metáfora potente, arremetedora.

Las vueltas de la vida

La primera tragedia exitosa de Voltaire fue Edipo (estrenada en 1718), y, después de la muerte de su padre en 1722 –con parte del dinero que heredó– volvió a los Países Bajos, esta vez acompañado por la condesa de Rupelmonde. Sus éxitos literarios, amorosos y sociales no se detienen. A los primeros deben acreditarse Mariana o El indiscreto, a los segundos, la marquesa de Bernières y, a los terceros, su entrada a la Corte por la puerta grande, invitación al casamiento de Luis XV en mano. No pasó mucho tiempo sin volver a dos de los tres lugares que marcaron su vida: la Bastilla y los Países Bajos –el tercero fue Inglaterra, donde se enamoró de las ideas liberales–.

En 1740, desde los Países Bajos, escribió una carta que los historiadores de la justicia disfrutamos particularmente. Traduzco un fragmento:

“La mejor ley, el más excelente de sus usos, la más útil que he visto, es la de Holanda. Cuando dos hombres quieren pleitearse son obligados a ir ante un tribunal de conciliadores nombrados hacedores de paz. Si las partes llegan con un abogado y un procurador se los hace retirar, como uno saca la madera de un fuego que quiere apagar. Los hacedores de paz dicen a las partes: Ustedes están locos al querer hacerse comer vuestro dinero y volverse mutuamente infelices. Nosotros los vamos a arreglar sin que les cueste nada.”

En la tradición jurídica occidental los jueces de equidad eran aquellos que sin ser letrados podían obrar en conciencia, según su recto sentido de lo justo, operando como conciliadores. Sin estar inhibidos para aplicar penas, su meta principal era la de regular conflictos entre personas deviniendo literalmente “jueces de paz”, guardianes de un interés superior al del ejercicio de su magistratura: la conservación de la paz social. Estas figuras, todavía existentes bajo la categoría de mediadores (en la provincia de Santa Fe la mediación prejudicial es obligatoria) son portadoras de un pasado vivo –otro más–, heredero de ese procedimiento genialmente retratado por Voltaire, el liberal, el racional, el tolerante, el ilustrado.

En el actual territorio argentino, la justicia de paz fue instaurada por primera vez en la Provincia de Buenos Aires en 1821, mientras que en la de Santa Fe lo fue en 1833, donde fue reemplazada por una justicia comunitaria de pequeñas causas recién en 2011. En Francia, la institución fue creada para regular conflictos “en equidad” –y no según derecho– en agosto de 1790 y fue suprimida en 1958. Para muchos expertos, esto abrió una verdadera grieta entre los franceses y su sistema judicial.

El artículo 24 de nuestra Constitución Nacional dice que el Congreso debe promover el establecimiento del juicio por jurados. También lo recuerda el 75. El juicio por jurados populares pone en manos de legos la parte final del proceso judicial bajo su modelo procesal y acusatorio. Pero a diferencia de las justicias de proximidad retratadas por Voltaire, como la justicia de paz, en un jurado los legos no están para hacer las paces, están para sentenciar.

La magia de la televisión

La mayor virtud del relato que despliega la serie belga El jurado se percibe en la última pirueta.

Los espectadores tenemos la sensación de haber visto todo –incluso tomamos nota, como me aconsejó mi amigo– y nos sentimos en posición de evaluar la instrucción, de criticar al tribunal y de juzgar al jurado. Desde nuestro doméstico Olimpo, nos enojamos con el tribunal por acusar de homicidio en el caso de Roos cuando se nos ha dicho que la niña fue cuidadosamente herida para no matarla y que falleció luego de una infección intrahospitalaria; con el jurado por tomar indicios como prueba y con la justicia (sinécdoque para nombrar a todos esos funcionarios que no hacen lo que pasionalmente queremos que hagan) por no sacar de la galera algún recurso y ser más dura con las mentiras de Stefaan quien, desde luego, no estaba siendo juzgado sino que declaraba como testigo.

Faltando pocos minutos para el final del último capítulo, el abogado defensor de Frie Palmers –que debe volver a prisión– cumple un deseo de su clienta y va hasta su casa para traerle un libro que quiere tener con ella en su celda. El abogado lo busca, lo encuentra, y lo abre. En el interior aparecen tres objetos. El director de la serie deja que los veamos. Nos los muestra, nos los refriega en los ojos mientras imagina nuestras caras, las de los televidentes. Nos presenta la verdad como un libro abierto. ¿La verdad?

Hacer justicia

Voltaire, que era bueno para muchas cosas, también lo era para meterse en líos. Se atrevió a decir por escrito que René Descartes hacía ciencia con las técnicas de un novelista: todo en él es verosímil, pero nada es verdadero.

Las últimas piezas del rompecabezas que nos presenta Wouter Bouvijn, el director de la serie, provocan el efecto buscado –¡eran las piezas que faltaban!– siempre y cuando uno esté decidido a no levantar la vista y comprobar que eran las piezas que faltaban del rompecabezas que él quería que viéramos.

Los objetos que están dentro del libro, incluso si su hallazgo fue inducido por Frie, a estas horas condenada, no son más que dos nuevos indicios –sí: tres objetos, dos indicios, no hay error–. Porque su sola presencia, incluso dentro del libro infantil, un pop up en más de un sentido, no revela nada. Ni siquiera son una confesión. Son dos indicios más con los cuales la sentencia culpable pudo haberse esgrimido con más nervio pero no con más sustancia. No sin el acompañamiento de la confesión.

La cámara jamás nos muestra la comisión de los crímenes. El cadáver de la mejor amiga de Frie aparece en un canal de la ciudad y la niña fallece en el hospital, una semana después de ser cuidadosamente lastimada, por una infección intrahospitalaria (una bacteria): los hechos que llevaron a las víctimas hasta esas situaciones nunca son mostrados por la serie, de la misma manera que oficiales de justicia, jueces y jurados tampoco pudieron verlo. No hay cámaras, no hay una película que muestre cómo fueron los hechos. Ni siquiera en la ficción de un narrador tan omnisciente como inteligentemente mezquino, porque sabe todo pero, aunque podría, no nos muestra nada muy diferente de lo que pueden ver los jueces y el jurado. Nos deja solos con nuestra imaginación, que es un infierno. Nos da lo mismo que le dio al jurado: indicios. Eso y la posibilidad de sentirnos todopoderosos desde un sillón. Como en el fútbol, todo se ve mejor desde una platea, pero el partido es otra cosa.

Cuando el relato es una pregunta

El enorme desafío que nos propone El jurado, en definitiva, es el de convivir con esto: próximos o distantes, legos o letrados, atribulados y distraídos o formados y enfocados, jueces y jurados pueden sentenciar bien incluso yendo por el camino errado, o pueden sentenciar mal transitando las argumentaciones más pertinentes y teniendo las dudas más razonables.

La justicia no es cosa de dios, es cosa de los hombres y de las mujeres. Por lo tanto, perfectible con arreglo a mecanismos y procedimientos, pero indudablemente ajena al pensamiento mágico o a las creencias religiosas que, es cierto, también son asuntos de la humanidad.

El jurado, al fin y al cabo, no nos cuenta nada. Nos encara y nos pregunta, de frente, con una mirada fría e indolente, si estamos dispuestos a convivir con la enorme brecha que existe entre lo que somos y lo que creemos que somos; entre lo que creemos saber y lo que de verdad sabemos; entre lo que creemos que la justicia debe ser y lo que la justicia puede hacer con lo que le ofrecen para juzgar.

Una lección puede extraerse: como no hay soluciones mágicas, trabajar sobre los procedimientos y su cumplimiento puede ser más redituable que malgastar energías en una discusión entre montescos y capuletos. Lo que no puede permitirse un pueblo es pensar que no tiene derecho a una mejor justicia. Pero para mejorarla tiene que tener un mejor poder judicial. Y para eso, tiene que intervenir. Tiene que discutir los modos de participación en la democratización de un poder que por ahora, sin dudas y en todo el mundo, es el menos democrático de los tres poderes en cualquier sistema republicano. No vaya a ser que Voltaire salte de su tumba, quiera volver a meterse en líos y nos venga a decir, con su habitual desenfado, que este asunto de la república es como la ciencia de Descartes: siempre verosímil pero nunca verdadera.

*Investigador Principal del CONICET en el ISHIR (CONICET/UNR)

Autor de Historia y Justicia, Prometeo, Buenos Aires, 2019.

Director del Centro de Estudios de Historia Social sobre la Justicia y el Gobierno (UNR) y del Programa Malvinas y Atlántico Sur (Fac. de Humanidades y Artes de la UNR) Director de la revista Prohistoria.

1Se eligen además dos reemplazos, que están presentes en las sesiones. El detalle es importante porque una de las protagonistas de la serie es una jurado reemplazante.

2Cabe aclarar que, según nuestro Código procesal penal, nunca puede exigirse juramento al imputado, de manera que es el único que no está obligado a decir verdad.

México, en tiempos del COVID 19

Carlos Antonio AGUIRRE ROJAS.

“En este país, llamado también ‘República Mexicana’, las pasadas elecciones federales consiguieron ocultar la realidad… por un instante: la crisis económica, la descomposición social (con su larga cauda de feminicidios), y la consolidación (a pesar de los supuestos “golpes mortales” al narco) de los Estados paralelos (o imbricados con el Nacional) del llamado “crimen organizado”. Aunque por poco tiempo, los asesinatos, secuestros y desapariciones de mujeres de todas las edades, pasaron a segundo plano. Lo mismo con la carestía y el desempleo. Pero, apagándose ya el entusiasmo por el resultado electoral, la realidad vuelve a decir ‘aquí estoy, falta mi voto… y mi guadaña'”.

Subcomandante Insurgente Moisés y Subcomandante Insurgente Galeano, “300. Segunda parte: un continente como patio trasero, un país como cementerio, un pensamiento único como programa de gobierno, y una pequeña, muy pequeña, pequeñísima rebeldía”, 21 de agosto de 2018.

Con su aguda y penetrante clarividencia, el 16 de marzo de 2020, el EZLN emitió un Comunicado importante, en el que planteaba claramente su postura frente a la epidemia mundial del COVID 19. Allí, al mismo tiempo que criticaba las torpes, frívolas y poco serias posturas, tanto de los ‘malos gobiernos’ como de toda la clase política de México sin excepción alguna, frente a esta emergencia, el neozapatismo anunciaba también el cierre de todos sus Caracoles en el Estado de Chiapas, así como una serie de medidas encaminadas a hacerle frente a esta nueva y complicada situación.1 Cierre de los Caracoles y medidas de higiene especiales en todas sus comunidades, que hicieron que el neozapatismo mexicano haya sido el primer actor social y político que dentro de todo México, tomó la medida inteligente del autoconfinamiento social, antes de que los periodistas o los intelectuales empezaran a hablar en serio de este problema, o de que los científicos, los médicos y los epidemiólogos comenzarán a explicarnos la magnitud y el enorme riesgo de esta pandemia mundial, y también antes de que cerraran sus puertas la Universidad Nacional Autónoma de México, las escuelas primarias y secundarias, las oficinas gubernamentales, algunos parques y jardines, los comercios, las tiendas, los negocios y algunas empresas, además de los hoteles, los cines, los restaurantes, los salones de reunión y de baile, y todos los demás lugares públicos en general.

Gran clarividencia del neozapatismo sobre la real dimensión de esta pandemia mundial, que hizo que la misma fuese calificada por ellos, desde esa fecha del 16 de marzo de 2020, como una “amenaza real, comprobada científicamente, para la vida humana”, y como un “peligro que amenaza la vida humana”, sin distinción alguna de sexo, raza, nacionalidad, religión, lengua, condición social, etc. En cambio, todavía una semana después, el 22 de marzo, López Obrador minimizaba displicentemente el problema, diciendo que no había que entrar en situación de pánico, que apenas estábamos en la fase 1, y que había que seguir la vida normal, y continuar visitando restaurantes y fondas igual que antes.2 Dos posturas claramente contrapuestas frente a la pandemia, que en los últimos tres meses transcurridos han demostrado que la sabia y prudente postura neozapatista era la que se imponía asumir frente a esta excepcional emergencia mundial. Y también, el hecho de que al no haber tomado en serio el problema, el actual gobierno lopezobradorista es directamente responsable de la aún desconocida pero sin duda enorme magnitud de los estragos causados por el COVID 19 en México.

Porque más allá de las mentiras del gobierno de Andrés Manuel López Obrador sobre las cifras reales de contagios y de decesos provocados por el nuevo coronavirus, las que adolecen de un enorme y ahora ya confeso subregistro,3 no cabe duda de que esta pandemia actual constituye claramente una verdadera catástrofe general dentro de la historia de la nación mexicana, tantas veces agredida y engañada por sus gobernantes, y también por los poderosos y las clases dominantes que habitan en ella.

Catástrofe económica, social, política y cultural para toda la sociedad mexicana, derivada del COVID 19, que se agrava y acrecienta en virtud del hecho de que se inscribe dentro de una situación previa de crisis también global del capitalismo mexicano, e incluso del capitalismo mundial, crisis que se arrastra desde hace ya varias décadas. Por eso, el neozapatismo ha señalado que “se viene una crisis económica mundial”, y que ésta será o es ya el contexto adverso dentro del cual el gobierno mexicano se ve y se verá obligado a actuar dentro de los años inmediatos por venir. Y esto es algo que no depende y que no podría haber sido cambiado por ninguno de los que fueron candidatos de las elecciones de 2018 en México, pues se trata de un contexto planetario que también se hace presente, con sus peculiaridades respectivas, dentro de todos los países del orbe, y entre ellos, naturalmente, también en México. Por eso, los compañeros afirmaron sabiamente hace algunos meses que: “Cualquiera que hubiera quedado, (Meade, Anaya, el Bronco o Miss Xerox), se hubiera tenido que enfrentar a ese “entorno mundial adverso” (así dicen los Think Tanks del gran capital), y salir derrotado y buscando culpables. Y todos hubieran hecho y estarían haciendo lo que hace el gobierno actual: mentir y maquillar”.4

Crisis económica e incluso crisis global mundial, que en el caso mexicano y durante los dieciocho meses de gobierno de López Obrador, se ha estado acercando cada vez más peligrosamente al punto crítico del verdadero colapso económico, acompasado además de un creciente y cada vez más extendido descontento social general. Pues el obligado telón de fondo de los graves impactos del nuevo coronavirus en México, es precisamente el del país mal gobernado desde hace un año y medio por el torpe y pretencioso gobierno lopezobradorista, el que más allá de su vacía y rimbombante retórica de representar un supuesto cambio histórico fundamental, una profunda ‘Cuarta Transformación’, se ha mostrado en los hechos, en su gran mayoría, como ‘más de lo mismo’, es decir, como una lineal continuación de las políticas económicas neoliberales, de la creciente polarización y desigualdad social, junto al crecimiento explosivo de la violencia social descontrolada y múltiple, del indetenible proceso de degradación de toda la clase política mexicana, sin excepción alguna, y del abandono e indiferencia generales frente a cualquier posible expresión o desarrollo de la cultura nacional. Por eso, los compañeros neozapatistas han afirmado de manera concisa y lapidaria: “Y repetimos lo que antes señalamos: allá arriba son lo mismo… y son los mismos. Y la realidad les quita el maquillaje con el que quieren simular un cambio”.5

Pues tal y como lo ha planteado reiteradamente el neozapatismo, no avanzamos demasiado si pensamos que basta con cambiar a una persona, por ejemplo López Obrador, o a un Partido en el poder, por ejemplo Morena, para cambiar realmente las cosas, cuando de lo que se trata es de cambiar el sistema social capitalista en escala nacional y también mundial. Por eso, luego del nombramiento de López Obrador, los neozapatistas insistieron nuevamente en que no se trata de cambiar a un capataz malo, Peña Nieto, por uno supuestamente menos malo, Obrador, sino de conquistar realmente la libertad, derrotando al verdadero dueño de la finca, al capitalismo nacional y mundial, y suprimiendo a todos los finqueros, los capataces, los mayordomos y los caporales de los distintos países, departamentos o Estados, y municipios de todo el planeta.6

Porque ahora, un año y medio después de su llegada al poder, es ya claro que el gobierno de Andrés Manuel López Obrador, que pretendió presentarse en el mundo como un ‘nuevo eslabón’ de la serie de gobiernos ‘progresistas’ que protagonizaron, en gran parte de América Latina, el supuesto ‘giro a la izquierda’ desplegado en las primeras dos décadas del siglo XXI, nuevo eslabón que frente a las derrotas en Brasil, Argentina, Ecuador y Bolivia, vendría otra vez a relanzar un posible nuevo ‘ciclo progresista’, aliado con el también recientemente electo gobierno de Alberto Fernández y Cristina Kirchner en Argentina,7 ahora ese gobierno lopezobradorista ha terminado por mostrar su verdadera naturaleza profunda, y con ella, su profundo y mezquino carácter totalmente procapitalista, pero también su vacía y mentirosa retórica de ser un gobierno que pondría ‘primero a los pobres’, llevando a cabo la ya mencionada ‘Cuarta Transformación’ de México, que sería comparable a las anteriores transformaciones que en nuestra historia significaron la Independencia, la Reforma y la Revolución Mexicana.

Carácter agudamente procapitalista, y por ende, forzosamente contrario y opuesto a los intereses y las expectativas de las clases populares y subalternas de nuestro país, y falsa retórica de un enorme cambio histórico, que se contradice cada día con las realidades y con los hechos que cotidianamente vivimos, para alcanzar un grado extremo en los tres meses transcurridos desde la irrupción y luego difusión cada vez mayor de la pandemia mundial del COVID 19.

Pues si observamos con cuidado la experiencia vivida en México en los últimos dieciocho meses, veremos que han continuado en general, e incluso a veces se han agudizado, las mismas políticas neoliberales de las últimas cuatro décadas, mientras nuestra economía se estanca cada vez más, y se acerca peligrosamente al abismo de un colapso económico de grandes proporciones, que muy probablemente vendrá acompañado de una enorme devaluación del peso mexicano, y de la quiebra masiva de muchas pequeñas y medianas empresas, además de agudizar hasta el extremo el ya grave e importante desempleo actual, y también la creciente precarización de la fuerza de trabajo todavía empleada. Por eso, los neozapatistas han subrayado el hecho de que, aunque López Obrador “decreta que se acabó el neoliberalismo”, en realidad y de modo cada día más evidente, “la autodenominada ‘Cuarta Transformación’ (…) no es sino la continuación y profundización de la etapa más brutal y sanguinaria del sistema capitalista”, es decir de la etapa neoliberal.8

Por eso, ya desde antes que apareciera la pandemia actual, México se había convertido en 2019 en una economía estancada, que se dirigía directamente a un colapso económico, lo que con la pandemia se ha acelerado y agudizado, llevando a algunos analistas, muy poco sospechosos de ser de izquierda, a diagnosticar que vivimos en México la peor recesión económica de nuestra historia después de la provocada por la crisis mundial de 1929, frente a la cual lo que el gobierno mexicano está practicando es una “política económica ultraneoliberal, conservadora y procíclica, que acabará por golpear a los sectores más vulnerables de la población”. Aunque ahora naturalmente, el gobierno de López Obrador aprovechará la circunstancia de la pandemia del COVID 19 como un pretexto o justificación de ese inminente y cercano gran colapso de la economía mexicana, debido en parte sin duda a la pandemia, pero mucho más y principalmente, a su torpe y criminal política económica neoliberal.9

Política neoliberal mantenida y profundizada durante la pandemia, cuyos efectos se agudizan todavía más, en virtud de la vigencia del nuevo T-MEC, Tratado que no es otra cosa que la protocolización de la secular dependencia económica de México frente a Estados Unidos, y la actualización de la vieja Doctrina Monroe, y en donde de los tres socios de dicho Tratado, México es sin duda el socio perdedor, es decir, el proveedor de fuerza de trabajo barata y de materias primas a bajo costo, a la vez que consumidor importante de manufacturas, bienes de capital y tecnología, caros y controlados por los otros dos socios mencionados. Y puesto que Estados Unidos, y con ello su economía, es el país más afectado del mundo por la pandemia del COVID 19, y dado que Donald Trump está gestionando esta situación del modo más torpe y catastrófico posible, entonces nuestra alta dependencia económica de este país, habrá sin duda de afectarnos también de manera considerable, en el inmediato futuro por venir.10

Neoliberalismo destructivo lopezobradorista, aplicado en los hechos y negado en los discursos, que es económicamente contrario a los intereses de las grandes mayorías populares, pues al mismo tiempo en que promociona y beneficia a los grandes capitales y empresarios, sacrifica y destruye a las clases y sectores populares y subalternos, lo que explica porque López Obrador ha mantenido los salarios de los trabajadores mexicanos como salarios que están entre los más bajos de toda Latinoamérica e incluso del mundo entero, al mismo tiempo que convierte a Carlos Slim, que ha sido durante varios años el hombre más rico del planeta, en el ‘contratista favorito’ del gobierno de la Cuarta Transformación, además de promover una nueva forma de corrupción al hacer proliferar a muchas nuevas e improvisadas ‘proveedoras’ del actual gobierno, sin ninguna experiencia empresarial, a las que a pesar de esto, se les adjudican jugosos contratos de manera directa y sin concurso alguno. Complicado panorama económico para el vasto universo de ‘los pobres’ mexicanos, que con el COVID 19 ha llegado ya al extremo de provocar que haya quienes declaren que vamos directamente hacia ‘la hambruna’, hacia una crisis por hambre de franjas significativas de ese creciente universo de personas que, en México, están todavía sumidas en la pobreza y la pobreza extrema, rondando el 65% de la población total.11

Riesgo de una verdadera hambruna, cuyos primeros síntomas ya empezaron a manifestarse en distintas ciudades y regiones de México, frente a los cuales el gobierno no ha hecho absolutamente nada, mientras que en cambio es la propia gente, o los sectores populares, o los curas de a pie, o los ‘peatones de la historia’ en general, los que han tratado de paliar o resolver en alguna medida el problema, como cuando artesanos o indígenas intercambian sus propias creaciones por comida, o cuando los dueños de un pequeño restaurante popular regalan raciones de comida a quien lo necesite, o las parroquias de colonias populares que hacen colecta entre sus feligreses para comprar despensas y repartirlas gratuitamente a quien lo solicite, o los comedores populares que abren las asociaciones civiles o los colectivos que trabajan con la gente del pueblo, o hasta la gente sin trabajo, sin dinero y sin comida que pone una bandera blanca en la puerta de su casa, para ser apoyada por quien pueda apoyarla, entre otros de los muchos ejemplos posibles.

Conjunto de prácticas espontáneas de apoyo popular y de organización y auto-organización popular, generadas por la situación límite de la pandemia, que demuestra en los hechos la profunda verdad que encierra el sabio consejo del neozapatismo, de que no encontraremos solución a los principales problemas de nuestro país y de nuestro planeta, si no nos organizamos y nos auto-organizamos, desde abajo y a la izquierda, para enfrentar por nosotros mismos y para resolver con nuestras propias fuerzas dichos problemas. Porque los gobiernos de todo tipo y en todas partes son siempre ‘malos gobiernos’, y porque del ‘arriba social’ no podemos esperar nada bueno, sólo nos queda resistir y rebelarnos, y también organizarnos desde abajo, reconociendo que ‘sólo el pueblo salva al pueblo’, para desde este principio unirnos todos, para enfrentar, hoy y de inmediato a la pandemia y al capitalismo, y mañana, otra vez al capitalismo, mexicano y mundial. Pues como dice el Subcomandante Insurgente Moisés, “Como zapatistas que somos, lo que hacemos, cada que se puede, es decirle a la gente que se organice para resistir, para luchar, para tener lo que necesita”, porque “…no es que alguien va a resolver el problema, sino que lo tenemos que resolver nosotros mismos, mismas, como colectivos organizados. Las soluciones las hace el pueblo…”. Por eso, y frente a la actual pandemia, los compañeros han reiterado que, “Ante la ausencia de los malos gobiernos, exhortar a todas, a todos y a todoas, en México y el mundo, a que tomen las medidas sanitarias necesarias que, con bases científicas, les permitan salir adelante y con vida de esta pandemia”.12

Y es claro que si la pandemia en México, no ha tenido aún efectos tan catastróficos y terribles como en Estados Unidos, o Italia, o España, eso se debe sobre todo a la sabiduría popular y a la auto-organización de la gente, mucho más que a las torpes y limitadas acciones de un mal gobierno mexicano que, siendo un gobierno completamente capitalista, es también un gobierno frívolo, irresponsable, mentiroso y ausente, que piensa siempre primero en la economía, es decir en la ganancia capitalista, luego en salvar y proteger a los ricos y a los poderosos, a los que sirve directamente, después en aparentar hacia el exterior una falsa actividad eficaz, ‘para guardar las apariencias’ y mantener una mínima credibilidad internacional, y sólo al final y muy marginalmente, en la salud y el bienestar de las clases populares, y esto último, exclusivamente en la línea de evitar y contener el descontento y la protesta sociales.

Al mismo tiempo, y en parte conectado con la complicada situación económica antes descrita, ha seguido creciendo sin parar la violencia social descontrolada en múltiples formas, la que no es confrontada ni resuelta de ningún modo por el nuevo gobierno, sino simplemente ignorada, ocultada, maquillada y eludida, igual que en los gobiernos priistas y panistas recientes.

Pues en México ha seguido creciendo de modo alarmante la violencia mortal contra las mujeres, lo que lo ubica como el país con mas feminicidios de toda América Latina, llegando hoy al vergonzoso dato de diez mujeres asesinadas cada día. Violencia descontrolada y criminal contra las mujeres, que ha sido muchas veces ignorada y otras veces banalizada por López Obrador, lo que ha provocado la irrupción de una legítima, potente y cada día más vasta protesta feminista, la que entre otras manifestaciones, incluye la de haber mantenido en paro durante meses varias Facultades de la Universidad más grande del mundo, la Universidad Nacional Autónoma de México, además de la de paralizar el país entero el 9 de marzo de 2020, y la de suscitar una creciente simpatía y apoyo de todas las clases y sectores subalternos en las varias marchas y manifestaciones públicas que ha organizado. Por eso, el tema del Segundo Encuentro Internacional de las Mujeres que Luchan, organizado por las mujeres neozapatistas en diciembre de 2019, tuvo como su tema central y único el de la ‘Violencia contra las mujeres’. Y por eso también, las mujeres neozapatistas apoyaron la iniciativa del colectivo ‘Brujas del Mar’, del Paro Nacional de Mujeres del 9 de marzo, burlándose de la ridícula postura de López Obrador, prepotente y machista, al decir que él ‘si les daba permiso’ de faltar al trabajo a la mujeres y de hacer ese paro.13

Otra de las principales manifestaciones de la violencia descontrolada que exuda por todos los poros de la sociedad mexicana es la del narcotráfico, el que bajo el gobierno lopezobradorista ha continuado creciendo y prosperando de manera floreciente y sin trabas. Pues López Obrador declaró desde su campaña que si ganaba, él no iba a perseguir a nadie, lo que ha significado una doble amnistía, de un lado para el Presidente y para todos los funcionarios del gobierno anterior, con alguna pequeña excepción, y de otra parte, al conjunto de los Cárteles que operan desde hace muchos años en México.

Amnistía, e incluso abierta tolerancia y pacífica convivencia con el narcotráfico, que López Obrador refrendó en su discurso del 30 de enero de 2019, donde a una pregunta expresa sobre la guerra del Estado en contra del narcotráfico, respondió que “Oficialmente ya no hay guerra. Nosotros queremos la paz”, agregando que ya no se había detenido a nuevos capos de los Cárteles porque “Esa no es nuestra función principal”, sino más bien garantizar la seguridad pública. Lo que se confirmó en octubre de 2019, cuando después de capturar a uno de los hijos del Chapo Guzmán, a Ovidio Guzmán López, se le dejo escapar por órdenes del propio Presidente, con un absurdo pretexto cualquiera, y también a finales de marzo de 2020, cuando López Obrador, de gira en Badiraguato Sinaloa, fue obsequiosamente a saludar a la madre del Chapo Guzmán. Declaraciones y señales que nos demuestran, no solamente que el Estado mexicano es un verdadero ‘Estado fallido’, que no controla gran parte de los territorios de México, sino también que existe una especie de evidente ‘pacto implícito’ entre los Cárteles del narcotráfico y el nuevo gobierno de Obrador, para que juntos ‘cogobiernen’ el país, y para que respetándose mutuamente, cada quien lleve adelante su propia actividad, sin inmiscuirse en las tareas y en los espacios del otro. Por eso, los compañeros neozapatistas hablan claramente de “la consolidación (a pesar de los supuestos ‘golpes mortales’ al narco) de los Estados paralelos (o imbricados con el Nacional), del llamado ‘crimen organizado'”.14

Colusión evidente entre el gobierno lopezobradorista y el narcotráfico mexicano en general, y en particular con el Cártel de Sinaloa, que simplemente prolonga la misma situación que prevaleció durante todos los gobiernos príistas hasta el año 2000, e incluso con el primer gobierno panista de Vicente Fox, que fue el que dejó escapar al Chapo Guzmán de una prisión de alta seguridad. Y vale la pena recordar que según los analistas de este problema, dicho Cártel de Sinaloa es, cuantitativamente el más grande Cártel del mundo, y cualitativamente uno de los mejor organizados y más estructurados. Pues tiene células que actúan para organizar el tráfico de drogas en Colombia, Ecuador y Bolivia, además de empresas que lavan su dinero en Chile, Bolivia, Argentina, Guatemala y Estados Unidos, estando también ya establecido en España, que es la puerta de entrada de la droga a toda Europa. Frente a lo cual, la captura y el juicio de Joaquín Guzmán Loera, no es nada más que un simple hecho totalmente anecdótico, pues su Cártel de Sinaloa sigue funcionando, creciendo y prosperando como siempre, sin problema, y ello además, con la hipócrita y encubierta complacencia de ciertos bancos y de ciertos políticos del país que es el consumidor de drogas más grande del mundo, Estados Unidos.15

Otro modo en que la violencia social desbordada se manifiesta ahora en México, es a través del fenómeno de la migración, fenómeno mundial que se ha potenciado e intensificado enormemente en las últimas décadas, como otra de las varias manifestaciones de la crisis terminal del capitalismo mundial, y que dada la ubicación geográfica de México, contigua a Estados Unidos, hace de nuestro país un obligado y muy adecuado trampolín de paso hacia la nación estadounidense. Y puesto que la frontera de 3000 kilómetros es vasta, porosa e imposible de vigilar y controlar, aún con las más sofisticadas tecnologías modernas, entonces es lógico que las verdaderas mareas humanas provenientes de Centroamérica, del Caribe, de Sudamérica y hasta un poco de África, se vuelquen masivamente hacia México como una simple ‘estación de paso’ hacia Estados Unidos. Por eso, los neozapatistas habían anticipado sabiamente, antes del inicio del gobierno de López Obrador, que “En los planes del capital, el muro contra América Latina tendrá la forma del imposible cuerno de la abundancia y se llamará ‘México'”, agregando también que “Cuando Donald Trump dice que quiere construir el muro, todos están pensando en el Río Bravo, pero el capital está pensando en el Suchiate, el Usumacinta y el Hondo. En realidad el muro estará en México para detener a los que vienen de Centroamérica, y esto tal vez pueda ayudar a entender por qué Donald Trump, el 1 de julio, saludó al Juanito Trump, que había ganado las elecciones en México”.16

Y es claro que durante el año y medio ya transcurrido del gobierno lopezobradorista, esta tesis neozapatista se ha confirmado completamente, pues dicho gobierno se ha sometido con un servilismo extremo a los designios y deseos estadounidenses, llevando a cabo una política migratoria vergonzosa, que no sólo rompe con las antiguas tradiciones mexicanas de apoyo y recepción de diversas migraciones, como la española de la guerra civil, o la chilena y la argentina de las dictaduras militares de los años setentas del siglo pasado, sino que también degrada a México al triste papel de ‘policía’ de Estados Unidos, y al de un país sometido que según los neozapatistas, “en los nuevos planes ‘geopolíticos’, se ofrece [a] crear un “colchón”, un “amortiguador”, un filtro que reduzca drásticamente la migración”, combinando de manera selectiva la represión brutal y la repatriación forzada de los migrantes a sus respectivos países, con la asimilación como fuerza de trabajo explotable por el capital, o el abandono en las muy precarias condiciones de los asilos de los gobiernos estatales o de la propia sociedad civil mexicana.17

Represión dura y terrible de los migrantes latinoamericanos y africanos, que ahora se apoya en la nueva e hipócrita versión del ‘ejército’, en la Guardia Nacional, mediante la cual Obrador ha continuado militarizando todo el país, igual e incluso peor que sus antecesores, a pesar de su hipócrita promesa de campaña de ‘devolver al ejército a sus cuarteles’, la que no sólo no ha cumplido, sino que en cambio, ha potenciado con dicha Guardia Nacional, la que no se utiliza para combatir al narcotráfico, lo que fue el pretexto de su creación, sino más bien para perseguir y reprimir a los migrantes, para imponer mediante la violencia cruda y descarnada los megaproyectos de este sexenio, y también para atacar y controlar a los cada día más diversos y fuertes movimientos sociales de protesta de los mas distintos tipos.

Porque como ha sido ya señalado varias veces por organismos internacionales, como Amnistía Internacional, las violaciones a los derechos humanos han seguido creciendo y se han multiplicado y diversificado con el actual gobierno, igual que con los gobiernos anteriores, al mismo ritmo en que crece y se agudiza la mencionada militarización de todo el país, y que se imponen por la fuerza, en contra de las comunidades indígenas y de la población en general, los megaproyectos del Tren Maya o del Canal transístmico, entre otros. Por eso, y frente a esta militarización creciente y a los intentos de imponer en Chiapas el megaproyecto del Tren Maya, han dicho los compañeros neozapatistas que “Vamos a enfrentar, no vamos a permitir que pase aquí ése su proyecto de destrucción, no le tenemos miedo a su Guardia Nacional, que lo cambió de nombre para no decir ejército, que son los mismos, lo sabemos”. Violaciones a los derechos humanos y militarización de la vida cotidiana de la sociedad mexicana, que ahora, con el pretexto de la pandemia del COVID 19, han recibido legitimación institucional y ‘carta blanca’ durante los próximos cuatro años, con el Acuerdo presidencial publicado el 11 de mayo de 2020, que acrecienta las facultades y tareas de la Guardia Nacional, aumentando su capacidad de acciones impunes, igual que la libertad de López Obrador de disponer a su antojo de dicha Guardia Nacional.18

Junto a este complicado escenario económico y social que hemos brevemente reseñado, se despliega también en México, bajo el gobierno lopezobradorista, una nueva fase del ya añejo proceso de degradación y descomposición de toda la clase política mexicana en su conjunto. Pues acompasada con el Estado fallido obradorista, se ha agudizado la debacle de todos los partidos políticos, sin excepción alguna, los que a pasos agigantados pierden las ya escasas bases sociales que aún tenían, para mostrarse como lo que realmente son, es decir, como vulgares corporaciones de grupos de interés que, con muy tenues matices ideológicos, compiten como capataces en disputa para decidir, cada seis años, quien cumple mejor los deseos y quien defiende mejor los intereses del verdadero dueño de todo, del finquero, es decir del capitalismo tanto nacional como mundial.

Y entonces vemos desfondarse totalmente al PRI, que al ya no estar en el poder pierde todo atractivo para la gente en general, y hasta para sus propios militantes, mientras que el PAN se fragmenta y se diluye en grupos y subgrupos, a cual más desorientados ideológicamente y sin liderazgos reales de ningún tipo, y si en cambio con múltiples microcaudillos emergentes, mientras el PRD se borra y extingue, al ritmo mismo en que sus líderes se venden al mejor postor y en la medida en que todas sus bases migran hacia MORENA. Y este último pseudopartido muestra que en realidad no es tal partido, sino sólo una coalición efímera de grupos y pequeños movimientos sociales y políticos que, junto a un claro amasijo de oportunistas y advenedizos, están todos nucleados en torno al caudillo fuerte hoy en el poder, pero sin el cual, vuelven a convertirse en múltiples tribus y micro-organizaciones sin unidad ni ideológica, ni política, ni de ningún tipo. Por eso, ahora mismo, el dirigente interino de MORENA acusa penalmente a la anterior dirigente por malos manejos financieros de los fondos del partido, mientras las diversas tribus velan armas en torno a los repartos de migajas de poder que derivarán de la cercana elección de su nueva dirigencia.

Y es por eso que frente a este vergonzoso panorama de la política mexicana actual, los neozapatistas nos hablan de “…un PAN rancio, un PRI sobornando al forense para que retrase el acta de defunción, [y] un PRD que de alguna forma tiene que demostrar que existe, y pensadores que les acompañan”,19 a lo que hay que agregar los ridículos partidos enanos, que no son otra cosa que negocios familiares o membretes de pandillas de políticos oportunistas y acomodaticios, y al nuevo “partido oficial” MORENA, que aspira fallidamente a convertirse en una suerte de nuevo PRI, aunque en este caso pintado muy tenuemente de un rosa moderado, discreto, domesticado y políticamente correcto, y que seguramente se desintegrará también y decaerá muy pronto, conforme se eclipse y apague el caudillo o ‘rayito de esperanza’ que lo cohesiona, le da estructura y le da su sentido profundo de efímera existencia.

Finalmente, es claro que el gobierno de López Obrador es un gobierno no sólo indiferente frente a la cultura, las artes y las ciencias, sino incluso y en muchos casos, un gobierno abiertamente anticultural. Lo que explica que, por ejemplo, haya puesto la Editorial del Estado mexicano en manos de un escritor con nula experiencia editorial, y que en los altos puestos directivos de las Secretarías, o de los Institutos, o de las Instituciones que tienen que ver con la cultura, la investigación histórica, las artes y las ciencias, haya nombrado como funcionarios a personas de perfil bastante mediano, cuyo mayor mérito es, exclusivamente, su acrítico e incondicional apoyo al propio López Obrador. Además, redujo el presupuesto para cultura en 2019, y lo mantuvo prácticamente congelado para 2020, habiendo intentado en varias ocasiones, y a veces habiendo concretado, recortes importantes a los presupuestos de los Centros Públicos de Investigación, al Instituto Nacional de Antropología e Historia, a las Universidades públicas, al Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología, y a varios Fideicomisos, del cine, de las becas para los artistas y creadores, de los apoyos culturales, y de fomento a la investigación antropológica y arqueológica, entre otros varios.20

Ataque sistemático y en varios frentes a la cultura, a las artes y a las ciencias, que se ha agudizado aún más durante la pandemia del COVID 19, provocando que los artistas se agrupen en tres movimientos, que incluyen el que se llama “No vivimos del aplauso”, el Movimiento Colectivo por la Cultura y el Arte en México, y la Asamblea por las Culturas, los que frente a la total falta de apoyos por parte del gobierno, han propuesto un Programa de apoyo que se llama ‘Contigo en la Confianza’. Pero también hay otros artistas que se han auto-organizado para apoyarse entre sí mismos, como en el caso de la Convocatoria #Arte en Resistencia, que recaba dinero y despensas para darlos a los artistas más vulnerables y afectados por la pandemia actual. Indiferencia y agresiones a la cultura, las artes y las ciencias por parte del gobierno de Obrador, que contrasta enormemente con la promoción, el cultivo, la centralidad, la defensa y el abierto apoyo a estas actividades por parte del neozapatismo, que lo ha llevado a declarar incluso que, “…nuestro [camino] está basado en algunas de las raíces de las comunidades originarias (o indígenas): el colectivo, el apoyo mutuo y solidario, el apego a la tierra, el cultivo de las artes y las ciencias, y la vigilancia constante contra la acumulación de riqueza.  Eso, y las ciencias y las artes, son nuestra guía.  Es nuestro “modo”…”. Bella y muy clara declaración neozapatista, que frente a la mezquina y miserable postura del gobierno lopezobradorista frente a la cultura, las artes y las ciencias, brilla hoy con más fuerza, en esta emergencia nacional y mundial de la pandemia del nuevo coronavirus.21

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Ahora, a finales de junio de 2020, y cuando las cifras de nuevos contagios y de decesos a causa del nuevo coronavirus siguen todavía peligrosamente al alza, tanto el gobierno federal de López Obrador como el gobierno de la ciudad de México, ciudad que es el epicentro principal de la pandemia en el país, están tratando de forzar, absurda y criminalmente, un prematuro retorno a la llamada ‘nueva normalidad’. Y con ello, están jugando con fuego, pues pueden provocar un rebrote o segunda ola de la pandemia en México, que sea todavía peor y más grave de la que ya hemos vivido hasta ahora. Frente a esto, vale recordar la sabia postura neozapatista, que desde hace más de tres meses, nos advirtió que se trata de una ‘amenaza real’ y un verdadero ‘peligro’ para la vida humana, la que debería prevalecer como criterio esencial, por encima de la ganancia capitalista, de la economía en general, de los espurios intereses del Estado mexicano y también de los gobiernos actuales. Por eso, ‘ante la ausencia de los malos gobiernos’, sólo nos queda, a los ‘peatones de la historia’, el cuidarnos, y protegernos, y apoyarnos entre nosotros, y el autocuidarnos, autoprotegernos y autoapoyarnos, es decir, el organizarnos y auto-organizarnos desde abajo y a la izquierda, para vencer hoy a la pandemia del COVID 19 y salvar la vida, y mañana, para vencer al capitalismo nacional y mundial, y nuevamente, volver a salvar, definitivamente, a la diversa, rica y multifacética vida humana en todo el planeta. ¡Así sea!

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Junio de 2020.

1 Cfr. Subcomandante Insurgente Moisés, “Por coronavirus el EZLN cierra Caracoles y llama a no abandonar las luchas actuales”, del 16 de marzo de 2020, en Enlace Zapatista, http://www.ezln.org.mx.

2 Sobre estas torpes declaraciones de AMLO, cfr. la nota “No dejen de salir, yo les voy a decir cuándo: AMLO sobre pandemia de COVID-19”, en el sitio de la revista Animal Político, del 23 de marzo de 2020, en https://www.animalpolitico.com/2020/03/no-dejen-de-salir-amlo-coronavirus-covid19/.

3 La manipulación y ocultamiento consciente de las cifras verdaderas de contagios y muertes del COVID-19 ha sido tan escandalosa en México, que incluso provocó la publicación de varios artículos de la prensa internacional denunciando esta situación. En ellos, se estimaba que la cifra real debe ser de, en un caso entre 3 y 4 veces, y en otro caso 22 veces las cifras oficiales, frente a lo cual el gobierno mexicano se vio obligado a aceptar que si había un subregistro, pero bajo el tramposo argumento de que ese mismo subregistro era involuntario e inconsciente y que se daba en todos los países del mundo. Y si partimos de que en mayo de 2020, mientras Islandia hacía 147 pruebas por cada mil habitantes, e Italia 35 pruebas por cada mil habitantes, México en cambio hacía sólo 6 pruebas, pero no por cada mil, sino por cada diez mil habitantes, entenderemos una de las varias razones de ese tramposo y enorme subregistro. Sobre este punto, cfr. Azam Ahmed, “Hidden Toll: Mexico Ignores Wave of Coronavirus Deaths in Capital”, en The New York Times, 8 de mayo de 2020, Juan Montes, “Death Certificates Point to Much Higher Coronavirus Toll in México”, The Wall Street Journal, 8 de mayo de 2020, Jorge Galindo y Javier Lafuente, “La magnitud de la epidemia en México”, en El País, 8 de mayo de 2020, Juan Omar Fierro, “Es oficial: hay subregistro de muertes”, en Proceso, núm. 2271, 10 de mayo de 2020 y Mathieu Tourliere, “Hacia una ‘normalidad’ luctuosa”, en Proceso, núm. 2274, 31 de mayo de 2020.

4 Cfr. Subcomandante Insurgente Galeano, “Sonata para violín en sol menor: dinero”, del 15 de agosto de 2019, en Enlace Zapatista, http://www.ezln.org.mx.

5 Cfr. Subcomandante Insurgente Moisés, “Mensaje del Ejército Zapatista de Liberación Nacional en los 100 años del asesinato del General Emiliano Zapata”, del 10 de abril de 2019, en Enlace Zapatista, http://www.ezln.org.mx.

6 Para esta original y aguda tesis neozapatista, que concibe al capitalismo actual a través de la metáfora de imaginarlo como una enorme serie de fincas, cfr. Subcomandante Insurgente Moisés y Subcomandante Insurgente Galeano, “300. Primera parte: una finca, un mundo, una guerra, pocas posibilidades”, del 20 de agosto de 2018, en Enlace Zapatista, http://www.ezln.org.mx.

7 En nuestra opinión, López Obrador si forma parte de esta familia de los llamados gobiernos ‘progresistas’, pero siendo sin duda su peor versión posible, es decir, su variante más pálida, deslavada, atenuada y descolorida posible. Pues en el fondo, este gobierno actual mexicano si representa a los intereses de la burguesía nacional mexicana, igual que todos los gobiernos progresistas lo hicieron antes y lo hacen ahora con sus respectivas burguesías nacionales, pero a diferencia de ellos, que aunque fueron o son totalmente procapitalistas, sí eran o son genuinamente nacionalistas y a veces hasta anti-imperialistas, el gobierno mexicano lopezobradorista, en cambio, mantiene una postura tan servilmente sometida y dependiente de los Estados Unidos, que casi no parece ser parte de dicha familia. Por eso los compañeros neozapatistas afirman que, “Decir que el próximo gobierno es de izquierda o progresista, no es sino una calumnia”. Para esta cita, y para la caracterización de estos ‘gobiernos progresistas’ latinoamericanos, cfr. Subcomandante Insurgente Moisés y Subcomandante Insurgente Galeano, “300. Segunda parte: un continente como patio trasero, un país como cementerio, un pensamiento único como programa de gobierno, y una pequeña, muy pequeña, pequeñísima rebeldía”, en Enlace Zapatista, http://www.ezln.org.mx, y Carlos Antonio Aguirre Rojas, Antimanual del Buen Rebelde, Ed. El Viejo Topo, Barcelona, 2015, y Movimientos antisistémicos y cuestión indígena en América Latina, Ed. Desde Abajo, Bogotá, 2018.

8 Para esta caracterización de la política económica del gobierno de Obrador, cfr. Subcomandante Insurgente Moisés, “Mensaje del Ejército Zapatista de Liberación Nacional en los 100 años del asesinato del General Emiliano Zapata”, del 10 de abril de 2019, ya antes citado.

9 Sobre el fuerte estancamiento de la economía mexicana, previo a la pandemia, cfr. Braulio Carbajal, “Las grandes empresas pasaron mal el primer año del nuevo gobierno”, en La Jornada, 8 de marzo de 2020, p. 17. Y sobre la recesión económica actual, y sus efectos sobre las clases y sectores subalternos, cfr. Rafael Croda, “La mayor recesión en 88 años”, en Proceso, núm. 2271, 10 de mayo de 2020 (de donde proviene la cita incluida en este párrafo), y Juan Carlos Cruz Vargas, “La estrategia de AMLO ‘empuja al país al abismo'”, en Proceso, núm. 2273, 24 de mayo de 2020.

10 Sobre el carácter histórico de larga duración, y sobre la dimensión estructural de esta dependencia de México respecto de Estados Unidos, que hoy ha llegado a un extremo vergonzoso con el gobierno actual, cfr. Carlos Antonio Aguirre Rojas, “México en el largo siglo XX histórico. Pistas wallerstinianas para su reinterpretación”, en Contrahistorias, núm. 33, 2020.

11 Sobre estos puntos mencionados, cfr. Rubén Migueles, “Salario mínimo de México, de los más bajos del mundo” en El Universal, del 22 de enero de 2020, y Antonio Sandoval. “Así están los salarios de México frente al resto del mundo”, en el sitio Alto Nivel, del 23 de septiembre de 2019, en https://www.altonivel.com.mx/economia/asi-estan-los-salarios-de-mexico-frente-al-resto-del-mundo/, en donde se refiere que el propio López Obrador tuvo que reconocer que los salarios mexicanos son más bajos que en Centroamérica y en China. Véase también, Mathieu Tourliere, “El contratrista favorito de la 4T”, en Proceso, núm. 2271, 10 de mayo de 2020, Esteban David Rodríguez y Quinto Elemento Lab, “Brotan de la nada las proveedoras de la 4T”, en Proceso, núm. 2261, 1 de marzo de 2020. Y sobre el riesgo de una hambruna, cfr. Rodrigo Vera, “Vamos hacia una hambruna”, en Proceso, núm. 2271, 10 de mayo de 2020.

12 Las dos primeras citas provienen del texto del Subcomandante Insurgente Moisés, “Organizarse (sobre las elecciones)”, incluido en el libro El Pensamiento Crítico frente a la Hidra Capitalista I. Participación de la Comisión Sexta del EZLN, edición del EZLN, México, 2015, y la última de Subcomandante Insurgente Moisés, “Por coronavirus el EZLN cierra Caracoles y llama a no abandonar las luchas actuales”, antes ya referido.

13 Sobre este terrible flagelo de los feminicidios, cfr. Jessica Xantomila, “Ocupa México primer lugar de América Latina en feminicidios: AI”, en La Jornada, 9 de abril de 2019, y “ONU: Feminicidios en México crecieron diariamente de 7 a 10 en tres años”, en La Jornada, 5 de marzo de 2020. Y sobre la postura neozapatista, cfr. “Convocatoria al Segundo Encuentro Internacional de Mujeres que Luchan”, del 19 de septiembre de 2019, y “No necesitamos permiso para luchar por la vida. Las mujeres zapatistas se unen al Paro Nacional del 9 de marzo”, del 1 de marzo de 2020, ambos en Enlace Zapatista, http://www.ezln.org.mx.

14Sobre las declaraciones de López Obrador, y luego sobre la absurda liberación del hijo del Chapo, cfr. https://lopezobrador.org.mx/2019/01/30/, y Azam Ahmed, “The Stunning Escape of El Chapo’s Son: It’s Like ‘a Bad Netflix Show’”, en The New York Times, 18 octubre de 2019. Sobre el encuentro con la madre del Chapo, cfr. https://aristeguinoticias.com/2903/, del 29 de marzo de 2020 y Ricardo Ravelo, “AMLO, el amigo de los narcos”, en el diario electrónico Sinembargo.mx, del 3 de abril de 2020, en: https://www.sinembargo.mx/03-04-2020/3760627. Y sobre la frase del neozapatismo de la colusión entre el Estado mexicano, el narco y el crimen organizado, cfr. Subcomandante Insurgente Moisés y Subcomandante Insurgente Galeano, “300. Segunda parte: un continente como patio trasero, un país como cementerio, un pensamiento único como programa de gobierno, y una pequeña, muy pequeña, pequeñísima rebeldía”, texto ya antes citado.

15 Sobre esta colusión implícita entre el gobierno de López Obrador y los Cárteles del narcotráfico, cfr. Patricia Dávila, “El de Sinaloa, un Cártel aún sólido”, en Proceso, núm. 2243, del 27 de octubre de 2019, J. Jesús Esquivel, “‘El Mayo’ es el capo de capos, según la DEA”, en Proceso, núm. 2256, 26 de enero de 2020 y Ricardo Ravelo, “AMLO, el amigo de los narcos”, recién citado. Y vale la pena señalar que frente al vacío de acción y la parálisis gubernamental frente a la pandemia, tanto el Cártel de Sinaloa, como otros Cárteles, tuvieron hace algunas semanas la iniciativa de repartir gratuitamente despensas, en varias de las zonas campesinas en donde tienen actividades y presencia.

16 Para estas citas, cfr. Subcomandante Insurgente Moisés y Subcomandante Insurgente Galeano, “300. Segunda parte: un continente como patio trasero, un país como cementerio, un pensamiento único como programa de gobierno, y una pequeña, muy pequeña, pequeñísima rebeldía”, texto ya referido antes.

17 Sobre este triste papel de México como policía migratoria de Estados Unidos, cfr. J. Jesús Esquivel, “Confirmado: México es el mejor agente migratorio de EU”, en Proceso, núm. 2249, 8 de diciembre de 2019, e Isaín Mandujano, “Condena unánime: la peor cara de México en materia migratoria”, en Proceso, núm. 2256, 26 de enero de 2020. Véase también, Subcomandante Insurgente Moisés y Subcomandante Insurgente Galeano, “300. Segunda parte: un continente como patio trasero, un país como cementerio, un pensamiento único como programa de gobierno, y una pequeña, muy pequeña, pequeñísima rebeldía”, antes citado, y de donde provienen las citas incluidas en este párrafo, Subcomandante Insurgente Moisés, “Palabras del CCRI-CG del EZLN en el 26 Aniversario”, en Enlace Zapatista, en http://www.ezln.org.mx, y Carlos Antonio Aguirre Rojas, “Noticias desde México. Entrevista a Carlos Antonio Aguirre Rojas”, en la revista El Viejo Topo, núm. 375, Barcelona, abril de 2019.

18 Sobre el triste panorama de los derechos humanos en México, tan sombrío como hace décadas, cfr. la nota “Amnistía Internacional: las violaciones a derechos, al nivel de los sexenios anteriores”, en La Jornada, 27 de febrero de 2020. La frase citada del neozapatismo está en Subcomandante Insurgente Moisés, “Palabras del CCRI-CG del EZLN a los pueblos zapatistas en el 25 Aniversario del inicio de la guerra contra el olvido”, del 1 de enero de 2019, en Enlace Zapatista, en http://www.ezln.org.mx. Y sobre la creciente militarización, agudizada con el Acuerdo reciente, cfr. Juan Omar Fierro, “Un paso más hacia la militarización”, en Proceso, núm. 2272, 17 de mayo de 2020.

19 Sobre esta caracterización, cfr. Subcomandante Insurgente Galeano, “Obertura: la realidad como enemiga”, del 11 de agosto de 2019, en , en Enlace Zapatista, en http://www.ezln.org.mx.

20 Sobre los presupuestos de cultura en 2019 y 2020, cfr. Enrique Méndez, “El presupuesto para cultura en 2019, menor al ejercido en 2018”, en La Jornada, 17 de diciembre de 2018, yJudith Amador Tello, “Presupuesto cultural 2020: el esquema de siempre”, en Proceso, núm. 2248, 1 de diciembre de 2019. Y sobre la política realmente anticultural de López Obrador, y por mencionar sólo un ejemplo entre los muchos posibles, cfr. Judith Amador Tello, “Es hora de escuchar a la academia”, en Proceso, núm. 2276, 14 de junio de 2020.

21 Sobre los movimientos mencionados, cfr. https://www.facebook.com/NoVivimosDelAplauso/, https://moccam.net/, y https://asambleaporlasculturas.org/. Sobre la iniciativa de auto-organizarse, cfr. Roberto Ponce, “Fase Solidaridad: los artistas se ayudan a sí mismos”, en Proceso, núm. 2271, 10 de mayo de 2020. Y sobre la postura neozapatista, cfr. Subcomandante Insurgente Moisés y Subcomandante Insurgente Galeano, “300. Segunda parte: un continente como patio trasero, un país como cementerio, un pensamiento único como programa de gobierno, y una pequeña, muy pequeña, pequeñísima rebeldía”, ya antes citado.

El tiempo histórico y el mesiánico

Por Federico Donner

El mesianismo es un paradigma filosófico que discute aspectos centrales de la filosofía de la historia y de la filosofía política. Esta cuestión, aparece en los textos de Walter Benjamin fundamentalmente gracias a su amistad con Gershom Scholem, un erudito en la kabalah, la doctrina mística judía, y autor de varias investigaciones al respecto.

Walter Benjamin traduce algunas de esas nociones del mesianismo inspiradas en la mística judía al lenguaje de la filosofía de la historia y de la filosofía política, sobre todo para criticar la idea de progreso en la tradición marxista, a la cual suscribe de un modo poco ortodoxo.

Por su parte, el filósofo italiano Giorgio Agamben (estudioso de la obra de Benjamin y editor de sus obras completas en italiano)se apropia de la estrategia mesiánica de Benjamin. Otros autores importantes como Derrida también forman parte de este paradgima.

El mesianismo, por supuesto, no tiene que ver con ese uso vulgar según el cual el cual un líder político mesiánico sería una especie de flautista de Hamelin que hipnotiza a las masas. Por el contrario, el mesianismo es un modo de disputa con la escatología judeocristiana, que estructura veladamente las filosofías de la historia modernas.

En cierto punto, todo esto tiene que ver con la cuestión de la secularización. Cuando hablamos normalmente de secularización, desde un punto de vista ilustrado o moderno, tendemos a pensar que

se trata de una serie de procesos más o menos conocidos por todos que convergen en la formación de la Modernidad: Conquista de América, Revolución industrial, Reforma protestante, Revolución francesa, constitución norteamericana, etc.

No parece haber ningún problema cuando decimos que la modernidad es prácticamente sinónimo de secularización, del famoso desencantamiento del mundo weberiano. Sin embargo, muchos autores se han trenzado en lo que se llama la “querella de la secularización”, en la que se discute si debbemos comprender la secularización como un corte abrupto con el pasado, o más bien como una traducción y una mutación de categorías teológicas, escatológicas, en este caso, al plano secular, al plano profano. En este sentido, resulta muy interesante reparar en un autor como Karl Löwith (no confundir con Michael Löwy, el especialista en Benjamin), un filósofo judío y heideggeriano, que en su exilio en Japón escribió Historia del mundo y salvación: los presupuestos teológicos de la filosofía de la historia. Allí consigna que la filosofía de la historia moderna reproduce la estructura escatológica de la teología judeocristiana. Dicho de otro modo, para Löwith la temporalidad histórica del pensamiento moderno es una especie de traducción secular del modelo de la historia agustiniana, estructurada con un principio, un sentido y una meta, un telos final (por eso es una forma de pensamiento teleológica). La escatología de origen judeocristiana secularizada y volcada a la filosofía de la historia del progreso, subyace según esta lectura a las filosofías de la historia de Hegel, de Marx y de Comte, entre otros. Las críticas hacia esa filosofía de la historia tienen varios motivos, por lo menos en Benjamin y en Agamben. Este modo de pensar la filosofía de la historia tiende a mostrar, al intentar cortar su raíz teológica, los procesos como leyes automáticas, algo muy distinto a lo que pasaba antes de la modernidad.

Hagamos un racconto: para los griegos, había una especie de división de tareas muy clara para la filosofía y para la historia. La filosofía se encarga de lo eterno, de lo inmutable, y la historia se encarga de lo contingente y lo perecedero. La naturaleza de las cosas no muta en la historia, sino que se trata de ciclos. El modelo antiguo de la historia cíclica, desde Tucídides hasta Polibio, es lo que Koselleck llama historia magistrae vita, la historia como maestra de vida. Se trata de una historia modélica en el sentido ético y político: como la historia se repite y no hay nada nuevo bajo del sol, la historia nos brinda una serie de ejemplos políticos y morales que son la base de la paideia, de la educación de las nuevas generaciones, que deben inspirarse en los grandes ejemplos del pasado. Su carácter cíclico, por lo tanto, es precisamente el que asegura la cadena de trasmisión generacional de los modelos políticos y morales.

Esto se modifica con la irrupción del judaísmo y del cristianismo, pues el sentido del tiempo vira desde el pasado hacia el futuro. La escatología, el escaton es el final de los tiempos. Aparece el futuro como la orientación más importante. Sin embargo, hay una división entre la historia del mundo y la historia de la salvación: la historia de los hombres sigue siendo contingente, y los grandes acontecimientos que estructuran lo que podríamos llamar la historia de la filosofía antigua son externos al quehacer humano: la revelación, el final de los tiempos, van más allá del mundo histórico.

Una vez más, la secularización traduce esta estructura escatológica pero no solamente quitándole el encanto al mundo, como dice Max Weber. Para decirlo en términos heideggerianos, se trata de una temporalización del mundo. Deja de haber una división entre lo eterno, lo inmutable y el tiempo de los hombres, y entonces la estructura escatológica pasa a articular, a definir el tiempo histórico, algo que antes no pasaba, pues eran dos tiempos separados. El tiempo de la salvación ingresa ahora en el tiempo del mundo, en el tiempo histórico, en el tiempo del quehacer de los hombres. Y los hombres, que antes actuaban según el libre albedrío, sin conocer los planes de Dios, ahora tienen que vérselas con esta idea de que actúan libremente, pero a la vez actúan en procesos que tienen esta estructura escatológica, metahistórica, pero que a la vez regula el quehacer humano.

Cuando más arriba mencionamos a la filosofía de la historia antigua, debimos precisar que nos referíamos a su versión cristiana y de ningún modo a su versión pagana. Esta salvedad es fundamental, ya que como bien enseña Löwith, para los griegos la expresión “filosofía de la historia” habría resultado un contrasentido. Tal como se consignó más arriba, la filosofía para los griegos se encargaba de lidiar con lo eterno, lo inmutable y lo imperecedero; y, por el contrario, la historia se las veía con la temporalidad cíclica de lo contingente. Por lo tanto, para el pensamiento clásico se habría tratado de una especie de oxímoron, un anacronismo de nuestra parte. Hay filosofía de la historia a partir de Agustín, para quien la estructura escatológica tiene que ver con la historia de la salvación, no con la historia del mundo.

Una vez que la secularización ha tomado su forma actual, esta división entre la temporalidad divina y la temporalidad mundana desaparece. Ya no podemos pensar en acontecimientos externos al quehacer humano. El pasaje del mundo ptolemaico al copernicano no sólo implica el alejamiento del cielo y la pérdida del encanto sino que, además, la historia, el tiempo, se temporaliza, es decir, se vuelve tiempo humano, tiempo del quehacer humano. La modernidad, entonces, al reproducir sin ser consciente de ello la escatología, la estructura escatológica que apunta hacia el futuro, que tiene fe hacia el acontecimiento futuro y en los procesos, es para Benjamin un problema.

Esto puede verse, por ejemplo, cuando Benjamin señala en sus tesis sobre la historia que los social demócratas alemanes, al igual que los fascistas, estaban fascinados por lo mismo: el devenir de lo nuevo, las promesas que deparaba la técnica. Si nosotros, dice Benjamin, seguimos fascinados con el futuro, vamos a ser derrotados por el fascismo. He ahí el caso de los movimientos vanguardistas como el futurismo, cuyos miembros que sobrevivieron a la Gran Guerra terminaron integrando el gobierno de Mussolini. Para Benjamin, la perdición del materialismo histórico se escondía en el peligro de quedar encandilado por la filosofía del progreso y por las posibilidades que prometía la técnica.

Para este pensador, una de las tareas fundamentales era asumir la estructura escatológica, teológica, de los discursos revolucionarios pero justamente para comprenderla y utilizarla a su favor. La teología es pequeña y fea, sostiene nuestro pensador, y nadie quiere hacerse cargo de ella, pero resulta fundamental.

Pensar la historia bajo la estructura de la escatología, y confiar en que ciertos procesos automáticos van a llevarnos finalmente (progresando) hacia la emancipación prometida por la ilustración, es un modo de trabajar para el fascismo, tal como le advertía Benjamin a Georges Bataille. Para ello, debemos acudir a un pensamiento diferente.

Si la escatología, como sostiene Agamben, piensa teleológicamente en el final de los tiempos, el mesianismo habla del tiempo del final. El mesianismo es la forma más radical de cuestionar la ley, y este modo encarnizado de cuestionamiento tiene que ver con una concepción distinta del tiempo. El mesianismo es un tiempo de la confusión, un tiempo carnavalesco, tal como lo describe la canción “fiesta”, interpretada por Joan Manuel Serrat.

Se trata de un momento de la detención y un momento de la confusión. Un momento en el sentido de que no sabemos si estamos ya frente a la presencia de la salvación divina, o todavía estamos en el mundo profano. Y como es justamente un momento de la confusión, caen todas las distinciones sociales, políticas: cae la diferencia entre hombre y mujer, la diferencia de género, cae las diferencias entre libres y esclavos, entre judíos y no judíos, entre romanos y no romanos, tal como lo afirma Pablo en un pasaje de su Carta a los romanos.

Según Agamben, el mesianismo es una figura incómoda tanto para el judaísmo como para el cristianismo, porque es una figura que pone en jaque la legitimidad de toda autoridad política. El mesianismo es anárquico. Y esto no es casualidad, porque se trata de la primera forma en la que se piensa el Estado de excepción, la suspensión de la ley, que no anula la ley, pero la suspende.

Además de suspenderla, el momento mesiánico (el momento de la redención según Benjamin) tiene que ver con el momento preciso en el que se nos hace legible la justicia que le debemos a los vencidos de las luchas pasadas. Debemos dejar de estar encandilados con la promesa de un futuro vacío, producto de un proceso automático de la historia, de una concepción automática y lineal y vacía del tiempo. En el tiempo mesiánico irrumpe y se hace legible repentinamente la reivindicación de los vencidos. Para Benjamin la historia, al igual que la moda, cita al pasado. La revolución francesa cita a la república romana. Rosa Luxemburgo cita a los esclavos liderados por Espartaco. Se da una cita en la historia, no entre la promesa del futuro que está por venir, sino una cita con el pasado y con la justicia que nos exige ese pasado.

Para Benjamin se trata de orientarse hacia el pasado, tal como lo hace el ángel retratado en el cuadro de Paul Klee. En la tesis 9, este ángel de la historia nos señala que el paradigma de la historia lineal nos muestra el progreso donde en realidad se encuentra la barbarie. El ángel de la historia mira hacia atrás y ve escombros allí donde nosotros creemos encontrar el progreso. Esta tesis va de la mano con otra idea famosa de Benjamin, según la cual todo documento de civilización es un documento de barbarie.

El mesianismo desconfía no sólo de la teleología de la filosofía de la historia y su estructura escatológica. También desconfía de la teleología de la acción emancipatoria de un sujeto iluminado. La eficacia de la acción va de la mano con la fascinación por la eficacia de la técnica. Benjamin no habla tanto de una acción sino más bien de que la redención, la rebelión tiene más que ver con dejar de hacer que con una acción eficaz.

Se trata de una crítica muy fuerte a la antropología moderna. Foucault advierte sobre la necesidad de tomar distancia de la idea ilustrada según la cual mientras más hagamos y mientras más sepamos, más cerca vamos a estar de nuestra emancipación. Foucault justamente subraya esta paradoja, que implica que los saberes que prometen nuestra liberación, nuestra mejora humanista, terminan siendo muchas veces dispositivos de disciplinamiento y de gobierno.

El mesianismo, insistimos, se asimila a la fiesta como detención, como suspensión tanto de la dinámica de gobierno y de dominación. Según Agamben, el mesianismo de Benjamin está más cerca de la idea de revuelta que de revolución.

Todas estas categorías políticas que se pretenden modernas y laicas, como la de revolución, la de futuro, son en el fondo profundamente teológicas.

La crítica mesiánica a dichas categorías es solidaria con ciertas ideas de la filosofía judía que recoge Borges en el poema sobre el Golem, donde señala el candor de los artificios del hombre. En todos estos casos, aparece un llamado a la desactivación y no a la toma del poder.

Podemos pensar quizás en la pandemia como un momento que pone en tensión esta escatología de lo inevitable. Reparemos en el diagnóstico de Mark Fisher, y en las voces marxistas que de algún modo coincidían en un punto con la tesis de Fukuyama. Si para Fisher podemos pensar el fin del mundo, pero no el fin del capitalismo, no podemos dejar de ver allí un acuerdo con la versión conservadora del fin de la historia.

En este sentido, la pandemia puede ser pensada como un momento mesiánico, ya que durante un instante se detuvo la maquinaria del capital (al menos se suspendió por un breve instante). Dice Benjamin en una de sus tesis: “Marx dijo que las revoluciones son la locomotora de la historia mundial. Tal vez las cosas se presenten de otra manera; puede ocurrir que las revoluciones sean el acto por el cual la humanidad que viaja en el tren, tira del freno de emergencia”.

La ecología política sostiene que no se puede pensar más en la idea moderna del crecimiento económico infinito, indefinido. La idea de un sujeto que desea sin ningún tipo de límites aparece tanto en Hobbes como en Freud. Quizás sea tiempo de pensar que las desigualdades económicas y las violencias políticas no deben ser enfrentadas con las herramientas que más las han alimentado: la idea de que la productividad plena traerá la novedad redentora, el imperativo incuestionable de desarrollar todos nuestros talentos y capacidades, la esperanza en la tecnología que finalmente nos emancipará y nos unirá.

Pues bien, el momento mesiánico es claramente solidario de esta detención carnavalesca de la productividad. La redención tiene la forma de la fiesta religiosa, en la que la comunidad suspende sus tareas cotidianas y repetitivas y se permite el ocio improductivo compartido por todos sus miembros, sin distinciones. Ni imperativo tecnológico ni imperativo de la acción.

El pensador decolonial Walter Mignolo sostiene que la fascinación por la novedad, la esperanza del advenimiento de lo nuevo y la confianza en su carácter emancipatorio que encontramos en la filosofía de la historia hegeliana o marxista, no es más que la reposición del anuncio de la buena nueva que se narra en los evangelios.

Benjamin insiste en dejar la moderna y vieja obnubilación por la novedad y en volvernos hacia nuestros muertos. Se trata entonces de la memoria de los vencidos, de los que lucharon. La revuelta se juega en la justicia por los que ya lucharon y cayeron y no en la promesa de una utopía escatológica.