8M. La potencia feminista en clave histórica

Gisela Figueroa, Tania Corsetti y Luisina Agostini (Docentes de la UNR / Proyecto “Género y Trabajo. Abordajes feministas a estudios de caso en la historia reciente santafesina”)

Si bien la conmemoración del 8M viene desarrollándose de manera sistemática desde hace tiempo, y en los últimos años ha tomado un ritmo más intenso, los orígenes de esta celebración obedecen a una multiplicidad de hechos que deben articularse y leerse en contexto.

Yendo para atrás en el tiempo, el 8 de marzo de 1908 murieron 129 obreras de la fábrica textil Cotton de Nueva York. Sobre este hecho existen versiones contrapuestas, por un lado que fue resultado de un incendio provocado por el dueño de la misma en represalia a la huelga que habían iniciado, y por otro que el fuego fue producto de un accidente laboral cuya extinción fue muy dificultosa debido a que las puertas de la fábrica permanecieron cerrada como modo de prevenir robos. Más allá de cuáles fueron las causas reales, dicho acontecimiento constituyó un suceso trascendental en la historia del trabajo y de la lucha sindical y desató toda una serie de acciones que culminaron con la decisión de celebrar el Día Nacional de la Mujer el 28 de febrero de 1909 en Nueva York.

Al año siguiente, se celebró la Conferencia internacional de Mujeres en Copenhague. Allí la socialista alemana Clara Zetkin, líder del movimiento socialista de mujeres, propuso establecer un día de conmemoración, probablemente tomando como referencia las acciones que ya venían desarrollando las socialistas estadounidenses quiénes festejaban el “Women’s Day” como forma de reivindicar el voto femenino.

Si bien la decisión de establecer un día para conmemorar el Día Internacional de la Mujer era inobjetable, las fechas elegidas por cada país no coincidieron en un principio. La confluencia de dos factores hizo que el 8 de marzo pasara a constituir la fecha elegida a nivel internacional para la celebración. Por un lado, la decisión de las socialistas alemanas de tomar dicha fecha, y por otro el levantamiento de las mujeres rusas que tuvo lugar el 23 de febrero de 1917 según el calendario revolucionario, siendo el 8 de marzo en el calendario occidental. Más cerca en el tiempo, la ONU declaró oficialmente el Día Internacional de la Mujer en 1977, dándole un carácter oficial a una conmemoración que ya venía ocurriendo desde hacía tiempo en muchos países del mundo.

La consigna “Ni una menos” apareció por primera vez en Argentina a mediados del 2015 como forma de repudio a los femicidios, la forma más extrema de la violencia machista, y se materializó en una movilización masiva que inundó las calles, para luego extenderse a otros países de Latinoamérica y del mundo.

La fuerza del movimiento feminista fue penetrando cada vez más hondo en los partidos políticos y en las organizaciones sociales y sindicales, sacando a la luz las desigualdades ocultas durante años resultado de los acuerdos históricos que sus miembros varones venían sosteniendo. Como resultado, en 2017 se creó un Frente sindical que llevó a cabo el primer Paro Internacional de Mujeres donde participaron 55 países, interpelando todas las formas de explotación, racismo y crueldad, reivindicando la vida y demostrando que podían lograrse acciones coordinadas a escala global.

Las demandas que nutrieron las diferentes acciones desplegadas en el marco de la lucha feminista fueron diversas en función del contexto social y epocal en el que se expresaron, y en consonancia con la experiencia vital de quiénes encabezaban esas luchas. Mientras que en sus inicios el derecho al voto, a ocupar cargos de gobierno, a la educación y al trabajo productivo formaron parte de la agenda feminista, en los últimos años se sumaron otras demandas vinculadas a terminar con la violencia machista, como la lucha por la aplicación real de la Ley de Educación Sexual Integral para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra las mujeres, y además se libró una batalla incansable para garantizar condiciones de aborto seguro, legal y gratuito.

Los tiempos neoliberales tienen la particularidad de levantar banderas individualistas, meritocráticas y sexistas. En contrapartida, las tramas sociales tejidas por las mujeres en diferentes espacios barriales, laborales, públicos, privados, virtuales y presenciales para sostener y sostenerse en contextos de vulneración de derechos, de violencia machista y clasista agudizados por la pandemia, son las que batallan cotidianamente por el cumplimiento de los derechos adquiridos y por los nuevos a conseguir mediante la lucha colectiva. Resultado de esa agencia feminista es que las demandas cotidianas se organizan, se militan y se transforman en políticas públicas y agitan el tiempo neoliberal instalando discursos y agendas diferentes. Por ejemplo, la marea verde en Argentina resultado de la lucha constante durante 15 años de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito reclamó el tratamiento de la ley y festejó la concreción del derecho. 

No decimos que siempre los problemas cotidianos de las mujeres se traducen en legislación protectora ni en políticas públicas, decimos que es posible que eso suceda, no porque formulemos una propuesta esperanzadora y romántica de la militancia sino porque se han multiplicado las redes femeninas, las voces que ya no se silencian y los cuerpos que ocupan las calles, visibilizando que ya no es posible seguir reproduciendo el patriarcado. Como expresa nuestra canción “Ahora que somos muchas, ahora que sí nos ven, abajo el patriarcado se va a caer, se va a caer”