Un largo adiós

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Por Mónica Billoni

Es profesora honoraria en la Facultad de Humanidades y Artes y en la de Ciencia Politica y Relaciones Internacionales de la UNR y Prof Titular en la Facultad de Humanidades y Ciencias de la UNL. Su área de especializacion es la Teoria Politica. Le pedimos una opinión sobre La Favorita y su significación en la cultura cotidiana de les rosarines y nos ha concedido el gusto de escribir unas líneas. Mientras prepara un artículo sobre la importancia de la novela policial para los cientistas sociales, nos ofreció esta pequeña semblanza

La Chicago argentina le decían, ciudad fenicia, también; genovesa y, muchos años después, catalana. Hacia las décadas del  50 y el 60, el pasado mafioso y prostibulario ya era un recuerdo. El presente, en cambio, era comercial, laborioso y pujante. Una esquina del centro era especialmente representativa: Córdoba y Corrientes: cuatro cúpulas magníficas como remate a  los edificios de sus ochavas  y el inicio del recorrido cuando se salía de tiendas. 

 Pero el corazón del centro habitaba en otra esquina, un poco más allá. Frente a la joyería Escasany, con sus relojes que daban la hora en simultáneo de las principales ciudades del mundo, se alzaba el imponente palacio de La Favorita, coronado también por una espléndida cúpula y adornado por unas vidrieras (escaparates , dirían en otras latitudes) enormes como casas que se abrían a la vista del público en ele y mostraban , de acuerdo al buen gusto y la inteligencia de quien las armaba,  las mercancías más apetecibles. Salir a “mirar vidrieras” era todo un paseo para quienes no disponían de demasiados recursos económicos pero se conformaban con estar al día de la moda y el buen vestir gracias a esos – y algunos otros- escaparates  que se ofrecían a la vista de cualquier paseante.

 Una familia de origen español y de apellido tan común que se hacía chistes con él, los García, eran los dueños. Los inventores y sostenes de  tan lucrativo como atractivo negocio. Los snobs, que nunca faltan, al referirse a alguien importante de apellido García, aclaraban: “de los García de La Favorita”.

 Célebres eran, en esas décadas, los famosos días de “restos”, durante los cuales las mujeres rosarinas podían llegar a pelear a brazo partido por un corte de tela y a apretujarse y pisotearse sin miramientos en la entrada o ya adentro de la tienda. La calidad de lo que allí se vendía y la importante rebaja en aquellos apreciados artículos merecían la pena. 

En los 70 y en los 80, La Favorita fue agregando rubros y convirtiéndose en una verdadera tienda de departamentos. Una galería comercial con su mismo nombre se abrió en sus adyacencias. Frente a ella, el cine Radar ofrecía aún su amplio hall de entrada para que los rosarinos realizasen las espontáneas tertulias que los sábados a la mañana tenían lugar en la zona entre amigos que se encontraban sin cita previa.  El ritual de los sábados a la mañana, cerca de mediodía, era cumplido por la clase media rosarina con puntualidad casi religiosa. 

Los 90 trajeron la decadencia y el traspaso a la firma chilena Falabella. ¡Nada menos que chilenos!¡ Esos carteristas! Así exclamó la xenofobia local. Algunas rosarinas se negaron terminantemente  a llamar a su querida tienda  con otro nombre. Para ellas, siguió siendo por siempre “La Favorita”. Otras, más extremas aún, se negaron a entrar a Falabella, lo consideraban una profanación. Y a muchas, sinceramente, el nuevo negocio no les gustaba.

A diferencia de entonces, lamentamos hoy el  cierre del establecimiento chileno no porque haya calado hondo como el que lo precedió sino por el desempleo y el  testimonio de decadencia que supone. Pero hay otra razón que sí tiene que ver con los afectos ciudadanos: la esquina, el hermoso edificio, las persianas bajas. La escasa perspectiva de inversiones, el triste ejemplo del  Harrods porteño. Todo eso entristece, hiere la identidad rosarina, asesta una puñalada simbólica a la ciudad junto al río marrón.

Entrevista: Paulo Menotti

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En ocasión del lanzamiento de su último libro, llamado “Un faro de luces y sombras” por la Editorial Último Recurso, dialogamos con Paulo Menotti

¿Cómo llegaste al tema? ¿lo encontraste vos? ¿o el tema “apareció”?

Llegué al tema de la militancia comunista y sindical en el frigorífico Swift porque me invitó Jaskel Shapiro a escribir la historia de Ramón Zarza y del triunfo de la Lista Marrón. Hice una investigación para el Seminario de historia general de la carrera de profesor de Historia y después, muy entusiasmado con la historia oral, intenté darle un giro más a esa cuestión. Desde un comienzo, mi idea era hacer una larga lista de entrevistadas y entrevistados pero no conseguí a mucha gente dispuesta a darme su testimonio. Mientras tanto, tenía los testimonios de Shapiro, Zarza, Pedro Covalcid y unas memorias escritas de Santiago Simón. Tras leer el libro Doña María, de Daniel James, me pareció oportuno hacer un estudio, una lectura profunda de estos testimonios. Sin embargo, no quería que fuera únicamente un estudio de historia en clave cultural, de análisis del discurso solamente y por eso decidí inscribir sus relatos en la historia del frigorífico Swift, de los barrios Saladillo (Rosario) y Pueblo Nuevo (Villa Gobernador Gálvez), de la militancia comunista, de las organizaciones sindicales y de la política local, provincial y nacional.  

¿Llegaste por la historia oral, o tenías la idea y la historia oral te dio las herramientas para armar el trabajo?

La historia oral me dio herramientas para analizar y comprender mejor muchas cosas. Por ejemplo, una investigación a partir de la historia social me podría haber nutrido de datos y los documentos periodísticos o de otra fuente, me brindaron información como el reclamo de la “garantía horaria”, es decir un sueldo mínimo para trabajadores y trabajadoras del frigorífico Swift. Esto es que, en el frigorífico a veces entran más o menos animales para faenar. Si no había muchos, la empresa tomaba menos gente y por menos horas. Hasta ahí es un dato. Sin embargo, Covalcid contó lo que le pasaba a su madre cuando iba al frigorífico y no había trabajo o se empleaba por poco tiempo. Lloraba en silencio porque no tenía con qué alimentar a sus hijos. La historia oral me permitió conocer eso que podría haber pasado como un dato más pero me costaba pensar la importancia del reclamo que hacía la Lista Marrón. 

¿Podrías hacer una breve descripción de la importancia del Swift en la zona sur / Saladillo?

El frigorífico Swift es muy importante para la zona sur de Rosario y para Villa Gobernador Gálvez. Cuando se instaló y generó trabajo para entre mil y tres mil trabajadores en la década de 1920, fue el centro productor de empleo más importante de estas ciudades. Claramente, su instalación cambió la fisonomía del barrio Saladillo que había sido pensado para la clase alta y terminó alojando a obreras y obreros. Diego Roldán lo definió muy bien y yo tomé esa idea con la frase que también siguen repitiendo algunos de sus pobladores cuando expresan “con el olor se fueron los ricos”. Lo cierto es que se empezó a poblar por inmigrantes de Europa del Este, griegos, italianos, correntinos, etc., de la clase obrera. Haber trabajado en el Swift –o que algún pariente haya trabajado allí- y ser descendiente de inmigrantes, son marcas identitarias que marcaron a esos barrios y que se están perdiendo. 

¿Esa importancia “tracciona” las posibilidades explicativas de tu trabajo para dar cuenta de un proceso más general?

Algunas de estas características de la identidad obrera y barrial explican o están presentes en este libro pero más que nada la memoria de sus pobladores que recuerdan las décadas de 1940 a 1970 como periodos de esplendor de la empresa y del movimiento comercial y social que generaba en el barrio. “No hacía falta ir al centro”, es la frase que sintetiza ese recuerdo pero también el orgullo de ser trabajadora o trabajador del Swift, de las posibilidades que eso les generaba. Eso está implicado en un proceso más general que tiene que ver con la industria de la carne en nuestro país. Podríamos periodizar que desde sus comienzos, que llegaron con mucho retraso a Rosario, en 1875 a 1940 se vivió un esplendor de exportación con destino a Inglaterra. Entre 1940 y 1960 predominó el mercado interno y la empresa se ocupó de eso ampliando sus productos, por ejemplo los más recordados son el aceite La Patrona o las barras de hielo. Desde los 60 en adelante se inició un declive del capital extranjero y su retirada. El Swift de Rosario hizo un último intento en los 60 ampliando la producción a productos enlatados o cerrados al vacío pero en los 70 fue protagonista de una gran crisis del caso Deltec, cuando la empresa fue vendida a financieras que la llevaron a la quiebra. A pesar de todo, el Swift Rosario sobrevivió y fue reorganizado en los 90, su estructura de producción que se hizo más automatizada. Eso se traduce a que la empresa, mejor dicho las obreras y obreros del Swift dejaron de tener incidencia en los barrios. 

¿Creés que ese trabajo puede replicarse a otras zonas de la ciudad y a otras unidades productivas?

Este trabajo de investigación podría ser pensado para otros lugares, otras fábricas de la ciudad que tuvieron una relación con la comunidad que los rodeó y con las memorias de sus barrios. Barrio Acindar, por ejemplo. O en la ciudad de Pérez y el taller ferroviario. Lo que me motiva y me gustaría que incitara a historiadoras e historiadores es indagar en la conciencia de la clase trabajadora, en sus marcas identitarias. ¿Por qué las nuevas generaciones no se ven como trabajadores o trabajadoras?

¿Qué cosas te sorprendieron a vos mientras escribías el libro?

Lo que más me sorprendió al investigar este tema y al tratar de recabar testimonios fue el vacío con el que me encontré. Los comunistas si quisieron hablar pero la dirigencia sindical de la carne no tanto. Los que menos quisieron contar algo fueron los habitantes de esos barrios. Tal vez pensaron que sus relatos no eran importantes pero a mi se me ocurrió que había situaciones traumáticas que produjeron silencios. Me cuesta determinar cuál fue ese proceso histórico y las pistas que tengo apuntan hacia la actividad terrorista de la dictadura militar, o los periodos de crisis de la empresa en los que aparecía el fantasma de la desocupación.