Macri para historiadores

Destacado

Pablo Ernesto Suárez (Publicado originalmente en Rosario/12)

Nos guste o no el sentido en que las políticas del gobierno de Macri transformaron al país, no caben dudas de que se dejaron un país distinto. No sólo cambiaron el país tangible de las estadísticas, sino también el país hablado o pensado, a partir de algunas de las significaciones socialmente compartidas, o imaginarios sociales que desató.

En el primer aspecto se puede señalar rápidamente: apertura indiscriminada a los mercados, desindustrialización, desempleo, reprimarización productiva; en el segundo el pastiche “filosófico” compuesto por una mezcla de emprendedurismo, racismo y unas dosis no menores de ese subgénero de la literatura de shopping que es la filosofía de autoayuda junto con algunas presencias doctrinales tipo “arte de vivir” que puede leerse y escucharse en cada discurso oficial.

Como algunas ranas o batracios, los historiadores tenemos la lengua larga. Y aunque  nuestros detractores estén pensando en otra cosa, me la juego por este sentido de la analogía: en muchas charlas cotidianas los historiadores -los que tienen una vida fuera de la academia, claro- estamos quietos, callados con los ojos semicerrados esperando que un objeto de nuestro interés se pose al alcance de nuestra lengua. Y cuando eso ocurre ¡zas! lanzamos el chicotazo y capturamos el tema en nuestras fauces y lo masticamos frente a la audiencia que mira sorprendida. Una vez deglutido el tema, volvemos a nuestros Braudeles, Hobsbawms y Halperines, hasta que otro tema entre en zona de alcance. Y es más o menos así como justificamos nuestra presencia en las reuniones sociales.

Pero atenti, colegas, el gobierno de Macri nos presentó una agenda con la cual los historiadores podemos dialogar, y a la cual podemos tomar como herramienta para instalar on topic nuestros embolantes temas de siempre: la larga duración, los procesos, el “es más complejo”, o “esto es igual a coso”

Todavía no sabemos a qué es igual, (las cosas tienen movimiento), pero nos interesa destacar algunos de los temas afines a la disciplina histórica que han sido instalados en el centro de la escena en estos años, para que los historiadores demostremos de una vez que lo que estudiamos está efectivamente relacionado con la realidad.

Pero como siempre “es más complejo”, realizaremos una enumeración que evite la asociación directa con el período menemista. Que remita a un “más lejos” para eludir el ataque que consiste en decir que estamos politizando la cosa.

La vida personal.

El mismo personaje Mauri es un tópico caro a los historiadores por cuanto su trayectoria de vida es muy paradigmática del siglo XX argentino. Su novela familiar, incluye como si fuera un ejemplo de manual (una vara de lienzo, ponele), a personajes que encarnan un proceso social o en sí mismos. Su padre es un inmigrante italiano, -una macana que no haya sido pobre, sino seria el modelo perfecto- se casa con una joven (dije joven: 15 años contra 28 de Franco) hija de una familia de alcurnia, pero venida a menos de la provincia de Buenos Aires. Nacido en ese próspero entorno y a la sombra de los negocios de su padre que se multiplicaron lindo durante la dictadura, hizo pareja con modelos y niñas ricas de su ambiente, y hoy el destino lo une a la portadora de otro destino icónico: la hija de un empresario sirio, con una empresa familiar dedicada ¡a la indumentaria!

Tags: empresarios, matrimonios por conveniencia, jet set, burguesía, diversificación por matrimonio, contratistas.

La conquista del desierto

El desafortunado orador Esteban Bullrich es el ejemplo más claro de alguien que leyó el índice sin leer el libro. Por eso habló de una “Segunda Campaña del Desierto”, que esta vez sería con la educación, y no con la espada como su predecesora. A su manera, creo que quiso decir “¿ven que no somos tan malos? Entre las dos opciones elegimos la más cool”.

A favor de Tebi podemos decir que él ignora por completo lo que pasó en la primera: está clarísimo que cualquier alumno de los nuestros hubiera mencionado el Remington y no la espada. Pero el tema tuvo su instalación en la prensa, y ahí se abre una puerta del “upside down” para que dejemos nuestro mensaje esclarecedor.

Tags: Conquista del desierto, genocidio, Sarmiento, Patagonia.

Identidad de los mapuches

La desaparición forzada y posterior asesinato de Santiago Maldonado a manos de Gendarmería, desató mil debates en la sociedad argentina, muchos de los cuales remiten a la historia -siniestra- más o menos reciente. Pero les propongo elegir el tema de la nacionalidad de los mapuches. ¿Cuándo volverá a abrirse la agenda para que hablemos de las comunidades que habitaban la Patagonia antes de la/s conquista/s? Lo veo difícil. En esos días mucha gente estaba ávida por creer que los mapuches (chilenos) habían atacado a los tehuelches (argentinos) y estaban más preocupados por los los tehuelches del siglo XIX que por el Maldonado de 2017.

Que en todo nuestro nordeste y Paraguay -mucho más cercano a nosotros- se hable el guaraní no movilizó ni una neurona de muchos de nuestros dialogadores de almacén, que soñaban con ver a los mapuches fuera de Argentina y a Chile fuera del mundial.

Tags: mapuches, tehuelches, fronteras, Patagonia, exterminio, migraciones, pueblos originarios, traidores (?)

El 2×1 a los genocidas

Cuando muchos creíamos que había un consenso firme y asentado respecto de lo apropiado de la cárcel para que vivan su resto de vida los genocidas de la última dictadura cívico militar, el intento de la Corte Suprema (respaldada por Avruj) de aplicar la ley de 2×1 en beneficio de condenados por crímenes de lesa humanidad, nos recordó que la historia nunca se consolida en un lugar fijo. Y aunque muchos historiadores disfruten holgando en el pasado inofensivo, éste puede salir de su escondite y exigirnos opiniones comprometidas respecto de temas de alta densidad. Otra vez a hablar de crímenes aberrantes, otra vez a decir “nunca más”, cuando ese pleito ya estaba liquidado.

Tags: genocidio, dictadura, justicia, complicidad.

La deuda externa

Este tema es distinto. Porque si bien es añejo, cada tanto los gobiernos argentinos se deliran en deudas impagables que generan enormes negocios especulativos para algunos. A diferencia del ítem anterior, nadie creyó que ya estaba liquidado y resuelto. Pero si somos originales, podemos hablar de los hermanitos Baring. Sobre todo por un asunto táctico: si elegimos una referencia cercana estaríamos po-li-ti-zan-do la charla y eso no le gusta al gran pueblo argentino salud! Entonces, si hablamos de deudas, hablemos de Rivadavia y el largo sufrimiento del pueblo argentino, sangre, sudor y lágrimas, Earth wind & Fire y todo lo que costó pagar esa deuda. “¿siglo XX? ¿Menem? no sé de qué me estás hablando, yo manejo todo lo que es siglo XIX”. Mostrarnos alejados, puede acercarnos.

Tags: deuda externa, hasta las manos, entrega, colonia, Rivadavia y Baring Brothers

La sociedad Rural en el ministerio de Agricultura

Vos sabés que esto me suena… para que me fijo en el libro de Rock… o en el de Botana, o en el de Sábato. Pará… aca tá. Sí es increíble. Las otras dos veces que un capo de la SRA había sido Ministro de Agricultura, había sido la época bien específicamente de garcas… Uno justo en la época de Roca (sí, el de la primera campaña del desierto) y el otro durante el fraude patriótico. Zarpadas coincidencias. En este caso, con hacer la plancha y tirar un par de imágenes en blanco y negro es suficiente…: gobiernos de ricos, el pueblo no votaba, todos los muñequitos esos de galera y levita, Peña es Peña Braun, Bullrich es Bullrich Pueyrredón, Pinedo es Pinedo y todo así. Dejalo fluir, acompañá la charla y se entiende enseguida.

Tags: garcas, vacas, trigo, tractores, fraude electoral.

Es así, queridos amigos. Muchas veces nos cuesta meter los temas, porque la agenda esquiva nos esquiva. Pero ese gobierno y su pretendido discurso de mirar hacia adelante y hacer tabla rasa del pasado, nos confrontó a cada momento con algunos temas de la historia argentina que parecían olvidados (¡incluso increíblemente omitidos en los mismos programas de las carreras!).

Te cambio la analogía: pensemos a la historia como si fuera un perro. Algunos se la compran de raza, la alimentan con balanceado, la peinan y la lucen en exposiciones siempre con bozal de diseño. Saquémosla a pasear, llevémosla al parque a que corra un rato, se revuelque en el barro y cada tanto, se eche una meadita en un árbol, para marcar territorio.

Sobre el significado histórico de la experiencia macrista

por Sebastián Merayo

Armen un partido y ganen las elecciones” CFK (2011)

Uno de los aspectos que trae, a modo de novedad, la posibilidad de pensar los cuatros años del Gobierno macrista es empezar a desandarlo a partir de aquella frase que la entonces presidenta Cristina le destinaba al holding empresarial Techint, de Paolo Roca, en una de las tantas disputas políticas del gobierno con los grupos empresarios.

Lejos de los chistes que propios, extraños y ajenos hicieron de esos dichos, no es cualquier frase, puesta en perspectiva histórica forma parte de los elementos centrales de debate, contradicción y conflictos por los que el sistema político democrático en Argentina sigue y seguirá sin resolver. La frase no fue para un sector de la política paradójicamente sino para los grandes grupos empresarios.

Las intenciones de sectores que por un lado intentan recuperar el protagonismo estatal en la agenda de un Capitalismo en modo nacandpop frente a un liberalismo imposible, trágico, revanchista y por sobre todo las cosas desprolijo desde el punto de vista del Liberalismo (con mayúscula) es la descripción mas general de este esquema democrático hoy en nuestro país.

El primer elemento de significación histórica del gobierno de cambiemos es la novedad que trajo a la vida política el triunfo en las elecciones. En términos históricos, es interesante pensar que un sector que no necesitó de ningún plumaje, o peronista como en el 89 o progresista como en el 99, gane en términos democráticos con Macri dirigiendo la batuta luego de 12 años de gobierno kirchnerista.

En definitiva, ese elemento llamativamente ‘novedoso’ es lo que nos sacude e invita a (re) pensar la idea de democracia o del régimen democrático en Argentina. Porque pareciera ser que así las cosas estamos ante la proyección ‘democrática’ de aquella propuesta de Portantiero de ubicar el drama político bajo la idea de un empate y la imposibilidad, en tanto permanencia, de constituir un modelo hegemónico desde las clases dominantes en Argentina. Ese ideal activa en determinados momentos el comportamiento oscilante de diversos actores sociales que como las Centrales sindicales o la pendulación de los sectores medios varía según el ‘clima’. Amén de los sectores de las izquierdas y los movimientos sociales que se mantienen siempre en alerta.

Existe una amplia bibliografía para pensar en la influencia que los grandes medios de comunicación tienen sobre estos aspectos ideológicos y en la construcción de discursos del sentido común. Pero también deja de ser novedad que las derechas liberales gobiernen cuando los gobiernos populares no avanzan (porque no quieren o no pueden) en la posibilidad de constituir elementos que lleven a la participación social, sindical, a una idea cierta de democracia radicalizada, a incorporar los reclamos de los movimientos políticos de mujeres y de la diversidad, a dejar de ubicar solo en el consumo la clave de la inclusión, etc.

Los cuatro años macristas confirman la incapacidad para gobernar de estos sectores, el desconocimiento del laberinto estatal y su poca vocación democrática. La brutal fuga de divisas, el endeudamiento, la represión, los presos políticos, la justicia puesta al servicio de un gobierno que hizo uso y desuso a su antojo se chocó de frente con la ‘unidad’ del peronismo. Ese acelere en su utopía del desguace estatal vuelve a poner sobre la mesa la idea de una democracia posible que se alimenta de tales contradicciones bajo una estela tan amenazante como inconclusa.

Sobre el significado histórico de la experiencia macrista

Destacado

por Javier Trímboli

La cuestión de los “cortes” en la historia, se sabe, es siempre ardua. Esquiva y equívoca. Inevitable añadir, porque al menos así parece, que lo es aun un poco más en la historia argentina, en su experiencia. Decimos esto en el último tramo de julio de 2020, cuando la pandemia pone ante los ojos escenas inimaginables hasta hace apenas unos meses y nos involucra en situaciones cotidianas que suponíamos reservadas a las películas distópicas. Entre paréntesis: desde ya que este corte tampoco es limpio, quirúrgico; sin ir demasiado lejos, zoom -o sus variantes- y el e commerce ya existían desde hace rato, al igual que wasap, motivos entramados que nos ponen cerca de confirmar aquello que señalaba Marx, que “la humanidad sólo se plantea tareas que puede resolver”. Ahora bien, aunque fuera furiosamente nuevo el mundo que ya empezamos a conocer, en nuestras particulares coordenadas sudamericanas seguiremos en desacuerdo al viejo estilo. No es una mistificación, no es mero imaginario, tampoco es capricho del orden caricaturizado del relato. Tiene efectos prácticos, incluso contantes y sonantes. Desacuerdo, por ejemplo, alrededor del peronismo. Y, no obstante sean legión los que prefieren tratarlo como un accidente, el peor que padecimos, en su nombre zarandeado se anuda un montón de historia previa, de la más visible y de la invisibilizada, toda una sensibilidad. O todo por dos, justamente ése es el problema: en plan reivindicativo, amoroso, o de defenestración. El macrismo, claro, articuló a esa legión que sobre todo se constituye como tal en la trabazón con los medios de comunicación, pues a través de ellos se expresa y amplifica.

En la prosa específicamente argentina una y otra vez se ha pretendido protagonizar una ruptura, iniciar algo radicalmente nuevo y que, por lo tanto, entierre bien enterrado a lo que se quiere dejar atrás. A una cosa o a la otra. Al caudillismo, a las minorías y sus privilegios, al desierto, a la oligarquía, a las dictaduras, al neoliberalismo; por supuesto, al peronismo. Esto no ha funcionado. O pocas veces, muy pocas, logró sus cometidos, para dejarnos ante un desteñido de todas esas presencias, las de siempre. El macrismo se calzó, eufórico, el traje de lo nuevo que por fin con él advendría, al punto de que buscó desprenderse de toda filiación histórica. Pero se enchastró. Una heterogénea fuerza, más social que política, puso un poquito de arena para que así fuera, para que fracasara en su gestión de gobierno. Porque básicamente se enchastró sólo, lo que corrobora incapacidades heredadas o indica que el experimento, en lo que tuvo de debut, precisa de ajustes. Aunque algo más reducida, esa misma fuerza ni por un momento dudó que la voluntad de corte del macrismo obraba en el sentido más… ¿reaccionario o, al revés, moderno? Es decir, ¿frenando las tendencias más anónimas y a la vez determinantes de la época, sino de la historia, o en esa dirección, alentándolas? Como sea, con plena certeza de que buscaba profundizar todo lo que el mundo atrapado por el capitalismo tiene de inhumano -o de lo peor de lo humano-, que pretendía destripar, para volverla figurita tan tonta como cruel, a la idea y a la práctica de una patria. Pero nos complicamos: porque si bien no fue reelecto y rápido tuvo que abandonar la Casa Rosada y Olivos, también la residencia de La Plata que nunca habitó, en poco tiempo y sin genocidio produjo un tendal de desastres dificilísimos de componer, empezando con lo económico con sus tantas implicancias. O sea, el macrismo no fue el corte que quiso ser pero tampoco es un simple bache en una autopista que, en la invitación que me hacen a escribir estas líneas, llaman “populista”. Aunque sea otro problema, tampoco sabemos muy bien a dónde conduce, cosa que tendremos que conversar. Tentados estamos de reflotar lo del “empate hegemónico” pero, sin ser en sí mismo un dato halagüeño que exista tal cosa, sería confuso acudir a esa figura, como si estuviéramos salteando algunos capítulos de la historia que siguió a cuando se la propuso con tanto éxito. O lo de la “larvada guerra civil” que, escribía Halperin Donghi, se había iniciado en 1930 y auguraba -corrían los primeros sesentas- no iba a quedar más que topar contra la pared del callejón….

Santiago Cafiero, apenas unos días después de las P.A.S.O. de agosto del año pasado, daba esta definición: “Apetencias de consumo de mayor nivel. El macrismo es producto de ese aspiracional de consumo. Macri y Awada andando en bicicleta por el Centra Park. Esa foto es un anhelo en toda la zona conurbana, no sólo de la provincia de Buenos Aires, sino del gran Mendoza, del gran Rosario, etcétera.” Una entrevista en la revista Crisis. ¡Qué linda la politología y sus análisis! El kirchnerismo había hecho posible una calidad de vida, incluso en áreas conurbanas, que en 2001 no localizaba ni el radar más optimista; el macrismo prometió llevarla un poco más allá, bicicletas en el Central Park. Un nuevo horizonte con el que el kirchnerismo ya no se conjugaba bien, o virtuosamente como se gusta decir. Después de las elecciones de 2017 esto se desbarranca, por lo tanto la aspiración pasa a ser otra, más modesta, retrocede escalones y ahí se apela nuevamente al peronismo. ¿Será acertado lo que diagnosticaba quien unos meses después pasaría a ser jefe de gabinete del presidente Alberto Fernández? La impresión es que no le falta razón, al menos una buena pizca, lo que no morigera las ganas de pegarse un corchazo, pues si la política se ha convertido en el arte de vehiculizar de mejor forma el deseo de llegar al Central Park, estamos más complicados que lo imaginado. O estábamos, porque la “gran manzana” se alejó un poco más, un montón. Pero se trata de otra cosa. Macrismo más o menos explícito, o como se lo llame, por todo lados. Por lo tanto, decidimos mantenernos en pie con argumentos que se escapan a este razonamiento de Santiago Cafiero politólogo. Si no se lo puede ignorar, manteniéndolo a raya.

Por otra parte, aunque la crisis prepandemia -convendría no olvidarla- había limitado a diestra y siniestra “el aspiracional de consumo”, los votos y la adhesión que concitó el macrismo no mermaron ni por asomo en la misma proporción. Obvio de toda obviedad: el 40 por ciento cosechado en las elecciones últimas jamás se podría explicar por los beneficiados económicamente. Alain Badiou, que se resiste a hablar de neoliberalismo, remarca que el “deseo de Occidente” configura una subjetividad expandida, tautológica, nihilista. “El deseo de Occidente, a saber, la idea de que no hay otro objetivo en el mundo más que encontrar un lugar -el mejor lugar posible- en este agenciamiento del capitalismo globalizado”. Oscila: afirma que es una subjetividad poderosa pero también que es la liquidación de toda subjetividad. Es una mezcla de apetencias de consumos, defensas de libertades que no son mucho más que salir a correr y a vitrinear, como dicen en Chile; o manifestar odio frente a los planeros, ignorantes, delincuentes. Y contra los políticos, corruptos. Una idea de la república que si existió en el siglo XIX no fue en el nuestro, aérea como decía Bolívar. Badiou es más conciso, incorrecto también: con Occidente se remite a las sociedades liberales que apuntalan “modos de vida que permiten a las personas hacer lo que quieran, en un cierto orden de ideas: la liberación sexual, el reconocimiento de las minorías, el parlamentarismo, las elecciones, todo eso.” (Acerca del fin. Conversaciones) Viene bien que se resista a hablar de neoliberalismo porque lleva a recordar que en este rincón austral de América Latina, ese “deseo de Occidente” no es nuevo, fue poderosísimo entre las elites del siglo XIX, como fuga de una realidad hostil, como fabricación e implantación de un ideal que la niegue. El mundo como un espacio limpio, higiénico, pulcro, sin dolor. Mientras no sea así, rienda suelta a la violencia -de un tipo, de otro, de ambos- contra los que impiden la realización de ese deseo.  El macrismo fue la fórmula que encauzó en el terreno político a un movimiento de masas que liga a las clases más beneficiadas fundamentalmente con las clases medias en todos sus estratos. Movimiento que lo antecedió y que, si él se desmorona como arquitectura política, lo sobrevivirá. Si hay una novedad, entendemos que la hay, radica en esta situación que hizo posible que empresarios exitosos, CEOs, apellidos de alcurnia llegaran al gobierno sin recurrir a un golpe de Estado. El macrismo articuló el “deseo de Occidente” en la conjugación de masas que viene tomando forma desde las últimas décadas del siglo pasado. La pesadilla del kirchnerismo fue su último golpe de horno. La impresión, lo confirma una nota de La Nación de estos días que vuelve a la carga con la “fuga” de argentinos que no soportan los fracasos a los que se ven condenados en su país, es que ni siquiera la muy crítica hora que vive “Occidente” desalentará a esa posición que ya no es de minorías. Si a la crisis se la afronta con más capitalismo, barroco y a la vez puro, más goce encontrarán.