(Una) Guía para periodizar la historia del agro pampeano

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POR MIGUEL CATALÁ

En el campo argentino de la región pampeana, donde no todo es lo mismo, las relaciones sociales y económicas de producción no tienen pasado ni futuro. Están en un eterno presente. Hubo sí cambios en la tecnología, devenidos, a su vez, de dos vertientes: una la experiencia de los agricultores que diseñaba, probaba y  corregía diseños de maquinaria y estrategias para combatir plagas e inclemencias climáticas, otra la inventiva industrial que pensaba artefactos, productos químicos, experimentos biológicos y  sistemas que se pudieren aplicar al aumento en la cantidad y calidad de los granos  y ganados.

Nos serviremos de los cambios en la aplicación de la ciencia y la técnica en el agro pampeano para periodizar etapas en su historia. Lo haremos, no sin antes advertir, siguiendo a Jürgen Habermas sobre los peligros que encierran la ciencia y la técnica en tanto ideología. Lo haremos no sin antes recordar, como enseño Alfredo Pucciarelli  que la renta de la tierra es una ficción nacida de una estafa que la burguesía de la primera hora se hace a si misma toda vez que opto por negociar con la nobleza en cambio de borrarla de la faz de la tierra.

Al principio fue la ganadería.

De mulas y caballos en la colonia

De vacas en la zona liberada de la colonia y negociada con Inglaterra, en la que Rosas, López y Urquiza, por ejemplo, se peleaban por el negocio.  Y en la zona no tenida en cuenta por la colonia donde Rosas se desesperaba por ganarle a Calfucurá tierras y vacas. Me atrevería a decir: vacas y tierras, mientras Sarmiento soñaba con la granja agrícola.

Luego de la conquista del desierto financiada por la Sociedad Rural Argentina  y posibilitada por dos grandes avances de la ciencia y la técnica (¿como ideología?): el telégrafo y el fusil a repetición y merced a la división internacional del trabajo nació el famoso modelo agro-exportador (palabra que la técnica informática –en tanto ideología pura que homologa el conocimiento y posibilita la instalación del pensamiento único no permite escribir sin separar) cuyo primer objetivo fue mejorar la calidad y aumentar la cantidad de vacas. A los gauchos, ex “campesinos y soldados” se los convirtió en peones de campo  y se trajo, para arar y sembrar, a los inmigrantes. Nació entonces el chacarero arrendatario y se convirtió en motor principal del mentado modelo.

El chacarero arrendatario formalizaba un contrato con un terrateniente según el cual podía hacer uso de una parcela para sembrar bajo determinadas condiciones y pagando una renta en especie.

De la injusticia de implícita en esos contratos y teniendo como detonante una situación de endeudamiento continuado debido a que en el año 1911 no había habido buenos rindes y en el año 1912 el maíz no tenía buen precio surgió el grito de Alcorta.

Con esa revuelta agraria, suerte de carta de presentación de ese principal actor de la agricultura pampeana,  se inicia una etapa de reclamos por leyes de arrendamiento que tendrá su primer éxito  a inicios de la década del 20 con la primera ley de arrendamientos producto del abrazo al Congreso de la Nación que detonado por las revueltas con epicentro en Firmat tuvo como protagonistas a cientos de chacareros de toda la región. La etapa de reclamos por mejores leyes de arrendamiento cierra en pleno estancamiento del negocio agropecuario en 1948-49 con la ley de arrendamientos y aparcerías rurales número 13246. Esta ley es, a su vez, el corolario de los esfuerzos de Perón por mejorar la vida en el agro, cruzada que el general había iniciadao desde la Secretaría de trabajo y Previsión con el estatuto del peón rural. 

El actor chacarero arrendatario  es arrancado de cuajo de los campos de la región pampeana en la década del 60 con el invento y aplicación de la revolución verde que diseño un paquete tecnológico innovador para la producción agropecuaria en un momento clave para la recuperación del negocio internacional de los granos y carnes. La herramienta legal para expulsar a los chacareros y dejar las tierras libres de ocupantes y en manos directas de los herederos de la otrora oligarquía quienes reconstituyeron rápido las unidades de explotación agropecuaria, fue la ley Raggio o de desalojo hecha por el ministro de agricultura de Onganía (sí, el que paseo por la Exposición Rural de Palermo en carroza) en 1966. En ese marco los descendientes de los chacareros pasaron a engrosar las filas de los peones rurales que lejos del estatuto (por otra parte muy poco aplicado aun en su tiempo de esplendor) volvieron, en su conjunto a ser la mano de obra de un trabajo que, mejor o peor remunerado, siempre fue a destajo. 

De allí en más todo fue revolución verde y una permanente renovación del paquete tecnológico que tuvo un salto grande en la incorporación de la soja como estrella central del agro-negocio argentino, y que fue presentado en sociedad con bombos y platillos como el campo en el conflicto que posibilito, por error, el primer gobierno de Cristina Fernández  en 2008.

Los peones rurales de hoy siguen a destajo

El pueblo, los pueblos,  no vive del campo. Los pobres de los pueblos, o sea “el pueblo” viven de lo que puedan ganar en cualquier trabajo, están cada vez más despojados de los recursos para una sobrevivencia rural, acuden a la asistencia pública que representan las intendencias y comunas. De allí que el tiempo en el agro pampeano es uno: el de una explotación capitalista incompleta.