Trabajo después de la pandemia

Por Paulo Menotti

Una pregunta que no deja de pasar por la cabeza de mujeres y hombres de nuestro presente es qué pasará con el trabajo una vez que termine la pandemia provocada por el Covid-19. Está claro que es imposible predecirlo al igual que la enfermedad que nos golpea, un año atrás, seis meses atrás a nadie se le hubiera ocurrido este escenario y, nadie tiene el diario del lunes que viene. Cualquier predicción es arriesgada e inútil pero está claro que hay escenarios que nos podemos imaginar de acuerdo a lo que vivimos o vivió la humanidad. No se debe perder de vista que la historia no es magistra vitae (maestra de vida) en el sentido que, tomando coyunturas o procesos históricos podemos armar un manual de cómo comportarnos en el futuro. Sin embargo, un ejercicio de reflexión nos podría plantear algunas alternativas. El primer ejemplo que se nos viene a la cabeza es el de la crisis de 1930 que golpeó de lleno a la estructura del capitalismo y requirió, para su recomposición, una reforma profunda. El ejemplo es válido porque el Crack de Wall Street castigó a la principal economía del mundo, Estados Unidos que tuvo, entre otras cosas unos 16 millones de desocupados. En estos días, ya suman más de 41 millones los desocupados en el país del norte y su presidente, Donald Trump festejó que el índice de desocupación no haya trepado al 13% y se haya frenado en un 9%, siendo que había partido del 4%. El célebre New Deal fue la salida a la crisis económica y, en pocas palabras eso significó la intervención del Estado en la economía al estilo norteamericano, con obra pública. ¿Cómo afectó la crisis del 30 a la Argentina? A pesar de haber incrementado sus exportaciones durante la década de 1920, la debacle del mercado mundial castigó a la economía nacional que estaba plenamente abierta. Un claro ejemplo es que el registró que anotó 300 barcos que exportaban e importaban desde el puerto rosarino antes de la crisis, contó durante los primeros años de la década del 30 apenas unas decenas. Cerca de 6.000 personas que trabajaban en ese sector rosarino, la cifra cayó a su décima parte. Se activaron ollas populares que daban de comer a 1.500 hombres. Se formaron caravanas de familias que acampaban en las afueras de las ciudades porque durante el día entraban a pedir limosnas. El Estado nacional garantizó la compra de productos locales para que los precios bajos no eliminen la producción con la Junta Nacional de Granos y la Junta Nacional de Carnes, entre otras. La Argentina, tras la crisis del 30 se quedó sin recursos para adquirir todo lo que antes importaba. Eso produjo la oportunidad de sustituir las importaciones con fabricación local. Eso, en lugar de la caída de la producción rural de materias primas, generó puestos de trabajo. Sin embargo, ese empleo fue mal remunerado y dio lugar a una larga lucha por los derechos de obreras y obreros. Tal vez, el futuro próximo venga de la mano de una reactivación que irá acompañada por una lucha por el reclamo de derechos laborales.